sábado, 30 de abril de 2016

Matar una discusión (6): pido detalles y no doy ninguno


Es sabido que twitter no es país para debates profundos, particularmente si una parte desdeña los datos y el método científico. A pesar de ello, de vez en cuando uno provoca o se mete en uno de ellos. Todo empeora si aparecen varios contertulios más y se hace imposible seguir ningún orden. Con todo, algo se aprende; por ejemplo, a detectar unas pautas en la manera extraña de razonar de algunos. Una constante suele ser la de pedir minuciosas respuestas a muchas preguntas y luego no contestar ninguna. Otra también recurrente es la preocupación por pillar en falso al oponente (¿ha dicho esto en vez de esto otro?) en lugar de aclarar si una afirmación sobre el tema de discusión es cierta o no. Aquí va un resumen de una larga lista de tuits.

Todo empieza con unos tuits en que informo de un curso de economía marxista en la Complutense, no como curiosidad histórica, sino como herramienta para analizar los problemas de la economía moderna. Lo comparo con estudiar Reiki e ironizo sobre cómo algunos entienden la actualización de la economía al retroceder 150 años. Aquí.
-Yo: 1/3 En la Complutense se ofrece un curso (con diploma y todo) sobre economía marxista, pero no como curiosidad histórica, no,... 
-Yo: 2/3 ... sino como actualización del análisis económico moderno para explicar la economía actual. http://www.economiacritica.net/?p=2497 
-Yo: 3/3 Si os queréis actualizar en economía retrocediendo siglo y medio, podéis tirar 600 euros en ese curso.
Me contestan algunos reivindicando el marxismo porque tiene cosas que ofrecer. Digo que el marxismo como teoría económica es incoherente y no explica la realidad. Se siguen lugares comunes que nada aportan a la cuestión (que si nadie lo hace, que si todo es ideología) hasta que me preguntan por eso de que es inconsistente. (Aquí):
-Interlocutor: Y @JL_Ferr ¿con qué "intentos fallidos" estás familiarizado? Gracias. 
-Yo: Desde Sraffa a los que me enseñaron algunos profes marxistas en la carrera en la asignatura de planificación (muy chapucera).
Este tuit recoge la inconsistencia de la teoría del valor trabajo, sin la cual la teoría de Marx se queda sin sustento y los intentos de hacer un sistema económico en el que no haya plusvalías, algo que Marx ni siquiera intentó, pero que tras él muchos sí lo intentaron. Con esto intentaba recoger las dos críticas a mi entender más directas a la teoría económica marxista. Para mi sorpresa, el debate continúa así. (Aquí):
-Interlocutor: No. Sraffa no intentó hacer una "teoría económica basada en Marx". 
-Yo: Empezó con la teoría del valor trabajo en que se basaba. No lo consiguió. No pasó de ahí.
Mi interlocutor prefiere que la discusión sea sobre qué quiso hacer Sraffa en lugar de sobre si su trabajo efectivamente muestra la incoherencia teórica del marxismo, que es de lo que se trata. Tras reconfortarse con argumentos de que Sraffa no quiso hacer eso, a pesar de que su trabajo lo implicara sigue:
-Interlocutor: Has mencionado "todas los intentos [de elaborar teorías económicas basadas en Marx] fueron fallidos" ¿cuáles son los otros? 
-Yo: También te he contestado. Añade los de la "Temporal single-system interpretation"
Añado algún intento moderno de mostrar algo de coherencia en la teoría marxista, intento que pasó sin pena ni gloria, pero tampoco agrada a mi interlocutor, que desdeña estos ejemplos como válidos:
-Interlocutor: Recapitulando: al parecer los "intentos fallidos" son Sraffa y "los de la TSSI" (incompatibles, el 1º era fisicalista, pero bueno) 
-Yo: Para recapitular sería + fácil si muestras dónde hay una teoría económica marxista coherente y q explique los datos de la realidad 
-Interlocutor: Sí, y en 140 caracteres. "Que explique los datos de la realidad", así, en plan concreto. 
-Interlocutor: Lo que me estás pidiendo es que te presente una teoría QUE TU COMPARTAS, cuando lo que yo digo es que no es necesario que la... 
-Interlocutor: ...compartas para que sea objeto de debate, que es lo que tú negabas en el primer twit.
Después de pedirme detalles, mi interlocutor no da ninguno. Vaya manera de matar una discusión. Por supuesto, hubo quien lo entendió al revés y creyó que era yo el que no contestaba cuando le pregunté a mi interlocutor sobre la coherencia de la teoría marxista, pero esas cosas ya ni sorprenden.

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Hace cinco años en el blog: El alemán inefable.
Hace tres años en el blog: Sobre el criterio de falsabilidad.
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lunes, 25 de abril de 2016

¿Sabemos lo que quiere el pueblo?


La irrupción de los nuevos partidos ha atraído una renovada atención por los sistemas de votaciones. En esta entrada voy a recordar un ejemplo que se deberíamos estudiar todos desde pequeñitos, antes de que nos dejen votar. Es muy sencillo e ilustra cómo no existe “lo que quiere el pueblo”, la antesala al concepto de que no existe un sistema de votación (o de agregación de preferencias) que tenga todas las propiedades que nos gustaría (ver aquí).

Pongamos que hay una sociedad con 100 personas divididas en seis partidos (PT, PU, PV, PX, PY y PZ). Deben elegir entre cinco propuestas distintas, pero cada grupo las ordena de mejor a peor según se indica en la tabla.

Partido (# personas)
PT (33)
PU (16)
PV (3)
PX (8)
PY (18)
PZ (22)

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---------
--------
--------
---------
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Ránking
A
B
C
C
D
E
B
D
D
E
E
C
C
C
B
B
C
B
D
E
A
D
B
D
E
A
E
A
A
A

Por ejemplo, las 100 personas pueden ser parlamentarios, los grupos, partidos políticos y las propuestas, candidatos a la presidencia.

¿Cuál es el candidato que debe ser elegido? Es pregunta trampa, no hay tal cosa como “el que debe ser elegido” (enunciado normativo) sin hacer referencia a una norma, y la norma puede ser una entre muchas, sin que ninguna de ellas sea claramente la más justa y mejor. Tomemos cinco posibles normas (sistemas de votación) y veamos quién gana si las personas votan sinceramente:

Regla de la pluralidad (mayoría relativa): Cada uno vota la propuesta preferida y la que más votos obtenga es la que sale elegida.

Gana A con 33 votos frente a los 16 de B, los 11 de C, los 18 de D y los 22 de E.

Recuento de Borda: Cada votante asigna cuatro puntos a su propuesta preferida y luego tres, dos, uno y cero a cada una de las siguientes según decrezcan sus preferencias. Gana la que más puntos tenga.

Gana B, que suma 33x1 + 16x4 + (3+8+22)x2 + 18x1 = 171 puntos, más que cualquier otro (p.e., A suma 33x4 + 3x1 = 136).

Método de Condorcet: Gana aquella propuesta que vence a cada una de las demás por separado. (No siempre hay un ganador de Condorcet).

Gana C: Cuando se enfrenta a A, C tiene 77 votos (y A el resto hasta 100). Frente a B, D, y E, la propuesta C tiene 51, 66 y 60, respectivamente.

Voto único transferible (segunda vuelta instantánea): Se vota una primera ronda, la propuesta con menos votos se elimina. Se vota una segunda vuelta entre las restantes, de nuevo se elimina la menos votada. Así hasta que solo queda una.

Gana D: En al primera ronda se elimina C. En la segunda ronda, de los 11 que votaron C, 3 votarán D y 8 votarán E (de ahí lo de transferible) y se eliminará B. En tercera ronda los 16 votos de B pasan a D y la cosa queda: A con 33, D con 37 y E con 30, con lo que se elimina E. Entre A y D gana D con 77 votos.

Doble vuelta: Los dos con más votos en una primera vuelta se enfrentan en segunda vuelta. Quien más votos tenga en la segunda vuelta, gana.

Gana E: En primera vuelta A y E quedan primero y segundo, respectivamente. En la segunda vuelta A obtiene 36 votos frente a los 64 de E.

Pues eso. ¿Qué quiere el pueblo?

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Hace cinco años en el blog: La economía de la discriminación (4).
Hace tres años en el blog: ¿Ha matado Excel a la estrella de la Troika?
Y también: La protección de los derechos de autor y el número de obras (2).
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miércoles, 20 de abril de 2016

Un artículo de Sánchez-Cuenca con pocos argumentos


El artículo de Sánchez-Cuenca de hoy en InfoLibre está muy mal argumentado. A pesar de ello ha gustado mucho, será porque suele importar más estar de acuerdo que pensar si lo estamos por las buenas razones. El autor señala los argumentos por los que el PSOE podría muy bien aceptar la propuesta de PSOE+Podemos+IU. Examinémoslos.
1. “Tan solo requiere la abstención de los partidos que defienden la independencia de Cataluña (basta con el voto afirmativo del PNV).”
Esto es cierto, pero es insuficiente. Por eso se molesta en dar los siguientes cinco.
2. “La abstención de estos partidos no genera obligación alguna para el PSOE.” “De hecho, la abstención se puede producir sin que el PSOE llegue a sentarse en una mesa negociadora con los partidos independentistas.”
Se olvida decir que para que algo así pase, tendría que conocerse que estos partidos se van a abstener, y hasta ahora no han dicho nada de eso, sino lo contrario, esgrimiendo el referéndum como línea roja. Es decir, que la condición necesaria para aplicar este argumento no se cumple. Adiós argumento dos.
3. “Que los independentistas se abstengan no desnaturaliza ideológicamente el posible pacto de Gobierno con Podemos.”
Igual que antes, no se cumple la premisa de que se abstienen sin haber negociado con ellos. Adiós argumento tres.
4. “El PSOE formó Gobierno en España en 2004 con el voto a favor de Esquerra.” “Esquerra, recuérdese, siempre ha defendido la independencia de Cataluña, no es cosa de ahora.”
Se olvida decir que cuando eso ocurrió ERC no estaba involucrada en un procés y en una campaña de reto y desobediencia al Estado. Esta diferencia es muy relevante para un partido que aspira a gobernar en toda España. Se olvida también de decir que tanto la asociación del PSOE de Zapatero con ERC como la del PSC en el tripartido son un ejemplo que estará en los manuales políticos sobre cómo no hacer pactos, debido a la excesiva dependencia del PSOE y a la inestabilidad que supusieron. Pero incluso si a Sánchez-Cuenca le gustaron esas experiencias, no tiene por qué ser esa la conclusión del PSOE de ahora (“como hice X en el pasado, está bien hacer X ahora, ¿qué clase de argumento es ese, sin valorar las consecuencias de esa acción?). Adiós argumento cuatro.
5. “Negándose en rotundo a establecer una relación política con los partidos independentistas, el PSOE se aproxima peligrosamente a las tesis del PP.”
Se sigue olvidando que aunque fueran independentistas no ponían la independencia, ni el referéndum, ni el procés sobre la mesa. El PSOE no se aproxima ni se aleja del PP por esto. Incluso si se aproximara, habría que argumentar por qué sería peligroso para el PSOE no contar con independentistas metidos en una desobediencia hacia el Estado. Calificar no es argumentar. Adiós argumento cinco.
6. “El PSOE … pretende aprobar una reforma constitucional que transforme España en un auténtico sistema federal.” “¿acaso piensa el PSOE que podrá hacerlo sin sentarse a hablar con los partidos independentistas?” “¿cómo puede entonces justificarse que el PSOE se niegue a formar un Gobierno de izquierdas con la abstención de los partidos independentistas?”
Parece que el argumento es que, como me voy a sentar mañana a negociar con ellos, hoy tendré que aceptar su abstención si me la dan. Estamos igual que arriba: no se da la premisa. Los independentistas catalanes no han declarado su voluntad de abstenerse sin nada a cambio, más bien han dicho lo contrario una y otra vez. Así las cosas, cualquier intento de juntar PSOE+Podemos+IU estará en el aire hasta que los independentistas se dignen a apoyarlo con la abstención. ¿De verdad alguien cree que se puede negociar así?

Finalmente, Sánchez-Cuenca se calla todavía más argumentos, como la tremenda inestabilidad de un gobierno que depende de demasiados partidos, demasiado pequeños y demasiado radicales. Si ERC, por ejemplo, retira su apoyo al gobierno, será algo muy costoso para el PSOE y seguramente poco costoso para ERC. La alternativa PSOE+Podemos+C’s implica a partidos más grandes y a los que se pedirá más responsabilidad en caso de retirar el apoyo a un gobierno. Se puede decir que, una vez lograda la investidura, el gobierno no depende tanto de estos partidos pequeños que le apoyaron, sino que podrá negociar a izquierda y derecha. Es posible, pero eso se hace mejor si la negociación comenzó en la investidura, y eso es exactamente lo que permitiría mejor el acuerdo PSOE+Podemos+C’s.

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Hace cinco años en el blog: La economía de la discriminación (3).
Y también: Hechos y valores.
Hace tres años en el blog: El bitcoin explicado sin tonterías.
Y también: La protección de los derechos de autor y el número de obras (1).
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lunes, 11 de abril de 2016

Lo confieso: tengo mi propia teoría sobre Las Meninas


Una reciente visita al Museo del Prado y su recurrente referencia en El Ministerio del Tiempo han hecho que vuelva a acordarme de Las Meninas y de los pensamientos que sobre el cuadro siempre he tenido.

En su interpretación aceptada Velázquez está pintando a los reyes Felipe IV y Mariana de Austria, que posan delante de él. La infanta Margarita, con sus sirvientes, están en el lugar como testigos. El cuadro presenta la escena desde el punto de vista de los reyes, que ven a las meninas y a Velázquez. Es el mismo punto de vista que el de quien mira el cuadro. Sobre la pared del fondo se ven a los reyes reflejados en un espejo, la única duda es si es el reflejo de su imagen real o de la pintada en el cuadro.

Así me lo debieron de explicar de pequeño, pero no lo entendí bien, sobre todo en lo que tocaba al espejo. Me quedé con la idea de que Velázquez no está pintando a los reyes, sino a las meninas, que al fin y al cabo es el cuadro que estamos viendo, y que lo hace observándolas reflejadas en un gran espejo que está delante de él y de las propias meninas, que así pueden posar durante horas entretenidas con su imagen. Por su parte, Velázquez puede pintarse a sí mismo disimulando su vanidad. El espectador está del otro lado del espejo contemplando la escena sin ser visto, a la vez dentro y fuera de ella, viendo exactamente lo que ve el pintor y, este es un detalle crucial que no encontramos en un cuadro normal, al mismo tiempo que él.

Esta interpretación me gusta mucho más que la canónica. No me molestan los reyes en el espejo, que fácilmente lo imagino un cuadro, ni que espejos tan grandes como el lienzo no se corresponden con la época, puesto que no se ve y basta con que sea evocado. Pequeños detalles frente a un poderoso juego de reflejos con el que Velázquez nos regala el cuadro más real: el espectador ve la escena, las meninas se ven en el espejo y Velázquez traslada todo lo anterior al cuadro, que es, cerrando el círculo, lo que ve el espectador.

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Hace cinco años en el blog: El País no se lee a sí mismo.
Hace tres años en el blog: Cuándo funciona bien la planificación.
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viernes, 8 de abril de 2016

Escépticos en el pub: Aquelarre en la Universidad

En nuestro Escépticos en el Pub de abril contaremos con Fernando Frías (@FerFrias), autor del blog “La lista de la vergüenza”, donde da cuenta de las titulaciones pseudocientíficas que imparten muchas universidades españolas. Sobre esa infiltración de la pseudociencia en universidades y otras instituciones tratará su charla, titulada “Aquelarre en la Universidad (y otros organismos públicos)”. Es un tema siempre interesante y ahora mismo está muy de actualidad por la cancelación del máster de homeopatía que impartía la Universidad de Barcelona. La presencia y difusión del pensamiento mágico en instituciones públicas es un hecho preocupante que debe combatirse, como de hecho lo hacemos desde las asociaciones escépticas.



ATENCIÓN: Por circunstancias ajenas a la organización, el inicio de esta sesión se adelantará media hora respecto a nuestro horario habitual. Empezaremos a las 18:30. Será, como siempre, en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32. La entrada es libre y gratuita (los menores deberán venir acompañados).

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Hace cinco años en el blog: Atrevida ignorancia.
Hace tres años en el blog: Halcones y palomas.
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martes, 5 de abril de 2016

Negociaciones formales frente a las informales (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


En el modelo de negociación descrito en la primera parte, los autores primero consideran el caso de polarización débil, que ocurre cuando el statu quo es preferido al punto de desacuerdo por todos los jugadores. En este caso el resultado del acuerdo coincidirá con las preferencias del jugador mediano, el Jugador 2. Para ver esto nótese que el Jugador 1, el que quiere disminuir el presupuesto, aceptará mantenerlo puesto que, de no aceptar una disminución menor que Y, el Jugador 2 siempre podrá acordar con el Jugador 3 un aumento menor que esa cantidad Y. Un argumento similar sirve para mostrar que el Jugador 3 también aceptará mantener el presupuesto.

El segundo caso es el de fuerte polarización. Esto ocurre cuando no hay ningún acuerdo entre el mejor punto para el Jugador 1 y el statu quo que sea preferido al punto de desacuerdo por los jugadores 1 y 2, porque uno de los dos debe ceder demasiado para atraer al otro. Lo mismo ocurre entre los jugadores 2 y 3. En este caso, el resultado será el punto de desacuerdo.

Finalmente, la polarización puede ser moderada. En este caso el punto de desacuerdo es preferido al statu quo para los jugadores 1 y 3, pero hay espacio para el acuerdo entre los jugadores 1 y 2 o entre los jugadores 2 y 3. En este caso no hay un equilibrio claro, puesto que para cualquier posible acuerdo siempre podemos encontrar que hay dos jugadores que preferirían cambiar a otro punto: considérese que los jugadores 2 y 3 llegan a un acuerdo que está a mitad de camino entre el statu quo (mantener el presupuesto) e incrementarlo en B euros, que es el punto preferido del Jugador 3 (es decir, el acuerdo es subirlo en X=B/2). Esta situación puede ser mejorada por los jugadores 1 y 2 eligiendo un punto más cercano al statu quo, pero con una disminución del presupuesto. Con polarización débil este proceso continuaría con acuerdos cada vez más cercanos al statu quo, pero con una polarización moderada los jugadores 1 y 3 preferirán el punto de desacuerdo antes que el statu quo, de manera que este no tiene por qué ser el resultado. Tampoco lo tiene por qué ser el punto de desacuerdo, puesto que, a partir de él, los jugadores 2 y 3 preferirán el punto X (o algún otro intermedio entre las posturas de ambos jugadores) al desacuerdo, algo que no ocurre en el caso de fuerte polarización, y de esta manera volvemos a empezar el círculo, siempre con dos jugadores dispuestos a votar en contra de cualquier acuerdo. 

En suma, una polarización débil mantiene el statu quo y una polarización fuerte lleva al desacuerdo, mientras que una polarización moderad puede resultar en cualquier cosa. En otras palabras, con un procedimiento formal de negociaciones, la polarización daña al jugador mediano. 

En cuanto al procedimiento informal, los autores eligen una situación en la que los jugadores pueden hacer cualquier oferta en cualquier momento a cualquiera de los otros jugadores. En estas circunstancias, y para cualquier polarización de las preferencias, cualquier resultado entre una reducción del presupuesto por la cantidad A y un aumento por la cantidad B pueden ser un equilibrio, como también lo puede ser el desacuerdo. 

Tras detallar la teoría, los autores la ponen a prueba en el laboratorio. De acuerdo con la predicción, en los experimentos el jugador mediano está significativamente peor con bajos niveles de polarización. Sin embargo, en contraste con el resultado teórico, más polarización perjudica al jugador mediano, incluso cuando la polarización es débil. Los resultados sugieren que esto se debe a consideraciones de equidad dentro de las coaliciones. Con el tiempo, la competición entre coaliciones parece atenuar tales consideraciones y el jugador mediano aprende a explotar su poder de negociación en su beneficio y así verse menos perjudicado por la polarización. 

El segundo y más importante resultado es que la formalidad importa. Teóricamente es difícil analizar los efectos de la formalidad, puesto que la negociación informal tiene como principal característica el imponer muy pocas restricciones estratégicas a los negociadores. El jugador mediano del experimento está significativamente mejor con un procedimiento informal sin reglas que delimiten los momentos para presentar o aceptar y rechazar ofertas. Los resultados del tratamiento informal son más a menudo el ideal del jugador mediano y significativamente menos un compromiso entre el jugador mediano y uno de los otros dos. Parece que el procedimiento informal da al jugador mediano más flexibilidad para explotar su mejor posición negociadora. El resultado confirma la observación casual de que los jugadores con mejor posición negociadora prefieren una menor regulación de las negociaciones a la vez que requiere el desarrollo de modelos de negociación que expliquen este hecho. 

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Hace cinco años en el blog: Prejuicios económicos (2).
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sábado, 2 de abril de 2016

Negociaciones formales frente a las informales (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.


Cuando compro en un mercado solo tengo que lidiar conmigo mismo, sin importarme si el mercado es competitivo o está en manos de un monopolio. El precio está dado y yo elijo cuánto comprar. En una subasta para conseguir un proyecto que el gobierno saca a licitación pública, cada empresa participante debe anticipar lo que las empresas rivales van a pujar, pero a no ser que se pongan de acuerdo ilegalmente en coludir no hablan entre ellas sobre el tema. Hay, sin embargo, muchas decisiones que deben tomarse tras una negociación entre unas pocas partes, como las decisiones para ponerse de acuerdo en el precio que pagar por un proyecto o para pasar una ley en el parlamento. En estos casos hay a menudo un espacio para el acuerdo en la forma de un precio a medio camino entre las aspiraciones máximas de comprador y vendedor, o de un compromiso sobre el alcance de la ley, y por eso es que firmamos contratos y aprobamos leyes votadas por coaliciones de diferentes partidos. Hay también espacio para una diversidad de preferencias sobre los posibles acuerdos, y por eso seguimos usando la expresión latina quid pro quo en estas situaciones.

Típicamente, la manera de estudiar los problemas de negociaciones es a través de un proceso de negociación bien definido. El problema es que hay muchos procedimientos entre los que elegir. Los jugadores pueden alternar ofertas y contraofertas de una manera pre-especificada o pueden hacerlo de manera aleatoria, los acuerdos pueden requerir unanimidad o algún tipo de mayoría, el procedimiento puede tener una ronda final, no tener un final definido o terminar con cierta probabilidad, o también el tamaño del pastel que repartir puede disminuir con el tiempo o permanecer fijo, solo por mostrar algunas posibles variaciones. Las buenas noticias son que aún así los modelos presentan ciertas regularidades. Por ejemplo, ser impaciente o mostrar aversión al riesgo hace perder poder de regateo, y el jugador que tenga la capacidad de hacer una última oferta del tipo “lo tomas o lo dejas” tendrá normalmente una posición ventajosa. Además, el no saber los beneficios y costes de los demás jugadores retrasará el momento del acuerdo.

En este contexto, de Groot et al. (2016) [1] introducen un elemento nuevo. Los autores estudian los efectos de tener un procedimiento de negociación informal frente a uno formal, y lo hacen de manera teórica y experimental. Primero consideran una situación en la que tres jugadores deben negociar el nivel de una variable. Por ejemplo, pueden ser partidos que deben ponerse de acuerdo en aumentar, disminuir o mantener el gasto dedicado a un programa gubernamental. Un único partido no puede tomar la decisión, pero cualquier coalición de dos puede hacerlo. Además, si no llegan a un acuerdo acabarán en un mal punto de desacuerdo (por ejemplo, el programa deberá desmantelarse, algo que ninguno quiere). Pare el Jugador 1 el mejor resultado es reducir el presupuesto por, digamos A euros, y a partir de ahí evalúa cada otro posible resultado según lo lejos que esté de esa reducción, tanto por exceso como por defecto. De manera similar, el Jugador 2 prefiere que no haya cambios en el presupuesto, mientras que el Jugador 3 prefiere un incremento en el presupuesto de B euros, y también estos jugadores evalúan los posibles resultados según la distancia a su política preferida.

Como procedimiento formal, los autores eligen un modelo de ofertas alternas, en concreto el usado en Baron y Ferejohn (1998) [2], y muestran cómo el resultado cambia dependiendo de la polarización de las preferencias de los jugadores. En cuanto al procedimiento informal, los autores eligen una situación en la que los jugadores pueden hacer cualquier oferta en cualquier momento a cualquiera de los otros jugadores. Veremos los resultados en la siguiente entrada.

Referencias:

[1] de Groot Ruiz, A.;  Ramer, R. y Schram, A. 2016. Formal versus informal legislative bargaining. Games and Economic Behavior 96, 1–17.

[2] Baron, D.P., y Ferejohn, J. 1989. Bargaining in legislatures. American Political Science Review 83, 1181–1206.

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Hace cinco años en el blog: Horarios.
Y también: Prejuicios económicos (1).
Hace tres años en el blog: Experimentos sobre equidad (1).
Y también: Experimentos sobre equidad (2).
Y también: Cómo ser escéptico de la economía en 15 lecciones.
Y también: Acabar una discusión con los papeles intercambiados.
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