sábado, 20 de mayo de 2017

Escépticos en el pub. Es Natural™, ¿no?


Un mes de mayo siempre es adecuado para hablar de plantas. Por eso para el EEEP de hoy hemos querido contar con un biólogo experto en plantas que, además, es un gran divulgador científico. Álvaro Bayón, nos ha hecho este resumen de lo que va a contarnos en la charla "Es Natural™, ¿no?":
«Bayas de Goji para limpiar el hígado. Infusión de Artemisia para la malaria. Garcinia kola, la nuez que cura el ébola. Stevia para la diabetes. Y, como todo el mundo sabe, oler limones previene el cáncer; y si ya lo tienes, come Kalanchoe y Guayaba, mil veces más potente que la quimioterapia. ¿O no? Las plantas medicinales se llevan usando desde tiempos inmemoriales, y en el mundo moderno, desde médicos hasta agricultores se dedican a dar conferencias difundiendo las bondades y milagros de esta hierba o aquel fruto. Y si la aspirina viene del sauce, ¿por qué no tomar directamente el sauce? Es Natural™, ¿no? 
Pero somos escépticos y vamos a reunirnos en un pub: será el momento perfecto para preguntarnos cuánto hay de verdad detrás de todo esto. Espero que podáis acompañarme en un viaje por la historia de la farmacología y que os adentréis conmigo en el interior de una planta, que podamos ver lo que es el principio activo y, finalmente, que podamos discernir cuánto hay de cierto y cuánto de mito en un tema tan antiguo y, a la vez, tan propio de nuestros días».
Álvaro Bayón Medrano (@VaryIngweion) es Licenciado en Biología y Máster en Valoración de Riesgos Naturales por la Universidad de León. Allí colaboró durante varios años en Botánica, en la investigación de varios aspectos científicos de las plantas medicinales e impartiendo clases de prácticas. Actualmente es contratado predoctoral en la Estación Biológica de Doñana (EBD – CSIC), donde realiza la tesis doctoral sobre invasiones biológicas para la Universidad de Sevilla.

Apasionado científico y divulgador, es el autor del blog de divulgación científica y escepticismo Curiosa Biología (@CuriosaBiologia). Es miembro de la ARP/SAPC, del Círculo Escéptico, de la APETP y colaborador en Naukas.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 a las 19:00.

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Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (2).
Hace tres años en el blog: El tamaño del ser humano en el Universo.
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jueves, 18 de mayo de 2017

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquí, aquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.

Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:

Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.
C es cooperar, D es no cooperar

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente  todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

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Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (1).
Hace tres años en el blog: Impuestos: las deducciones y el votar con los pies.
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sábado, 13 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Los autores explican así los resultados de estos experimentos:

Uno puede imaginar al menos tres posibles resultados ex-ante. Primero, tenemos la hipótesis nula de que el entorno no tiene efecto a la hora de adaptar el comportamiento a las distintas condiciones experimentales. Segundo, el elemento estratégico puede servir para exacerbar los errores al actualizar las estimaciones para el jugador más interesado en conocer el estado de la naturaleza, particularmente cuando las bolas extraídas favorecen su estado de la naturaleza preferido. Tercero, esta consideración adicional puede servir para mejorar los errores de actualización del jugador Par en la parte estratégica del experimento, tal vez porque esto le induce a prestar más atención a la tarea o tal vez porque el sesgo de confirmación le ayuda a contrarrestar otros sesgos en la toma de decisiones.

De hecho, encontramos que los jugadores en el papel Par son menos susceptibles de caer en el sesgo de confirmación. Encontramos un grado considerable de conservadurismo (infra-actualización) en ambos jugadores y en ambas condiciones; los individuos raramente actualizan lo suficiente según las extracciones observadas. Los individuos sí estiman alrededor del 50% en el caso sencillo en que se extraen un número igual de bolas blancas o negras. Sin embargo, encontramos que la creencia media está más cerca al 50% que lo que debería según la predicción bayesiana para cualquier otra combinación de extracciones; más aún, los resultados de nuestras regresiones indican que la tendencia a infra-actualizar es mayor para los jugadores Impar que para los Par.

Como es esperable que un individuo que sufre de sesgo de confirmación diera más peso que un bayesiano a una señal confirmatoria, se puede ver esta mejora como una simple consecuencia. Sin embargo, el efecto en la actualización ocurre tanto cuando el estado de la naturaleza preferido (que para los jugadores Par es que se extraigan más bolas blancas) es probable como cuando es improbable. Nuestra manera de entender la situación es que una persona que tiene interés en un estado de la naturaleza particular estará, si acaso, emocionalmente inclinada a dar menos peso a una señal desfavorable que confirme el estado no preferido; en este caso uno esperaría ver un sesgo de disconfirmación, o al menos un menor sesgo de confirmación. Esto sugiere que el efecto puede ser debido a factores tales como el aumento de la atención que se presta al problema de actualización de las probabilidades o el que se presta a la complejidad del entorno.

Un aspecto del experimento es el juego que los individuos juegan tras las actualizaciones. Una especificación alternativa daría directamente un pago a los jugadores. La razón de elegir un juego era forzar a que se preste más atención a los estados de la naturaleza (el tipo de urna). Los juegos son muy simples y, efectivamente, los jugadores juegan las estrategias de equilibrio la mayoría de las veces (alrededor de un 85% los jugadores Impar y un 90% los Par). Para analizar esta característica del diseño experimental, los autores llevan a cabo un experimento con una especificación alternativa, y encuentran que los jugadores Par parecen ser menos conservadores que cuando los estados finales se asocian con juegos. Sin embargo, estos jugadores Par se ven más afectados por el sesgo de confirmación que en la especificación no estratégica. Esto sugiere que las creencias motivadas por el hecho de que los estados finales sean juegos se traduce en menos sesgo de confirmación debido a la mayor atención prestada, mientras que el nivel de conservadurismo puede no variar.

Finalmente, se realizó otro experimento con distintos juegos finales para asegurarse de que no había nada especial con algún juego en particular que afectara el comportamiento de los jugadores. No se encontraron resultados distintos en estos casos.

Los autores concluyen: Tal vez sorprenda que un efecto tan fuerte en el comportamiento resulte de nuestra pequeña manipulación para motivar creencias. La única diferencia en nuestro diseño es que un grupo de jugadores tiene un pago de equilibrio ligeramente superior en un estado de la naturaleza en comparación con el otro, mientras que el otro grupo de jugadores no lo tiene. Aún así, parece que la gente presta más atención cuando les importa cuál es el estado de la naturaleza.

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Hace cinco años en el blog: El benefactor al rescate.
Hace tres años en el blog: Escépticos en el pub. El diseño inteligente ¡Vaya timo!
Y también: Antes de leer "El Capital en el Siglo 21".
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miércoles, 10 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance.


Esta entrada resume el artículo “Confirmation bias with motivated beliefs”, de Charness y Dave, publicado en Games and Economic Behavior en 2017 [1].

El sesgo de confirmación puede definirse como la tendencia a buscar, interpretar y usar las evidencias de una manera sesgada hacia la confirmación de creencias o hipótesis preexistentes. Esto constituye un error de juicio que limita la capacidad de aprender que tiene el individuo (Rabin y Schrag, 1999 [2]), induce un cambio en las creencias para justificar acciones pasadas (Yariv, 2005 [3]), y puede conducir a un incremento de la polarización de las creencias dentro de una población (Wilson, 2014 [4]). Las implicaciones para situaciones de la vida real son abundantes: un exceso de volatilidad y de inercia a la hora de comprar y vender en la bolsa de valores, la perpetuación de los estereotipos y la falta de acierto en los diagnósticos médicos, entre muchas otras.

Una cuestión importante es, por tanto, qué clase de entornos hace que los individuos integren la nueva información sin caer en el sesgo de confirmación. Para este fin, Charness y Dave llevan a cabo un experimento en el que el aprendizaje racional debería seguir una actualización bayesiana, miden el sesgo de confirmación como la distancia a la actualización bayesiana y comparan las diferentes medidas en distintos escenarios para poder sacar conclusiones.

El experimento es como se indica a continuación:
  • Hay dos urnas, la “más negra” (MN) contiene 7 bolas negras y 3 blancas, mientras que la “más blanca” (MB) tiene 3 negras y 7 blancas.
  • Se elige una urna de manera aleatoria. Si resulta ser la urna MN, los jugadores experimentales juegan el juego MN. Si se elige la urna MB, juegan el juego MB. Ambos son juegos simples. Si los jugadores juegan correctamente, el jugador Impar gana 20 puntos, mientras que el jugador Par gana 25 en el juego MN y 30 en el juego MB. Si un sujeto es Impar o Par se determinará por adelantado, y se comunicará al jugador.
  • Antes de conocer la información sobre qué urna ha sido elegida, se extrae de ella una bola, que se enseña a los jugadores y se vuelve a introducir en la urna. Este proceso se repite seis veces antes de mostrar el contenido de la urna. Después de cada extracción se pide a los jugadores que estimen la probabilidad de que la urna sea MN o MB. Las mejores estimaciones se recompensan con más puntos.
  • Los sujetos experimentales juegan este juego, cada vez con un oponente distinto y anónimo, diez veces.

En este experimento hay unas probabilidades repartidas al 50% cada una de que la urna sea de un tipo o de otro, y hay una única manera correcta de actualizar estas probabilidades tras cada extracción de una bola, siguiendo la fórmula de Bayes. Las desviaciones con respecto a estas actualizaciones ofrecen una medida de un posible sesgo de confirmación. Finalmente, los autores presentan la hipótesis de que, en comparación con los jugadores Par, los jugadores Impar deberían mostrar un sesgo de confirmación mayor, en el sentido de que no usarán la información ofrecida por el color de las bolas extraídas de manera eficiente para corregir su estimación sobre si la urna es MN o MB, y en cambio realizarán actualizaciones más cercanas a las predicciones a priori que las que deberían hacerse. De acuerdo con esta hipótesis, los jugadores Impar no están interesados en el tipo de urna, puesto que sus pagos no dependen de ello. Por el contrario, los pagos de los jugadores Par sí dependen del tipo de urna y tiene un mayor interés en prestar atención a las actualizaciones de las probabilidades.

(Continúa aquí).

Referencias

1. Charness, G, y Chetan, D. 2017. Confirmation bias with motivated beliefs. Games and Economic Behavior 104, 1-23.

2. Rabin, M., y Schrag, J.L. 1999. First impressions matter: a model of confirmatory bias. Quarterly Journal of Economics 114, 37–82.


4. Wilson, A., 2014. Bounded memory and biases in information processing. Econometrica 82:6, 2257–2294.

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Hace tres años en el blog: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (1).
Y también: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (2).
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viernes, 28 de abril de 2017

Índices de democracia

En una sesión del Seminario Interdisciplinar que llevamos entre tres profesores (de Filosofía, CC Políticas y Economía) se pidió a los alumnos que opinaran sobre dos índices de democracia, el de la revista The Economist y el de Freedom House. A los alumnos se les había puesto como tarea documentarse sobre ellos y preparar comentarios a las preguntas que se les planteó. Básicamente se les pedía que opinaran sobre lo que mide y cómo lo hace cada uno de los dos índices, que se resume a continuación.

Freedom House:

El índice se confecciona entre 100 analistas externos y externos y casi 30 asesores de la academia, think tanks y comunidades de defensa de los derechos humanos. La puntuación se discute y defiende con documentación sobre la situación en cada país.

Derechos políticos: Proceso electoral, pluralismo político y participación, funcionamiento del gobierno.

Libertades civiles: Libertad de expresión y de conciencia, derechos de asociación, imperio de la ley y autonomía personal y derechos individuales.


The Economist:

Se presentan respuestas a 60 preguntas realizadas por expertos y por encuestas en los países. Las preguntas se dividen en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. Entre las preguntas hay cuatro preguntas especialmente importantes:

Si las elecciones nacionales son (realmente) libres y justas.
La seguridad (personal) de los votantes.
La influencia de potencias extranjeras en el gobierno.
La capacidad (potencial) de un funcionario civil de implementar políticas.



Siguió un interesante debate, en el que se señalaba, por ejemplo, que el tipo de cuestiones que medía el índice de The Economist indicaba un sesgo ideológico más de derechas que el de Freedom House. A nadie pareció llamarle la atención que, en la práctica ambos índices clasificaran a los países entre más o menos democráticos casi de la misma manera, como se ve en los dos mapas de las figuras. Me he tomado la molestia de mirar los ránkings completos y calcular el índice de correlación entre ellos, que es de 0,95, un valor elevado que indica cómo ambos índices están midiendo más o menos lo mismo.

Otra manera de verlo es que, a falta de examinar la causalidad, la alta correlación sugiere que si uno prefiere las cosas que mide uno de los índices, automáticamente también estará prefiriendo en la práctica las que mide el otro, y viceversa. Y es que a menudo la empiria permite aligerar las discusiones apriorísticas que tanto nos gustan a los seres humanos.

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Hace cinco años en el blog: ¿Existe el problema de la inducción?
Y también: El tercer paso alemán.
Hace tres años en el blog: El ser egoísta.
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viernes, 21 de abril de 2017

Escépticos en el pub: Los límites de la educación

Este mes de abril nuestro Escépticos en el Pub tendrá lugar el sábado 22, pasados los días festivos. En esta recta final de la temporada traemos un tema tan interesante como preocupante: la pseudociencia que se cuela en la educación de niños y jóvenes. Con el título de Los límites de la educación, Sergio Gil Abán, educador social, nos explica que hablará: “de todas las pseudociencias y aseveraciones pseudocientíficas que me he ido encontrando a lo largo de mi desempeño profesional, desde que entré a estudiar Magisterio en el año 2000 hasta la actualidad. Es una visión cronológica de cómo un escéptico va viendo las modas que surgen, se desarrollan y desaparecen a lo largo de los años, mientras uno se sigue preguntando cómo es posible que, entre tanta basura intelectual, seamos capaces de distinguir lo que tiene sentido de lo que no lo tiene y seguir adelante. Y lo más importante: ¿se puede hacer algo para arreglar esto?”


Sergio Gil Abán (@SergioGilAban), nacido en Zaragoza hace 42 años, estudió la diplomatura de Maestro de Educación Primaria en la Universidad de Zaragoza y el grado de Educación Social en la UNED. Lleva 15 años trabajando con jóvenes en riesgo de exclusión social, 13 de ellos en el reformatorio de Zaragoza, como educador. Además, organiza charlas, cursos y ponencias sobre temas educativos y sociales, y organiza y gestiona Escuelas de Familia para las Asociaciones de Padres de Alumnos en colegios de Primaria e institutos de Secundaria en la misma ciudad. Es miembro del Consejo Asesor de ARP-SAPC.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 el sábado 22 de abril a las 19:00.

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Hace cinco años en el blog: La legalización de las drogas.
Y también: Suicidio de parados en Italia.
Y también: Argumentos circulares.
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jueves, 13 de abril de 2017

Las mujeres aceptan realizar más tareas no valoradas para promocionar. ¿Por qué? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


En el tercer experimento, los autores extienden su diseño para incluir un solicitante que, tras ver las fotografías de los tres miembros del grupo, debe pedir a uno de ellos que realice la inversión, y que recibirá 1$ si nadie invierte y 2$ si algún miembro del grupo invierte. Para este propósito, los sujetos fueron asignados en grupos de cuatro, y se les dijo que uno de ellos sería designado como solicitante, mientras que los otros tres participarían como en el experimento primero, tras escuchar la solicitud. Para recoger el mayor número de datos posibles, a los miembros del grupo se les pidió que escribieran a quién de los otros tres le pedirían que hiciera la inversión en caso de ser elegido como solicitante. Los miembros del grupo podían seguir o no la sugerencia del solicitante, y el sistema de pagos se estableció como en el experimento primero.

En esta ocasión los grupos consiguieron que hubiera una inversión el 93,3% de las veces, sustancialmente más que más que en ausencia de un solicitante. Más aún, las inversiones se realizaron con más rapidez en cada sesión. Recuérdese que los sujetos jugaban en 10 rondas, de manera que la media de solicitudes por participante es también 10. Sin embargo, la media y la mediana del número de solicitudes recibidas por los hombres fue de 8,7 y 9, respectivamente, mientras que para las mujeres fue de 11,1 y 12. La diferencia es estadísticamente significativa y consistente con la hipótesis de que los participantes tienen la creencia de que las mujeres elegirán invertir con una probabilidad más alta que los hombres. En términos de probabilidades, los números se traducen en un 39% de probabilidad de que se solicite invertir a una mujer y un 27% de probabilidad de solicitárselo a un hombre. Las diferencias se confirman cuando los autores controlan por otras características observables. Además, los números no cambian demasiado cuando quien solicita es un hombre o una mujer. Finalmente, los participantes a quienes se les pide invertir, lo hacen el 65,5% de las veces, mientras que aquellos a quienes no se les pide, invierten solo un 14% de las veces. La respuesta a la solicitud varía con el sexo, con una proporción del 51% para los hombres y un 76% para las mujeres.

El cuarto experimento explora el papel de las creencias. Los sujetos experimentales participaron en una versión del experimento uno, pero con solo cinco rondas, en la cual se les pedía que predijeran los resultados del experimento primero. Los resultados de esta versión más corta fueron similares a los del experimento primero. Antes de preguntar por la predicción del comportamiento del otro grupo, se dio la información de las características de sus miembros, incluyendo edad, sexo, años de escolarización, si eran naturales de los EE.UU. o extranjeros, y también su tipo de estudios. Se les pidió que hicieran las predicciones en términos probabilísticos y, dependiendo de lo acertado de la predicción, los participantes ganaban entre 1$ y 2$. El resultado del experimento mostró que, si bien los participantes anticiparon correctamente la dirección de la diferencia por sexos en las inversiones, infraestimaron la magnitud de la diferencia, dando una media de 2,3 puntos porcentuales de diferencia en lugar de la real de 11,2 puntos.

La creencia de que las mujeres invierten más es consistente con el experimento primero, pero no con el segundo. Se realizó un quinto experimento para ver si los individuos son más altruistas hacia alguno de los dos sexos. Los detalles de este último experimento son más complicados, pero los resultados son claros y simples: no hay tales diferencias.

La principal conclusión de esta serie de experimentos es que la brecha entre sexos no se debe a las preferencias particulares, sino a la creencia de que las mujeres se ofrecen voluntarias en mayor medida que los hombres. En particular, estas creencias hacen que las mujeres terminen invirtiendo más, los hombres menos, y ambos sean más propensos a pedir a las mujeres que se presten voluntarias.

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Hace cinco años en el blog: Cosas de Savater.
Hace tres años en el blog:  Fue del endecasílabo su día.
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