miércoles, 29 de julio de 2015

Costes y compensaciones en el mercado de emisiones europeo (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de julio en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.

Hay un problema en el mecanismo del mercado de emisiones. Si no se implementa en todos los países a la vez, se correrá el riesgo de que una empresa decida relocalizarse en un país sin límite de emisiones. Esto se conoce como CO2 leak (fuga de CO2). El país con límite de emisiones se ve perjudicado por la relocalización y no se beneficia por la reducción de emisiones, que son una externalidad global que afecta a todos los países del mundo. Para evitar esta fuga, el gobierno puede dar alguna compensación a las empresas. De acuerdo con el sistema del mercado de emisiones de la Unión Europea, las empresas emisoras se han visto favorecidas con permisos gratis basados en emisiones pasadas, en lugar de tener que adquirirlos en subasta. Esta política debía cambiar en 2013, con una nueva fase en la que sí se subastarían los permisos. A pesar del plan original, la Comisión Europea decidió que la asignación gratis de permisos continuara para las industrias que estuvieran expuestas a un riesgo mayor de fuga de CO2. Con esta política se abre una nueva cuestión sobre si esta manera de compensar es la mejor manera de reducir el riesgo de fuga.

Ese es el problema que se plantean Martin et al. (2015) [1]. Los autores comienzan por considerar la lógica económica según la cual la compensación debería realizarse primero a aquellas empresas que llevan a conseguir la mayor mejoría en los objetivos del gobierno. A continuación observan que la política de la Comisión Europea ha sido dejar exentas de la subasta a las industrias que son o muy intensivas en emisiones o muy expuestas al comercio internacional, mientras que la política eficiente debía haber sido dejar exentas a las empresas en las que la fuga de CO2 fuera mayor. Los autores hacen notar que no hay ninguna prueba empírica de que la política actual esté relacionada con el riesgo de relocalización. En su artículo muestran las primeras evidencias en este tema, basándose en datos de empresas recogidos por entrevistas telefónicas con 761 empresas manufactureras de seis países europeos.

En las entrevistas los datos se recogen usando la nueva herramienta para realizar encuestas desarrollada por Bloom y van Reenen (2007)[2] que reduce los sesgos. Por ejemplo, en lugar de preguntar directamente al directivo de la empresa por un juicio subjetivo acerca de cómo percibe la concienciación de los ejecutivos sobre temas relacionados con el cambio climático, lo que hacen es estimar esta concienciación con preguntas acerca de cómo son las discusiones ejecutivas sobre este tema. Entre otras características de la encuesta, las entrevistas se realizaron con un sistema de doble ciego y, para comprobar la consistencia se realizó una segunda estimación de las entrevistas por un segundo equipo.

Un primer resultado es que, como se postulaba, el método de la UE de declarar excepciones a la subasta no es eficiente. Esto ocurre porque el riesgo de deslocalización de una empresa media en la mayoría de los seis países es una reducción de la actividad del 10%, y también porque hay una sustancial variación entre sectores.

En segundo lugar, los autores realizan una simulación para estudiar el impacto de la política teóricamente más eficiente cuando las compensaciones totales son las mismas que en el sistema actual, y encuentran que la política eficiente reduce drásticamente el riesgo de relocalización, incluso comparándolo con la situación en la que todos los permisos se dan gratuitamente.

Tercero, consideran un problema dual: se calcula el riesgo de relocalización inducido por la última política de la UE, y el número de permisos que se otorgan de manera gratuita. Luego se calcula el número de permisos que hubieran hecho falta regalar de acuerdo con la política eficiente para alcanzar el mismo riesgo de relocalización. La respuesta es que hubiera hecho falta una cantidad de ellos, lo que significa que la política actual produce una sobre compensación del riesgo de relocalización.

Finalmente, los autores consideran el objetivo alternativo de minimizar el riesgo en el empleo, esto es, el riesgo de perder puestos de trabajo cuando una empresa decide deslocalizarse. En este caso la simulación encuentra que la diferencia entre la asignación óptima y la actual de permisos gratis es particularmente grave, puesto que la política eficiente reduce el riesgo agregado en pérdidas de empleo a menos de la mitad de lo que consigue la política actual, y sin aumentar la compensación agregada.

Referencias:

1. Martin, R., Muûls, M., de Preux, L.B., and Wagner, U.J. 2015. Industry Compensation Under Relocation Risk: A Firm-Level Analysis of the EU Emissions Trading Scheme. American Economic Review 104:8, 2482-2508.

2. Bloom, N., and Van Reenen, J. 2007. Measuring and Explaining Management Practices across Firms and Countries. Quarterly Journal of Economics 122:4, 1351–408.

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Hace tres años en el blog: Los números de la economía española.
Hace cinco años en el blog: Fair play.
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jueves, 23 de julio de 2015

Costes y compensaciones en el mercado de emisiones europeo (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de julio en Mapping Ignorance.

La European Association of Enviromental and Resource Economics ha concedido el premio Erik Kempe de 2015 a Ralf Martin, Mirabelle Muûls, Laure B. de Preux, y Ulrich J. Wagner por su investigación “Industry Compensation Under Relocation Risk: A Firm-Level Analysis of the EU Emissions Trading Scheme,” publicado recientemente en la American Economic Review. Resumo su trabajo en este artículo. Mis felicitaciones a los autores, especialmente a Ulrich Wagner, querido colega que tenemos la suerte de tener en la Universidad Carlos III.


Así funciona un mercado de emisiones. Digamos que hay tres empresas y que cada una opera una factoría, llamémoslas A, B y C, que son responsables de emitir a la atmósfera 15.000t, 30.000t y 45.000t de CO2, respectivamente. Reducir una tonelada de CO2 cuesta 1€ en la factoría A, 2€ en la B y 3€ en la C. El gobierno quiere reducir emisiones de las actuales 90.000t a solo 45.000t de CO2. Para ello otorga a cada empresa 15.000 permisos de CO2, que pueden usar para la producción en sus factorías o para comerciar. Para poder emitir una tonelada de CO2 hay que tener en propiedad un permiso de CO2. ¿Qué harán las empresas? ¿Cuál será el precio de un permiso?

El mercado de emisiones se vacía al precio de 2,5€ por permiso (en realidad, servirá cualquier precio entre 2€ y 3€, pero simplifiquemos). A este precio las empresas A y B prefieren vender sus permisos en lugar de quedarse con ellos para poder emitir CO2. Si venden tendrán que reducir sus emisiones al coste de 1€ y 2€ por tonelada respectivamente, pero esto es menos que lo que pueden conseguir si los venden, así que para ellas vender es la mejor opción. La empresa C tiene un coste de 3€ si quiere reducir emisiones, por lo que prefiere comprar permisos a 2,5€, el precio de mercado. Las empresas A y B quieren vender entre ambas 30.000 permisos, que es lo que la empresa C quiere comprar. El coste total de reducir las emisiones a 45.000t es el coste de que la empresa A reduzca 15.000t más el coste de que la empresa B reduzca 30.000t, lo que da un total de 75.000€. Es importante reseñar que los permisos acaban en manos de la empresa cuya en cuya actividad es más costosa la reducción de permisos, así que la reducción de emisiones se realiza allí donde es más barato hacerlo. Este mecanismo, llamado cap-and-trade, permite que el gobierno lleve a cabo su política con el menor coste para la sociedad.

El mercado de emisiones tiene cuatro características adicionales de especial interés. Primero, funciona incluso si los costes de reducción de las emisiones son información privada de las empresas. Es decir, cada una conoce los suyos propios, pero no los de las demás, y el gobierno no conoce ninguno. Segundo, el gobierno puede cambiar fácilmente sus objetivos de reducciones cambiando el número de permisos, que serían válidos por, digamos, un año. Tercero, el mecanismo funciona independientemente de cuántos permisos se conceda a cada empresa, mientras que el total se mantenga. Si las empresas del ejemplo obtienen, digamos, 35.000t, 0t y 10.000t respectivamente el precio de mercado no cambiará y la empresa A venderá sus permisos a la C, de manera que todos los permisos acabarán en manos de esta empresa, como en el primer ejemplo. Cuarto, si los permisos se venden en una subasta en lugar de otorgarse discrecionalmente, sería la empresa C quien realizara la puja más alta (como antes, será un precio por encima de 2€) por el total de los permisos. Ni que decir tiene, los permisos son valiosos, de manera que a quien se le otorgue un permiso se le está dando un activo.

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viernes, 17 de julio de 2015

Comparando mis predicciones sobre Grecia con la realidad

Desde diciembre del año pasado, cuando se barruntaban cambios en Grecia por la subida de Syriza en las encuestas, hasta el acuerdo sobre el rescate he venido diciendo de manera consistente las siguientes cosas:

1. Si gana, Syriza deberá centrarse en liderar las reformas para modernizar el Estado griego y ser creíble ante los socios con los que deberá negociar en junio. De esta manera tendrá más margen para priorizar reformas según su ideología. Lo dije aquí. Y aquí también, tras la victoria de Syriza, donde abundo en la imposibilidad de que haya política fiscal expansiva europea en las negociaciones.

Como hemos visto estos meses, no ha hecho eso ni tampoco ha podido hacer su programa electoral (que, por otra parte, simplemente no podía hacer). Al final hemos visto que la pérdida la confianza fue una de las claves de la negociación (p.e., aquí).

2. Habrá acuerdo a última hora. Nada de Grexit. Además, el acuerdo estará mucho más cerca de la posición europea que de la griega. Aquí y, meses antes, aquí. Solo me equivoqué en que, en lugar de un acuerdo a última hora, ha sido un acuerdo después de la última hora.

3. Salir del euro no era una amenaza creíble por parte de Grecia. Aquí y aquí lo dije. El propio Tsipras lo reconoció al final.

4. Entre la convocatoria del referéndum y su realización no habrá negociaciones. Aquí y aquí.

5. Tras el referéndum se negociará con prisas y eso es peor para Grecia. Aquí.

6. La acción de Tsipras de revelar sus cartas antes del referéndum irá en contra de su posición en las negociaciones posteriores. Aquí.

7. El acuerdo consistirá en lo de siempre: cualquier nueva reestructuración de deuda será tras reformas. Aquí.

8. Tras el referéndum la pelota seguía en el lado griego. Aquí.

9. El resultado del referéndum no cambia las posiciones negociadoras (aquí), si acaso todavía será peor, por el tiempo perdido (aquí). Todo el mundo ha calificado el acuerdo aceptado como peor que el rechazado (p.e., aquí).

10. Tras la dimisión de Varoufakis auguro que solo habrá lavado de cara en el acuerdo final (aquí). En esto me equivoqué, ni siquiera hubo lavado de cara.

11. Tsipras ha negociado mal (aquí y aquí). El propio Tsipras lo terminó reconociendo (aquí).

12. Tras el NO en el referéndum, el apoyo de ND, To Potami y PASOK sirve para que Tsipras acepte cualquier acuerdo, no para obtener ventajas (aquí).

¿Por qué estaba tan seguro de que las cosas iban a pasar así? ¿Porque me dedico a la Teoría de Juegos? Eso, y que intento no confundir deseos con realidades. Todavía no me explico cómo había gente inteligente que creía que la salida del euro le iba a suponer un problema mayor a Europa que a la propia Grecia.

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Hace tres años en el blog: Un gobierno sin mano izquierda.
Y también: El nudo gordiano de la economía española.
Hace cinco años en el blog: El chantaje que no era.
Y también: Aviso para navegantes electorales.
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viernes, 10 de julio de 2015

La banca islámica y la alternativa al pago de intereses (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de junio en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Durante la era dorada de la civilización islámica, su sistema financiero parecía funcionar bien. El crecimiento económico occidental cambié el centro de gravedad y las instituciones financieras europeas pasaron a ser dominantes. El advenimiento del colonialismo y la Revolución Industrial casi terminan con las tradiciones financieras islámicas. En los últimos 50 años, sin embargo, ha habido un nuevo interés en recuperarlas. El primer banco moderno en ofrecer productos financieros sin intereses fue el Nasser Social BNK, una institución pública en Egipto, en 1971. A continuación se creó el primer banco privado, aunque con la ayuda de los gobiernos de UAE y Kuwait, el Dubai Islamic Bank, en 1975. Tras estas experiencias, la Organización de la Conferencia Islámica (OIC) estableció el Islamic Development Bank como una institución financiera internacional. Desde entonces tanto el FMI como el Banco Mundial han reconocido los productos financieros islámicos como un medio alternativo para la intermediación financiera. Pakistán, Irán y Sudán han expresado su deseo de eliminar gradualmente los intereses de sus economías, objetivo alcanzado virtualmente en Irán y Sudán a comienzos de los 80. En otros países como Arabia Saudí, UAE, Qatar y Malaysia más del 20% de sus activos bancarios cumplen los preceptos de la Sharia. En total constituyen una industria de alrededor de dos billones de dólares en activos.

La importancia económica de la banca islámica a atraído la atención de los economistas. En particular, y de manera más pertinente a los teoremas de equivalencia mencionados en al primera parte, Abedifar et al. (2015) [1] revisan la literatura empírica más reciente que examina si los bancos islámicos obtienen unos resultados similares a los bancos convencionales. Estrictamente esto no es un test sobre la equivalencia de los mecanismos económicos subyacentes, pero puede ofrecer algunas pistas sobre ello. Entre otras cosas, si se encuentran diferencias en los resultados que no puedan atribuirse a otras idiosincrasias, la equivalencia no se mantendría.

Los estudios revisados incluyen algunos que se centran en un solo país y que tienen la ventaja de que proveen un escenario en que los bancos convencionales e islámicos operan en un escenario similar. A pesar de ello, los estudios más recientes tienden a usar datos de varios países y usan modelos de frontera, tanto paramétricos como no paramétricos. De ellos, los más amplios son Mohamad et al. (2008) [2], que analiza una muestra de bancos en 21 OIC países entre 1990 y 2005, Johnes et al. (2009) [3], que examina los bancos de seis países del Consejo de Cooperación del Golfo entre 2004 y 2007, y Beck et al. (2013) [4], quienes usan una muestra de bancos de 141 países entre 1995 y 2007. Los estudios usan una variedad amplia de herramientas económicas y de tests de robustez.

La imagen que emerge de estos trabajos permite a Abedifar et al. llegar a la siguiente conclusión:
“Los bancos islámicos son al menos tan eficientes como sus equivalentes convencionales y tienen menos riesgo de insolvencia o impago, particularmente los de menor tamaño). Los bancos islámicos típicamente se centran más en préstamos a pequeños negocios con alto margen, quienes son menos proclives al impago. La evidencia sobre poder de mercado no es clara, aunque hay alguna que indica que los bancos islámicos son más competitivos. Otras evidencias, aunque limitadas, sugieren que la diseminación de la banca islámica puede ayudar a la inclusión financiera y al desarrollo económico. Los resultados de la literatura financiera empírica, dominada por estudios centrados en características como el riesgo/retorno de los fondos de inversión, indican que los fondos islámicos obtienen resultados similares o mejores que los convencionales, mientras que no hay apenas evidencias de que tengan resultados peores.”
Referencias:

1. Abedifar, P., Ebrahim, S., Molyneux, P., and Tarazi, A. 2015. Islamic banking and finance: recent empirical literature and directions for future research. Journal of Economic Surveys 29, in press.

2. Mohamad, S., Hassan, T., and Bader, M.K.I. 2008. Efficiency of conventional versus Islamic banks: International evidence using the stochastic frontier approach (SFA). Journal of Islamic Economics, Banking and Finance 4(2), 107–130.

3. Johnes, J., Izzeldin, M. and Pappas, V. 2009. The efficiency of Islamic and conventional banks in the Gulf Cooperation Council (GCC) countries: An analysis using financial ratios and Data Envelopment Analysis. Lancaster University Management School Working Paper 2009/023, Lancaster, UK.

4. Beck, T., Demirg¨uc-Kunt, A. and Merrouche, O. 2013. Islamic vs. conventional banking: business model, efficiency and stability. Journal of Banking and Finance 37(2), 433–447.

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martes, 7 de julio de 2015

La banca islámica y la alternativa al pago de intereses (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de junio en Mapping Ignorance.


En Economía, existe lo que se puede llamar “teoremas de equivalencia”. Indican cómo dos mecanismos económicos aparentemente distintos son equivalentes en la mayoría de sus consecuencias, si no en todas. Típicamente la equivalencia se puede establecer en ciertas condiciones que se consideran lo suficientemente generales como para que el teorema sea relevante. Tal vez el más antiguo y uno de los más conocidos es la equivalencia ricardiana, que indica que la manera en que el gobierno financia sus gastos no afecta a la demanda agregada. De modo similar, el teorema de Modigliani-Miller dice que el valor de una empresa no depende de la manera en que se financia, si con emisión de acciones o con bonos. Otro teorema, que es todavía más general, establece que quien paga el coste de un impuesto sobre un intercambio depende de las elasticidades relativas de oferentes y la demandantes (es decir, de cómo reaccionan a los cambios en precios), pero no en el agente en que, por ley, se impone el impuesto (el comprador o el vendedor). El famoso teorema de Coase dice que la eficiencia de una negociación sobre una externalidad no depende de la asignación inicial de derechos de propiedad. En este artículo examinaremos alguna evidencia empírica de otra equivalencia.

La interpretación estricta de los textos islámicos prohíbe el cobro de intereses en los préstamos monetarios. Sin embargo, diferentes contratos financieros permiten simular las consecuencias económicas de tener tipos de interés sin llamarlos de esa manera. Por ejemplo, pongamos que quieres comprar un bien como un coche o una casa. En un banco típico podrás pedir un préstamo por la cantidad que necesitas a cambio de pagarlo con intereses. Tú ganas porque de esta manera tendrás acceso al bien antes de lo que podrías hacerlo sin el préstamo, y el banco gana por los intereses que cobra. Si no se permite el cargo de intereses, el banco puede comprar el bien y alquilártelo. El contrato de alquiler es tal que tú pagas una cantidad cada mes, y que eso constituye el pago del alquiler y también de un porcentaje sobre la adquisición de la propiedad. Al final del periodo establecido el bien es 100% tuyo. De manera alternativa, el banco puede comprar el bien a su precio de mercado y vendértelo a ti a un precio más alto, que se pagará en plazos mensuales. En cualquiera de los casos, los pagos serán los mismos que los de un préstamo normal.

El ejemplo anterior muestra un caso en que los pagos de intereses se pueden enmascarar mediante un mecanismo que produce exactamente los mismos resultados. En ejemplos más realistas, sin embargo, hay complicaciones añadidas. Cuando pides prestado para comprar un bien, el bien es tuyo y puedes usar de él y venderlo libremente mientras cumplas con las cláusulas del contrato si el bien se usa como colateral para el pago del préstamo. Refinanciar el préstamo (p.e., pagar mayores cuotas mensuales a cambio de un acortamiento del contrato, o cancelar total o parcialmente el principal) es algo que se puede hacer fácilmente con el contrato estándar, puesto que solo implica recalcular los intereses correspondientes. La banca islámica puede reproducir también estas operaciones, pero el reparto de derechos, el statu quo, y la complejidad del contrato pueden ser diferentes y dar como resultado un mecanismo poco flexible y menos atractivo para el consumidor o el banco. El préstamo de dinero para una iniciativa empresarial también puede ser emulado en buena medida mediante el llamado contrato Mudaraba (que incorpora el compartir beneficios y pérdidas).

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Hace tres años en el blog: Qué fácil es saber.
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Y también: Las afinidades electivas.
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jueves, 2 de julio de 2015

Once fallos en la negociación de Syriza

Estas cosas tuití ayer:
1. Plantear la negociación entre enemigos, no entre socios.

2. No es malo esperar a la fecha límite (así suele ser), sino esperar a después de la fecha límite.

3. Creer q en una negociación con prisas tras la fecha límite puede sacar algo mejor que lo que ha podido sacar en la anterior con más calma.

4. Plantear el referéndum para después de la fecha límite.

5. Hacer propuestas después de la fecha límite muy parecidas a las que pide rechazar en el referéndum.

6. Creer que algo se va a arreglar antes del referéndum, una vez convocado con tantas prisas.

7. Fiar su estrategia a una amenaza no creíble (el daño a la eurozona si sale del euro).

8. Amagar/jugar peligrosamente con llegar a aplicar la amenaza no creíble.

9. No haber mostrado en estos 5 meses una ambición de arreglar el Estado griego.

10. No conocer la fuerza del adversario.

11. Lo peor de todo: no conocer su fuerza.

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Hace tres años en el blog: Sobre el nacionalismo (3).
Y también: Cuando cierro los ojos veo neoliberales.
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sábado, 27 de junio de 2015

La jugada del referéndum griego


Si uno hace una amenaza más vale que sea creíble si es que le ha de servir de algo. La salida del euro es una decisión que corresponde a Grecia, no a la Unión Europea, y es una amenaza que perjudicará a la Unión Europea, pero lo que realmente importa es que perjudicará a los griegos. Si llega el momento de usarla lo relevante no es si perjudicará más a los griegos que al resto de Europa (respuesta: perjudicará mucho más a los griegos), sino si perjudicará más a los griegos llevar a cabo esa amenaza que no llevarla a cabo (respuesta: perjudicará más llevarla a cabo). Como vemos, hay una cosa peor que hacer una amenaza no creíble: llevarla a cabo. Por parte de la UE la amenaza no es echar a Grecia del euro, sino no dar más préstamos que le salen caros por las condiciones ventajosas que ofrecen (interés casi nulo, moratoria y plazos largos).

La única razón del referéndum es atarse de manos para mostrar a la UE que, sin más concesiones, la salida del euro será un hecho y dejar la decisión en manos de la UE. Si esto se consigue, efectivamente, lo relevante para la UE será si la UE está mejor con Grecia dentro o fuera (respuesta: mejor dentro).

La clave es si el referéndum efectivamente deja las cosas así (respuesta breve: no):
  1. El referéndum es sobre la aceptación del último paquete de condiciones. Si no se acepta, el gobierno griego está atado de manos para aceptar ese paquete, pero podrá aceptar otro.
  2. ¿Qué hace falta para que salga sí? Esta pregunta no tiene respuesta fácil. Pero uno sospecha que harían falta demasiadas concesiones.
  3. ¿Qué está dispuesto a ceder la UE para que salga el sí? Lo que tendría que ofrecer la UE ahora sería más de lo que hubiera tenido que ofrecer a los negociadores (sí, en mi escenario el votante mediano es menos realista que los negociadores griegos).
Así las cosas, estamos en un impasse hasta el día del referéndum. ¿Qué cosas pueden pasar?
  1. La UE hace alguna cesión de lavado de cara y Tsipras desconvoca el referéndum.
  2. Después del referéndum (escenario del no) la UE hace alguna cesión de lavado de cara y Tsipras acepta.
  3. La UE hace concesiones importantes (antes o después).
¿Qué incentivo tiene la UE para hacer concesiones importantes? La decisión de abandonar el euro sigue siendo una decisión del gobierno griego y no estará mandada por el referéndum. ¿Quién se echará atrás ante este acercamiento al desacuerdo? Recordemos que el dinero lo sigue teniendo la UE y que Grecia sigue siendo quien tiene más que perder, quien tiene más prisa, corre más riesgo y tiene menos efecto reputación que perder. Tal vez pueda sacar alguna pequeña concesión más, pero eso será todo. Y lo será al precio de correr un riesgo demasiado grande: cuanto más juegue a que puede salir de euro, más fácil es que un mal cálculo haga que, al final, sea lo que ocurra.

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