sábado, 18 de noviembre de 2017

Escépticos en el pub: ¿Por qué lo llaman preliminares cuando quieren decir sexo?

Para calentar un poco el frío mes de noviembre vamos a derribar unos cuantos mitos sobre sexualidad. Y lo haremos de la mano de Laura Morán (@veneciana1981), psicóloga y sexóloga. Será el sábado 18 de noviembre pero, atención, un poco antes de nuestro horario habitual: empezaremos a las 18:30.

En esta charla, titulada “¿Por qué lo llaman preliminares cuando quieren decir sexo?”, Laura nos anuncia que “desmontará a conciencia varios mitos que perjudican no solo a nuestra comprensión de la sexualidad sino la forma que podamos tener de vivenciarla. Desde los ‘diferentes tipos de orgasmo’ hasta la ‘viagra femenina’, pasando por la importancia del ‘tamaño’, los errores de percepción van cayendo uno a uno bajo la luz de la ciencia, la experiencia clínica y el sentido del humor.”


Laura Morán es psicóloga por vocación, sexóloga y terapeuta familiar y de pareja por convicción. Tras licenciarse en Psicología en la Universidad de Deusto, se especializó en Terapia Familiar y de Pareja. Posteriormente se ha formado en Sexología al comprobar en su práctica profesional la cantidad de dificultades individuales y de pareja que tienen que ver con la sexualidad humana. Ejerce la psicoterapia con adolescentes, adultos, parejas y familias, a la vez que divulga e imparte talleres de diversas temáticas. Además tiene el blog http://lauramoranpsicologa.es.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 el sábado 18 de noviembre a las 18:30.

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Hace tres años en el blog: Matar una discusión (2). Comparo lo que me da la gana.
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miércoles, 15 de noviembre de 2017

Cursos online frente a cursos presenciales. ¿Cuáles son mejores? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de septiembre en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Lo siguiente que hacen los autores es comprobar la robustez de su modelo. Para ello repiten el análisis usando diferentes especificaciones. Por ejemplo, reemplazan las especificaciones lineales de la distancia por unas cuadráticas e incluso cúbicas y comprueban que obtienen resultados similares. También replican el análisis tomando subgrupos de estudiantes de acuerdo a la distancia que viajan hasta el campus y no pueden rechazar la hipótesis nula de que las estimaciones a diferentes distancias sean iguales. Cuatro comprobaciones adicionales sobre la robustez tampoco conducen a ninguna alteración de los principales resultados.
Finalmente, los autores completan el análisis introduciendo más variables de control para ver cómo varían los resultados según las características particulares de los alumnos y de los cursos que toman. De esta manera encuentran cuatro resultados principales:
  • La caída de las calificaciones tras tomar un curso online es alta para estudiantes con una media por debajo de la mediana (con una reducción de 0,5 puntos o más). Sin embargo, para estudiantes con una media en cursos anteriores en los tres primeros deciles, el efecto no es significativamente distinto de cero.
  • Los efectos negativos de los cursos online son algo mayores para los estudios relacionados con la salud en comparación con estudios en negocios o relacionados con la informática.
  • Para los estudiantes que toman cursos obligatorios (cerca de la mitad de la muestra), los efectos en las notas son algo mayores y los efectos en la matrícula posterior son menores.
  • Los autores comparan también los efectos de tomar un curso online en los cursos introductorios e intermedios frente a los avanzados. El efecto negativo se da en los dos niveles.
Es importante también señalar qué no hace este estudio. Primero, no dice nada acerca de los cursos online masivos (MOOCs), puesto que los datos usados son sobre cursos online que son sustitutos de cursos regulares, donde el tamaño del grupo y la matrícula son iguales que en la sección presencial del mismo curso. Segundo, los datos no tienen suficiente información para estudiar el mecanismo subyacente que lleva a peores resultados tras tomar un curso online. Por supuesto, uno puede encontrar varias hipótesis en la literatura, pero el estudio descrito no permite discriminar entre ellas. Finalmente, los resultados no ofrecen un análisis de bienestar completo. Incluso si los cursos online llevan a peores resultados, eso no impide que puedan ser una opción sensata si es menos costosa para el alumno. Incluso si el precio de la matrícula es el mismo, la conveniencia del curso online puede dar al estudiante una oportunidad que el curso presencial no ofrece.

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Hace tres años en el blog: Los mitos de la razón. La Mano Invisible.
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lunes, 13 de noviembre de 2017

Cursos online frente a cursos presenciales. ¿Cuáles son mejores? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de septiembre en Mapping Ignorance.


Los cursos online se están expandiendo rápidamente. Pueden llegar a más estudiantes y pueden reducir drásticamente los costes de enseñanza. Son, pues, una opción atractiva tanto para estudiantes como para los centros educativos. Siendo un desarrollo reciente, todavía hay poca investigación para evaluar su impacto. Un primer grupo de estudios usa el método de asignar estudiantes de manera aleatoria a una sección online o a una presencial de un mismo curso, y encuentra efectos negativos o nulos en las pruebas académicas cuando se había tomado el curso online (Figlio et al., 2013 [1]; Alpert et al., 2016 [2] y Joyce et al., 2015 [3], Bowen et al., 2016 [4]. Un segundo grupo de estudios examinaba estudios de grado de dos años (en community colleges), donde los estudiantes tomaban diversos cursos online y presenciales. De nuevo, los efectos estimados de los cursos online son negativos (Xu y Jaggars (2013, 2014) [5], [6], y Streich (2014) [7].

Bettinger et al. (2917) [8] resumen el estado de la cuestión relativa a los estudios sobre el rendimiento académico tras tomar uno u otro tipo de cursos, y a continuación desarrollan su propio estudio con datos más amplios. Estos autores usan datos de una universidad privada muy grande donde el estudiante medio toma dos terceras partes de sus cursos de manera online, y que tiene 100 campus físicos. Lo que hace este caso interesante es que cada curso se ofrece de manera online y presencial. Ambas secciones son idénticas en muchos aspectos: ambas siguen el mismo programa y el mismo texto; las clases son de aproximadamente el mismo tamaño; en ambas se realizan las mismas tareas, pruebas, exámenes y tienen el mismo sistema de evaluación. La única diferencia es el modo de comunicación, que en la sección online ofrece vídeos estandarizados que reemplazan al profesor de la sección presencial.

Los autores quieren estimar si tomar un curso online reduce el éxito del estudiante. En un estudio de este tipo hay que resolver varias dificultades. Una de las más importantes es que la correlación entre la elección del tipo de curso y el éxito del estudiante puede ser directa (la elección causa el éxito), inversa (los estudiantes exitosos tienden a tomar cierto tipo de cursos) o espuria (la elección de curso y el éxito están ambos causados por un tercer factor omitido). Para enfrentarse a este problema, los económetras típicamente emplean el enfoque de variables instrumentales. En el trabajo, los autores usan dos variables de ese tipo. Una se construye con los cambios entre semestre y semestre en la oferta de cursos online, aprovechando que en algunos semestres el curso online no se ofrece, mientras que el presencial sí se ofrece. La idea es que si la oferta de los cursos presenciales está correlacionada con el éxito del estudiante, esto es una indicación de causalidad directa (p.e.: la disponibilidad de más cursos presenciales implica que se tomen más y que el alumno tenga mejores resultados), puesto que sería difícil justificar la causalidad inversa o la correlación espuria (¿mejores resultados por parte de los estudiantes pueden implicar una mayor oferta de cursos presenciales?). La variable instrumental es, por así decirlo, un instrumento de causalidad que tiene más sentido en una dirección que en la otra. La otra variable instrumental es la distancia que el alumno debe viajar para atender un curso presencial en el campus local. La interacción entre las dos variables permite a los autores tener un grado de confianza mayor a la hora de interpretar causalidades en los datos. En sus propias palabras, la razón es que (i) cualquier otro mecanismo a través del cual la distancia al campus afecta el resultado académico es constante a lo largo de los semestres con y sin la opción presencial; y (ii) cualquier otro mecanismo que cause una diferencia en los resultados entre los semestres con y sin opción presencial afecta a los estudiantes de manera homogénea respecto a la distancia al campus.

El análisis de regresión que usa las variables instrumentales así descritas muestra los siguientes resultados:

  • Tomar un curso online, en lugar de presencial, reduce los resultados del alumno y su progreso en el centro educativo. Más específicamente, el efecto estimado es de un descenso de la nota media de 0.44 puntos en el curso, que es equivalente a un descenso de un tercio de la desviación estándar. Además, reduce la media total del alumno durante el curso siguiente una media de 0,15 puntos.
  • Desde el momento en que las notas reflejan, aunque sea de manera parcial, el aprendizaje real, se esperaría que el efecto fuera mayor en los cursos siguientes y más todavía en los cursos que tienen el primer curso como un prerrequisito. Los autores, de nuevo, encuentran que este es ciertamente el caso. Este resultado no solo es importante por sí mismo, sino como razón adicional para sospechar que las diferencias entre las notas de los cursos online son debidas al menor aprendizaje y no a diferencias en el modo de calificar.
  • El peor resultado inducido por los cursos online se refleja también en la matrícula del centro. Tras tomar un curso online, y no presencial, un estudiante medio incrementa en 9 puntos porcentuales su probabilidad de abandonar los estudios el semestre siguiente, aunque la reducción a un año vista no cambia. Además, los estudiantes que sí se matriculan lo hacen de menos cursos.
Referencias:

1. Figlio, D.; Rush, M., y Yin, L. 2013. Is it live or is it internet? Experimental estimates of the effects of online instruction on student learning. Journal of Labor Economics 31 (4), 763–84.

2. Alpert, W.T.; Couch, K.A., y Harmon O.R. 2016. A randomized assessment of online learning. American Economic Review 106 (5), 378–82.

3. Joyce, T.J.; Crockett, S.; Jaeger, D.A.; Altindag, O., y O’Connell S.D. 2015. Does classroom time matter? Economics of Education Review 46, 64–77.

4. Bowen, W.G.; Chingos, M.M.; Lack, K.A., y Nygren, T.I. 2014. Interactive learning online at public universities: Evidence from a six-campus randomized trial. Journal of Policy Analysis and Management 33 (1), 94–111.

5. Xu, D., y Smith Jaggars, S. 2013. The impact of online learning on students’ course outcomes: Evidence from a large community and technical college system. Economics of Education Review 37, 46–57.

6. Xu, D., y Smith Jaggars, S. 2014. Performance gaps between online and face-to-face courses: Differences across types of students and academic subject areas. Journal of Higher Education 85 (5), 633–59.

7. Streich, F.E. 2014. Education in Community Colleges: Access, School Success, and Labor-Market Outcomes. Chapter 2. PhD diss., University of Michigan. https://deepblue.lib. umich.edu/bitstream/handle/2027.42/108944/fstreich_1.pdf (accessed June 30, 2017).

8. Bettinger, E.P.; Fox, L.; Loeb, S., y Taylor, E.S. 2017. Virtual classrooms: How online college courses affect student success. American Economic Review 107(9), 2855–2875.

(Continúa aquí.)

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Hace cinco años en el blog: Cuánto dura un día
Y también: Dos historias de éxito y una de quién sabe.
Hace tres años en el blog: Mercados de agua (1).
Y también: Mercados de agua (2).
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sábado, 4 de noviembre de 2017

Por qué opino tanto sobre el procés


Desde que comento sobre Catalunya en las redes (mi blog, twitter y Facebook) me han preguntado por qué lo hago con tanta contundencia. Los que me conocen saben que siendo vasco y gallego siempre he simpatizado con la revitalización de las lenguas minoritarias, he defendido el autogobierno e incluso la posibilidad de independencia si hay una mayoría suficiente a favor, he admirado la manera en que los catalanes defendían su lengua y cultura, y también que he coqueteado con posiciones radicales en mis años mozos. ¿Cómo una persona así ha sido tan crítica con el procés? Voy a exponer mis razones.

En primer lugar, porque no teniendo mayoría el procés estaba deslegitimado desde el principio. Incluso si se argumenta la mayoría para el referéndum, que no para la independencia, no se puede exigir ese referéndum cuando no hay una realidad objetiva de que sea necesario. Es decir, sin haber una mayoría amplia de deseo de independencia, ¿qué sentido tiene pedir al conjunto de españoles cambiar la Constitución, con todo lo que eso significa, para permitirlo?

En segundo lugar, porque el procés estaba muy mal diseñado también desde el principio. La estrategia decidida desde el comienzo sobre cómo dirigirlo fue “llegar hasta el final”. Al parecer, esto contentó a políticos y a asesores, que contagiaron su determinación al resto de la población que acabó apoyándolo. Como economista que algo sabe de Teoría de Juegos esto siempre me pareció absurdo, y no comprendo cómo colegas míos catalanes, también conocedores de la Teoría de Juegos, dejaron de lado todo análisis objetivo para dejarse llevar por los sentimientos a la hora de hacer previsiones (aquí hablé de ello). La estrategia de llegar hasta el final solo puede funcionar en dos circunstancias: o bien el final es favorable o bien hay garantías de que no se llegará a él. Ninguna de las dos cosas ha sido cierta ni probable en ningún momento. En un juego del gallina la parte débil tiene todas las de perder, no las de ganar. Lo hemos visto recientemente en las negociaciones del gobierno de Tsipras con la Troika y después en las del Brexit. La incertidumbre de una independencia, incluso en el caso más favorable, siempre jugará en contra de la economía. Las pretensiones de que empezar un país de cero permitiría diseñarlo como una república ejemplar eran también ensoñaciones. El país no empezaría de cero, sino que mantendría la misma clase política y dirigente que ha gobernado Catalunya con sus más y sus menos desde 1977, y la mantendría con menos competencia, por lo que camparía más a sus anchas.

En tercer lugar, porque aunque en el párrafo anterior he dicho que no comprendo cómo se deja la razón por el sentimiento, en realidad sí lo comprendo. Lo he visto y vivido durante demasiado tiempo en el País Vasco y es algo que no le deseo a nadie. Uno empieza buscando argumentos para justificar ciertas expresiones de su sentimiento y acaba defendiendo cualquier cosa que parezca beneficiarlo. Todos hemos visto cómo gente en principio sensata ha acabado aireando opiniones de gente como Otegi o Assange, o aceptando el beneplácito de políticos interesados en la división de Europa, o buscando solo razones para defender su postura sin ningún critica a la postura de “los suyos” y criticando toda postura de los “otros”, o creyendo que una declaración de un político extranjero es un inminente reconocimiento de la independencia, o acabando por llamar fascista a casi cualquiera que no esté de acuerdo con el procés.

En cuarto lugar, porque la polarización implicada por el punto anterior hará más difícil la convivencia en Catalunya. Espero y deseo que dentro de veinte años los catalanes no tengan que leer un libro parecido a Patria, que muchos vascos ahora leemos con cierta vergüenza y preguntándonos cómo pudimos permitir ese fraccionamiento de la sociedad. Afortunadamente, estos años del procés son pocos y durante ellos no ha habido terrorismo, lo que debería permitir restaurar la convivencia más fácilmente. Los independentistas deben darse cuenta que no pueden ser el pensamiento hegemónico de una sociedad plural. La mayor facilidad para movilizarse y conseguir que el discurso independentista sea más oído o sea tenido por el normal en según qué conversaciones, no es argumento para que deba ser así. No puede ser que un no independentista no se atreva a expresar su opinión en un grupo de amigos, colegas o claustro de profesores por temor a ser mal visto.

En quinto lugar, porque Catalunya ni está oprimida ni agraviada por el resto de España. No lo está en comparación con otras CCAA españolas ni en comparación con otras regiones de otros países. El tema de las balanzas fiscales y la inconstitucionalidad de algunos artículos (pocos) del Estatut que tuvieron que modificarse difícilmente justifican una rebelión. Los distintos gobiernos centrales han estado negociando y llegando a acuerdos con los distintos gobiernos y partidos catalanes desde 1977. El que las negociaciones se estanquen durante algunos años son gajes del oficio. Los dirigentes del procés han usado esos argumentos de manera torticera. Al final, lo único que hay es un deseo de ser independientes por parte de estos dirigentes. Los agravios se inventan o exageran según sean necesarios para la propaganda, incluido el “no nos entienden”.

En sexto lugar, y sin ánimo de ser exhaustivo, porque el procés ha dañado mucho la posibilidad de hacer las cosas de otra manera. Siempre he defendido, por ejemplo, la conveniencia de que todos los niños de España reciban en algún momento un cierto acercamiento a todas sus lenguas (aquí). No digo que las aprendan, sino que sepan unas pocas cosas de ellas: cómo saludar, cómo pronunciar más o menos sus nombres, contar hasta diez, leer algunas poesías fáciles y aceptar como propias las canciones y la cultura no expresadas en castellano, por ejemplo. Esto permitiría que, a su vez, en los medios de comunicación, estas manifestaciones culturales tuvieran algo más de cobertura. Negociar que puedan pasar estas cosas está ahora un poco más difícil por culpa del procés.

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Hace cinco años en el blog: Los mercados financieros y los juegos de suma cero.
Y también: La verosimilitud de las teorías.
Hace tres años en el blog: ¿Quién conduce el gobierno?
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viernes, 27 de octubre de 2017

Escépticos en el pub de Santiago: Economía y pseudociencia.

Esta tarde estaré dando una charla sobre "Economía y Pseudociencia" en Santiago. Este es el anuncio. Está en gallego. Como se entiende bien, la dejo así. Nos vemos.


Xa temos preparada a charla de outubro! Este mes falaremos de economía. De catro aspectos que distorsionan, por dicilo mainamente, a realidade da investigación económica. Un é o xeito en que calquera discurso aparentemente coherente pasa a ser crido sen crítica por unha banda da sociedade por motivos seguramente ideolóxicos. O segundo aspecto refírese á toma de decisións de políticas económicas polos poderes públicos que non se basean en evidencias ou que son directamente contrarias a elas. En terceiro lugar falaremos da metodoloxía científica que hai detrás da economía académica e da que carecen as ideas económicas que non teñen cabida nela. Ao fin ofreceranse algunhas aclaracións sobre onde atopar a ideoloxía na economía.

O noso relator será José Luis Ferreira. É profesor titular no Departamento de Economía e director do Master en Economía da Universidade Carlos III de Madrid. Despois de estudar na Euskal-Herriko Unibertsitatea doutorouse na Northwestern University e, tras pasar pola University of Pennsylvania, finalmente ficou na Carlos III. As súas áreas de investigación inclúen a teoría de xogos, a organización industrial, a economía experimental e a metodoloxía da economía. Adoita publicar en revistas académicas de prestixio como o Journal of Economic Theory ou Games and Economic Behavior. Recentemente publicou un libro titulado Economía y Pseudociencia. É editor e colaborador do blog colectivo sobre Economía Nada es Gratis, participa no proxecto de divulgación científica Mapping Ignorancee mantén un blog persoal (Todo lo que sea verdad) onde fala cumpridamente de economía, método científico, filosofía e política desde a perspectiva dun economista.

O venres 27 de outubro ás 21:00 no Airas Nunes Café de Compostela. Vémonos!

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Hace cinco años en el blog: Pedir perdón a la española.
Hace tres años en el blog: Matar una discusión (1). A mí me gusta así.
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martes, 24 de octubre de 2017

Tipologías no exhaustivas de independentistas y de españolistas

Hace unos días tuití sobre tipos de independentistas y de españolistas. Recojo los tuits en esta entrada.


De independentistas:

1/10 El independentista que lo es porque no le dejan votar que no es independentista.

2/10 El independentista que se asombra de que muchos votantes del Brexit no supieran en lo que se metían.

3/10 El independentista que quiere que CAT sea miembro de la UE quedándose fuera de ella.

4/10 El independentista que cree que la salida de las sedes de empresas es señal de que la independencia está cerca.

5/10 El independentista que cree que la salida de las sedes de empresas no importa nada (a menudo es el mismo que el anterior).

6/10 El independentista que cree que la UE aceptará una secesión de un país miembro igual que la de uno no miembro que políticamente es rival.

7/10 El independentista que canta “no creiem en les fronteres”, pero llama buitres a los no independentistas.

8/10 El independentista que cree que los millones de españoles que visitan Catalunya, en realidad, le tienen manía.

9/10 El independentista que no se ha leído el Estatut. 

10/10 El independentista que cree que querer es poder.



De españolistas:

1/10 El españolista que cree que la patria está en peligro.

2/10 El españolista que cree que al viajar por las Españas debe hacerse una burbuja de castellano a su alrededor.

3/10 El españolista que cree que la patria con sangre entra.

4/10 El españolista que piensa que una sevillana es más española que una sardana.

5/10 El españolista que no hace lo posible por no saber cómo pronunciar Txomin o cómo decir “buenos días” en gallego.

6/10 El españolista que cree que hay españoles que son más españoles y otros que lo son menos.

7/10 El españolista que cree que ser español implica el deber de sentirse español.

8/10 El españolista que quiere boicotear a una parte de España. (A menudo es el mismo de antes).

9/10 El españolista que no se ha leído la Constitución.

10/10 El españolista que cree que poder es querer.

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Hace cinco años en el blog: El Nobel de Economía. Nada de mercados sacrosantos.
Y también: Buenos argumentos sobre la circuncisión.
Hace tres años en el blog: Tú no eres simio.
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martes, 17 de octubre de 2017

Dos vías para la independencia


Hay básicamente dos maneras de que Catalunya (o Euskadi) consiga la independencia. Por la fuerza o a partir de un acuerdo con España. Habrá posibilidades intermedias, pero para el análisis que sigue esto no cambia el asunto.

Independencia por la fuerza

Si Catalunya consigue una independencia de facto, con el tiempo (mucho o poco) llegarán, si no reconocimientos internacionales, por lo menos acuerdos que permitan que Catalunya no esté estrangulada económicamente. Todo dependerá de cómo haya sido esa independencia por la fuerza y de cuánto apoyo interno crean los distintos países que esa independencia ha tenido. En cualquier caso, todo pasa por que Catalunya adquiera esa independencia de facto. ¿Puede hacerlo? No lo creo. No tiene fuerza para ello. Si no pudo organizar un referéndum, menos podrá mantener una independencia que requiere control del territorio y una hacienda propia. Sé que hay independentistas dispuestos a asegurar que ambas cosas son posibles. Por qué algunos creen que para ser independentistas hay que ser ilusos es algo digno de estudio. Otros, con más rigor, entienden que esto no es posible a día de hoy. (Por ejemplo, Mas Colell, dice esto mismo.)

Independencia tras un acuerdo

El acuerdo debe ser con el resto de España, obviamente, su gobierno y sus gentes. Debe haber un acuerdo para que la secesión sea posible y para la realización de un referéndum por la independencia. Eso requiere amplias mayorías parlamentarias y una mayoría de votantes que apruebe una reforma constitucional, aparte del voto afirmativo sobre la independencia en Catalunya en los términos del acuerdo. ¿Cómo de posible es esto? Muy difícil. Los catalanes deberán mostrar que una amplia mayoría de ellos quiere la independencia y que este deseo no se trata de un capricho pasajero. Pueden hacerlo de varias maneras. Una de ellas es que los partidos que explícitamente llevan la independencia en su programa electoral ganen sistemáticamente el voto popular durante unas cuantas elecciones (algo que todavía no ha ocurrido siquiera en una). Otra, que así se exprese en algún referéndum que el Tribunal Constitucional acepte como legal. Llegados a este punto, cuando hablo con independentistas siempre se me dice: una vez mostrada una voluntad mayoritaria por la independencia, esta debe reconocerse como posible. Pues bien, señores, este es el meollo del asunto: no tiene por qué. No me refiero a que sea moralmente bueno, malo, deseable o no, justo o injusto. Me refiero a que puede ocurrir que objetivamente quede documentado que la mayoría de catalanes, incluso el 80%, quiera la independencia (o quiera votar en un referéndum sobre ella) y que eso no implique ni que el gobierno español ni que los votantes españoles estén de acuerdo. Si eso es así, y si ni el argumento de la amplia preferencia, ni las protestas, ni los intentos de DUI ni las presiones internacionales consiguen cambiar la situación, no habrá independencia (ni referéndum).

Mírese cómo han ocurrido las independencias de facto que se ponen como ejemplo para ver si algo de eso es posible en la España y la Catalunya actuales: Eslovenia, Repúblicas bálticas. En ausencia de una posibilidad real de obtener una independencia de facto no queda más remedio que esperar que tarde o temprano los españoles entiendan que es justo permitir una Catalunya independiente si una mayoría suficiente de catalanes así lo manifiesta.

La situación actual, en 2017, está muy lejos de un escenario así. Primero, porque no ha habido una expresión mayoritaria y continuada en la población catalana. En las últimas autonómicas se quedó en el 47,8% y el referéndum no se pudo realizar en condiciones (el hecho de que la razón de ello es que el Estado no lo permitió no elimina el hecho de que no se realizara). Segundo, porque los votantes españoles, y con ellos los políticos, están de momento en contra de tal posibilidad. Con todo, hemos visto que en el Parlamento español se ha pasado de un par de decenas de diputados a favor de la autodeterminación a casi un centenar. Paciencia y a esperar a ver quién se cansa antes, los independentistas de pedir la independencia o los españoles de no permitirla en el caso de que sea una opción mayoritaria.

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Hace cinco años en el blog: La mala reputación.
Y también: ¿Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias?
Y también: Malos argumentos sobre la circuncisión.
Hace tres años en el blog: Los mitos de la razón. La Habitación China.
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