jueves, 30 de abril de 2009

La razón moral en democracia


(¿Un hombre un voto? - ¿No es eso lo que he estado haciendo?)

He aquí otro problema, esta vez mucho más serio y general, sobre cómo no es posible deducir reglas que obedezcan a principios aparentemente bien racionales, simplemente porque no existen. Esto obliga a elegir reglas imperfectas, por así decirlo, sobre las cuales habrá disparidad de opiniones.

El problema es el de elegir un sistema de elección social (p.e. un sistema de votaciones). No queremos uno cualquiera (p.e., el que elija la opción que obtenga 4.533 votos), así que convengamos unos mínimos de coherencia. Para facilitar la decisión centrémonos en los sistemas en los que hay que elegir una alternativa entre varias (un presidente, un proyecto ciudadano, un sí o un no en un referéndum,…). He aquí los criterios.
  1. Transitividad. Si se determina que A se elige ante B y B ante C, entonces A debe ser elegido frente a C.
  2. Unanimidad. Si todo el mundo prefiere A a B, entonces se elige A.
  3. Independencia de alternativas irrelevantes. La elección entre A y B depende sólo de las preferencias que los individuos tengan sobre A y B.
  4. No dictadura. La regla no elige siempre según las preferencias de un individuo en particular.
El punto 3 merece un poco más de explicación. Imaginémonos que estamos en un restaurante y pedimos la carta. Nos dicen que hay carne y pescado. Elegimos la carne. En ese momento, el camarero nos informa de que también hay ancas de rana. Ante la nueva información elegimos pescado. Este extraño cambio de parecer es el que evita la independencia de alternativas irrelevantes.

Estos puntos son perfectamente formalizables matemáticamente. Arrow lo hizo y, a continuación, enunció y demostró que no existe ninguna manera de elegir socialmente que cumpla los cuatro principios. Además, se ganó el Nobel. El esquema de la demostración es ilustrativo. Lo que hizo fue suponer que se cumplen los primeros tres puntos y demostró que sólo la regla dictatorial los cumple.

Así que, o bien aceptamos a un dictador, o tenemos todos las mismas preferencias o tenemos que renunciar a algún otro principio. De nuevo, no existe la regla racional de elección. En particular, tampoco existe el sistema de votaciones ideal.

martes, 28 de abril de 2009

La razón moral en bancarrota


Propongo considerar un pequeño problema moral para el que la razón pura (sea lo que sea eso) es incapaz de ofrecer una solución. El ejemplo, por ser tan mundano él, no debería preocupar a los proponentes de una moral basada en la razón. Aún así lo propongo porque ayudará a entender la postura de quienes no creemos posible que la razón pueda dar ningún salto para poder deducir lógicamente la moral.

Este es el ejemplo:

Una empresa se declara en bancarrota. Sus activos están valorados en 120, pero tiene dos acreedores a quienes debe 60 y 120, respectivamente. ¿Cómo se dividen los activos entre los acreedores?
  • Regla igualitaria: Se reparte entre ellos a partes iguales, 60 para cada uno.
  • Regla proporcional: Se reparte proporcionalmente a la deuda, 40 para el primero, 80 para el segundo.
  • Regla del Talmud: El primero reclama la mitad, el segundo todo. La mitad que reclaman los dos se reparte a medias (30 para cada uno). La segunda mitad que reclama sólo el segundo es para él (60 más para el segundo). El reparto queda así: 30 para el primero y 90 para el segundo.
¿Cuál es el reparto moralmente justo?

No es posible saberlo. Cada uno obedece a un principio distinto, todos tienen en cuenta cierto principio de igualdad, pero cada regla lo trata de forma distinta. De hecho podríamos imaginarnos muchas más, todas sensatas. Podemos poner un mínimo asegurado para cada acreedor y un reparto proporcional del resto de la deuda, o hacer el reparto proporcional al logaritmo de la deuda (por aquello de que más dinero da cada vez menos felicidad), o dárselo todo al más rico (la regla Reaganiana), por poner unos pocos ejemplos más.

Esta es la discusión:

El problema es interesante porque está perfectamente definido. Si se dice que hacen falta más datos, por ejemplo sobre quién es cada uno de los acreedores, supóngase que son dos personas exactamente iguales excepto por su posición en este caso de bancarrota. Ni aún así podemos deducir una u otra regla de reparto sin mediar por medio algún otro principio que implique esa regla en particular. Esto no tiene por qué ser redundante. En teoría de juegos hay toda una rama dedicada a derivar fórmulas de reparto a partir de axiomas deseables. Ocurre que cada regla obedece a un subconjunto particular de estos axiomas y que ninguna regla los puede tener todos. En otras palabras, muchos axiomas que son deseables son incompatibles entre sí. Fijémonos que la elección de los axiomas será convencional, mientras que será la razón la que nos lleve de esa elección de principios a una regla de reparto (si es posible) o a concluir que una regla que satisfaga esos axiomas no existe.

Todo eso está muy bien, se objetará, pero la razón moral no se mete con asuntos mundanos como el de la bancarrota (con permiso del Corán, del Talmud y de los códigos civiles y mercantiles, supongo), sino con problemas más importantes. Es posible, pero mi argumento es que los intentos para sustentar una moral en la razón se enfrentarán siempre a este tipo de problemas.

¿Por qué lo creo? Por dos razones. Primera, porque en todos los problemas que se han podido analizar con rigor (bancarrota, negociación, votaciones, provisión de bienes públicos, agregación de preferencias,…) se han encontrado estos problemas. Segunda, porque los que proponen que tal empresa es posible no han conseguido avanzar un milímetro. Todos los avances han sido a partir de concesiones en los principios o a partir de una formulación de acuerdos normativos sobre qué es lo deseable: un punto económicamente eficiente, un punto aceptable tras el velo de la ignorancia, un punto de equilibrio, un punto en el que no haya envidias, una cesión de soberanía a un líder o algún otro principio por el estilo. Todo ellos serán perfectamente discutibles por personas razonables.

domingo, 26 de abril de 2009

El Amor Fati y la Libertad

Acabo de aprender a subir vídeos al blog, así que aprovecho para poner un paréntesis en la serie de las últimas entradas y hacer un homenaje a Mikel Laboa, uno de mis cantantes preferidos.

Murió hace pocos meses. Todo el espectro social, cultural y político vasco lamentó su pérdida. Con todo, creo que en el País Vasco, aun siendo apreciado, no se valoró suficientemente su aportación a la cultura. Representó, desde los años de la represión fanquista, una de las voces más audaces e innovadoras de la canción vasca. Puso música e interpretó letras populares, de poetas de la literatura internacional y de los más vanguardistas del País Vasco. Ahí estaban Bertolt Brecht, Bernardo Atxaga y J.A. Arze, entre muchos otros. Con este último, Mikel Laboa introdujo unos temas que eran verdaderos haikus cantados. En una serie de canciones, conocida como "Lekeitioak" (Lekeitios), su calidad interpretativa llegaba a su más alto grado de originalidad. Mezclando palabras, simulaciones de palabras y todo tipo de sonidos, lograba una expresividad que te ponía los pelos de punta. No son fáciles de escuchar, pero cuando te metes en ellos, es como asistir a una representación teatral donde todo es puro sentimiento. Uno de sus más famosos es "Gernika". Con su voz y su guitarra fue capaz de transmitir todo el horror de la guerra simbolizado en el bombardeo de la villa en quince minutos imposibles de olvidar. Este tema ha sido base de documentales y películas y ha sido cantado por el Orfeón Donostiarra. Su último concierto fue en Donostia, donde fue telonero de Bob Dylan.

No os voy a hacer sufrir, os pongo aquí dos temas sencillos y hermosos. El primero es un canto al Amor Fati y se extendió como un himno a la libertad por todo el País Vasco.



Si le hubiera cortado la alas habría sido mío
no habría huido,
pero así
habría dejado de ser pájaro
y yo
amaba el pájaro.



Toma una flor
y, pétalo a pétalo,
la desnudas,
y ella también
te sueña
y te desnuda,
y, pétalo a pétalo,
toma una flor.

Mikel, nire gogoan eta nire ahoan betiko.

viernes, 24 de abril de 2009

La metamorfosis


Hay dos tipos de metamorfosis bien conocidas en el reino animal. Una es la oruga que se convierte en mariposa. La otra, el renacuajo que se convierte en rana. Esta segunda se parece a las metamorfosis que encontramos en la obra homónima de Ovidio, donde Dafne se convierte en laurel, Mirra en el árbol que lleva su nombre y Cintia en heliotropo o girasol. Con preciosísimos hexámetros, Ovidio nos describe cómo los brazos se convierten en ramas, los pies en raíces y, en el caso de Cintia, su rostro en la cara del girasol que sigue con la vista a Apolo, quien la abandonó.

El caso del renacuajo es idéntico, en el sentido de que los ojos del renacuajo se convierten en los ojos de la rana adulta y, de igual manera, cada parte del cuerpo del primero se convierte en una parte del cuerpo de la segunda.

Esto no ocurre así en la metamorfosis de oruga a mariposa. Cuando nace la oruga, lo hace a partir de unos segmentos de que consta el embrión, pero no de todos. Cuando la oruga se encierra en su crisálida, su cuerpo sirve de alimento para que se nutran los segmentos embrionarios que permanecían latentes. De esos segmentos nace la mariposa. La oruga no se transforma, sino que muere. Los insectos son bastante parecidos a autómatas y no tienen miedo a la muerte. Si, en cambio, pudieran hablar, la mariposa tendría que aprenderlo todo, puesto que no recordaría nada de la vida de la oruga, que era otro ser.

En entradas pasadas hemos visto el caso de un plan genético (un cigoto) que da lugar a dos gemelos, de dos cigotos que se juntan y dan lugar a un solo ser, pero el que de un solo plan surjan dos seres completamente distintos, uno de los cuales se desarrolla alimentándose del cadáver del que se desarrolló primero, supera todas las fantasías metafísicas.

miércoles, 22 de abril de 2009

La habitación china

Santiago, el anfitrión del excelente blog La máquina de von Neumann, me recuerda el problema de la habitación china de Searle. Tras haber hablado del test de Turing en una entrada reciente, supongo que es de justicia comentar sobre ella. Además, servirá para entender un poco mejor la base de la teoría computacional de la consciencia, tema que está saliendo en los otros no menos excelentes blogs de El libro de la almohada, Los monos también curan,  Una nueva conciencia y A bordo del Otto Neurath.

El experimento mental de la habitación china dice lo siguiente (tomo la redacción de Juanjo Navarro).

Supongamos que una persona que no sabe chino se encerrase en una habitación. En la sala tiene una serie de símbolos chinos sobre hojas de papel en distintas cajas. A la persona se le escriben una serie de preguntas escritas en chino que se le hacen llegar a través de una ventana. Nuestra intención es, naturalmente, que esta persona responda a nuestras preguntas escribiéndonos una respuesta en perfecto chino. ¿Pero cómo? Si esa persona no sabe chino lo único que podremos obtener de ella será una serie de símbolos sin el menor sentido. Bueno, habíamos olvidado un elemento más que esta persona tiene a mano: Un libro de instrucciones. En éste se le especifica (en castellano, naturalmente) una serie de reglas que le permiten combinar símbolos en respuesta a otra cadena de símbolos que se especifique como entrada (la pregunta). Las reglas son del tipo “ante un símbolo de la primera caja con un símbolo de la segunda respóndase con la unión de tres símbolos de la cuarta, sexta y segunda caja”. Es muy importante resaltar que en las instrucciones no se hace ninguna mención al significado de los símbolos sino solo a la forma de combinarlos. Tampoco se hace ninguna restricción en cuanto a la longitud de las reglas ni del libro de reglas. El libro podría muy bien ser una enciclopedia de 2000 tomos y cada regla ocupar medio tomo, y no por ello cambiaría el planteamiento del problema. Finalmente supongamos que el libro de reglas está tan bien hecho que las respuestas resultan ser perfectas en chino.

La pregunta es: ¿La persona ‘sabe’ chino?

Searle, quien propuso el experimento mental, decía que la respuesta a la pregunta debe ser “no”. El código le permite dar respuestas pero, evidentemente, cualquiera de nosotros en esa situación negaríamos haber aprendido chino.

Vayamos por partes:

(1) Pongamos que las preguntas son 1000 (¿cuál es la capital de Islandia?, ¿quién propuso el test de Turing?...) y 1000 son las respuestas. El código será muy sencillo: si los símbolos son tales y tales (descríbanse los símbolos de cada pregunta), escoja esta combinación de símbolos (descríbanse los de la respuesta). En vez de una descripción de los símbolos, el libro de instrucciones puede simplemente escribirlos. Dar estas respuestas no es saber chino.

(2) Pongamos que las preguntas pueden ser cualesquiera (¿qué es la filosofía? ¿te gusta el té verde?). El código no puede prever todas las preguntas posibles (¿o sí?) así que tendrá que hacer como hacen ahora las máquinas de búsqueda en Internet: detectar las palabras claves de la pregunta, ofrecer una respuesta a temas prefijados sobre esas palabras y esperar que la respuesta sea pertinente y de interés. Esto es muy difícil. Un libro de instrucciones (programa, código,…) que haga esto será un gran programa, pero es discutible si eso es saber chino.

(3) Pongamos que el input no son solo preguntas, sino que la “conversación” puede seguir cualquier formato, igual que siguen las conversaciones entre personas chinas o no chinas. Esto es saber chino, y el programa (o código o instrucciones o lo que sea) es el conocimiento del chino.

-¿Cómo que el programa? ¿Qué pasa con la persona?

-Bueno, o bien el programa más la persona saben chino (así, entre los dos) o bien la manera en la que el programa consigue que la persona entienda todas las instrucciones es enseñándole chino. En cualquier caso, no hay otra cosa que conocimiento de chino.

Searle estaba cometiendo una falacia de composición en su respuesta. Como la respuesta en el supuesto (1) era “no” y como sólo había una complicación en las instrucciones, entonces la respuesta era un “no” también para el supuesto (2). Una segunda falacia ocurre cuando se entiende el supuesto (2) como el conocimiento de la lengua china. Si se consiguen conversaciones coherentes en el supuesto (3) con instrucciones cada vez más completas (y complejas), es porque justamente esta complicación, estas instrucciones, estos algoritmos, constituyen el conocimiento de la lengua china (la escrita, por ser fieles al ejemplo).

Mutatis mutandi, esta es la idea detrás del test de Turing. Si complicando una máquina conseguimos los mismos resultados que observamos con un cerebro, tendremos en la máquina las mismas cualidades que el cerebro, y serán estas complicaciones y complejidades las que constituyen esas cualidades.

Ni el test de Turing ni la habitación china dicen nada acerca de la posibilidad de que una máquina vaya nunca a pasar el test de Turing ni a saber chino, sólo nos hacen reflexionar sobre qué pasaría si llegara el caso que presentan ambas pruebas. La teoría computacional de la mente tampoco dice que tales máquinas lleguen a ser posibles, pero sí que cerebro y ordenadores comparten similaridades en la manera de procesar la información. Lo anterior no implica que la teoría prediga que algún día las máquinas alcancen el nivel de complejidad del cerebro humano, pero ofrece una clara línea de investigación para estudiar el cerebro y para avanzar en el diseño de máquinas cada vez más complejas.

lunes, 20 de abril de 2009

Un titular tendencioso

En El País del pasado sábado leemos el siguiente titular:


Hace referencia a un artículo de dos páginas en el interior del periódico. He aquí la reacción, que comparto, de Ramón Ordiales Plaza, de la ARP:

La noticia es tendenciosa y el titular engañoso. La noticia debería ser realmente:

ALEMANIA PROHIBE LOS TRASGÉNICOS
SIN FUNDAMENTO CIENTÍFICO

El hecho es que realmente no hay nada contra el trasgénico del maíz que está en el ojo del huracán del movimiento pacifista... y los dos últimos informes a donde agarrarse, que cita el diario, son simplemente de risa.

Vienen a decir que maiz trasgénico (que recordemos fabrica una sustancia que repele a un parásito del mismo) parece gustar menos (pero en un margen cortísimo) a dos insectos cuya alimentación típica no es precisamente el maíz (que, recordemos, es una especie americana y no autóctona de Europa). Es decir: NADA.

Es como decir: Los humanos alimentados exclusivamente con sandias "amargas" comen menos que los que comen sandías normales... ¡Claro! ¡Pero si precisamente el maíz es modificado para que no guste a ciertos insectos!

En el titular también pone: "Nuevos estudios científicos arrojan dudas sobre la seguridad y la eficiencia de los cultivos genéticamente modificados".

Lo cual es FALSO... y leyendo la noticia se ve cómo el redactor ha tenido mucho cuidado de no caer en la mentira.

El caso es que las supuestas dudas es que, en pulgas de agua alimentadas exclusivamente con maíz trasgénico, se ve un ligerísimo aumento de la mortalidad... tan ligero que no puede tenerse en cuenta.

Con las mariquitas ... se trata de LARVAS de mariquita que parece no gustarles mucho dicho maíz, comen menos y mueren más (pero tampoco significativamente). Pero recordemos que el maíz del que hablamos fabrica un repelente.

¿Podemos establecer una causa efecto entre esto y el titular? No, no podemos, ni el periodista debería.

De hecho si seguimos leyendo... vemos que el uso de pesticidas es peor que el uso de organismos genéticamente modificados (OGMs). Precisamente de las 62 alertas alimentarias relacionadas con variedades de maíz, la mayoría fue por contaminación de pesticidas, de las cuales ninguna ha sido de OGMs, ya que, con ellos, el uso de pesticidas no es tan necesario.

El mismo artículo dice que la noticia es que Alemania prohibe el OGM sin datos científicos que avalen la media.

Por lo tanto, ¿cambió alguien el titular?, porque no se corresponde lo que dice la noticia con lo que dicen los titulares.

Además, ¿da para dos páginas? Yo creo que no... todo es "humo".

sábado, 18 de abril de 2009

Los libros y los cánones


Las figuras siguientes muestran el número de títulos producidos en el mercado editorial español y los ingresos derivados por los cánones asociados a la copia privada. Se observa que el número de títulos se mantiene constante mientras que los ingresos por cánones no dejan de subir. Toda la argumentación para sostener estos sistemas de cánones y restricciones a la industria informática (que grava a productores y consumidores y distorsiona el mercado) se basa en la hipótesis de que, sin ellos, acabaremos sin producción intelectual. Si fuera así, el canon habría provocado un aumento de tal producción y eso no ha sido así.
Los datos de producción de títulos están tomados de la Agencia Española del ISBN y los de recaudación están obtenidos de la gestora de derechos de autor CEDRO y se pueden consultar en www.cedro.org.

De hecho, nunca los derechos de copia han influido en la producción. La figura siguiente muestra el número de títulos por habitantes en los EE.UU. durante todo el siglo 20. A lo largo de este siglo, los derechos de copia no han hecho sino aumentar. La producción, erre que erre, se mantiene impasible.

El gráfico está tomado de: Boldrin and Levine (2008) en http://www.dklevine.com/general/intellectual/againstfinal.htm

Se mire como se mire, no hay ninguna evidencia empírica de que la extensión de los derechos de autor (que acaban siendo del productor) y los cánones absurdos favorezcan la creación intelectual y sí de que limitan la difusión de las obras. Socialmente no hay ganancias y sí hay costes, por eso este tipo de medidas son malas, muy malas.

jueves, 16 de abril de 2009

Póntelo, pónselo


Leo en El País la buena noticia de la reducción de muertos en las carreteras durante la semana de vacaciones primaverales. La parte mala es que muchas de las víctimas no llevaban el cinturón de seguridad. Concretamente, se lee:

"el 23% de las personas fallecidas y el 4% de los heridos graves no llevaba abrochado el cinturón. "La conclusión es: por favor, póngase el cinturón de seguridad", pidió el ministro."

No es que sea quisquilloso (vale, tal vez un poco sí), más bien quiero aprovechar la ocasión para señalar un error común en la presentación de este tipo de datos. La noticia no concluye bien lo que pretende decir. Si el 23% de los fallecidos no llevaba cinturón, esto implica que el 77% de los muertos sí lo llevaba. Así, con estos datos no podemos saber si llevar el cinturón es bueno o malo. Si, por ejemplo, la mitad de los viajeros no llevara cinturón y la otra mitad sí, sería más peligroso llevarlo que no llevarlo, puesto que los fallecidos sin cinturón son menos. En suma, necesitamos saber si la gente que no suele llevar cinturón es más o menos del 23%. Sólo si es menos podremos concluir que es mejor ponérselo.

El 4% de heridos graves es un dato más confuso todavía. Sólo si los individuos sin cinturón son menos del 4% podremos concluir que es más fácil salir gravemente herido si no se lleva este dispositivo de seguridad. Claro que puede pasar que esto es así, pero que la causa no es que salgan heridos leves o sin accidente, sino que no salen heridos graves porque engrosan la lista de muertos. Para evaluar bien esto necesitamos saber, del total de víctimas mortales y heridos graves, cuál es la proporción que no llevaban cinturón. Será un número intermedio entre el 23% y el 4%.  Pongamos que sea el 10% (tampoco nos dan este dato, así que me lo invento para hacer el argumento).

Ahora podemos ilustrar las posibles situaciones que se pueden dar.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es, por ejemplo, el 30%, sería más peligroso llevarlo que no llevarlo.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es del 15% es más probable resultar herido grave o muerto si se lleva el cinturón, pero es menos probable morir en la carretera.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es del 7% es menos probable resultar herido grave o muerto si se lleva cinturón, pero es más probable morir en la carretera.
  • Si la proporción de viajeros sin cinturón es menor del 4%, es más probable resultar gravemente herido y también resultar muerto si se va sin cinturón.
Necesitamos saber el dato de cuánta gente va sin cinturón y también la proporción agregada de víctimas mortales o graves que no llevaban cinturón para saber en qué caso estamos y cuán grande es la diferencia entre llevarlo y no llevarlo.

martes, 14 de abril de 2009

Al monte se va con botas: El dilema del prisionero

Para que no se me acuse de meterme siempre con la metafísica, hoy propongo otro tema en el que observamos a la gente echándose al monte sin un buen equipo. Para más señas, esta gente estará individualizada en un autor muy apreciado por mí, como se puede comprobar por las entradas que en este blog hasta ahora han sido.

El monte al que vamos de excursión es el dilema del prisionero. Quienes conozcan este juego pueden pasar a los párrafos siguientes. Para quienes no lo conozcan, aquí va la versión más famosa.

Dos presuntos delincuentes son apresados por perpetrar un crimen. La policía los separa y le dice a cada uno de ellos lo siguiente: No tenemos pruebas de que seáis los autores, pero si tú confiesas y tu compañero no, tú sales libre por colaborar con la justicia y tu compañero se carga con toda la culpa (diez años de cárcel). Si los dos confesáis, os repartís la culpa (siete años a cada uno). Si ninguno confiesa os acusaremos de un delito menor (posesión ilícita de armas) y pasaréis cada uno un año en la cárcel. Una tabla nos ayuda a entender el juego:

                     Confesar     No confesar
Confesar          7,7                0,10
No confesar   10,0                 1,1

Así las cosas, ambos prisioneros debe decidir qué hacer. Si se pudieran poner de acuerdo y tomar la decisión conjuntamente decidirían, casi seguro, no confesar. Pero como deben decidir individualmente, cada uno verá que, haga lo que haga el compañero, lo mejor es confesar: Si mi compañero confiesa, mejor confieso yo también (siete años es mejor que diez), y si mi compañero no confiesa, yo mejor confieso (cero años de cárcel son mejor que uno). Ambos acaban confesando y disfrutando de siete años a la sombra.

Volveremos más adelante sobre la solución anterior. Veamos ahora lo que dice Douglas Hofstadter en su libro Metamagical Themas sobre el dilema del prisionero:
"Si la razón dicta una respuesta, ambos prisioneros llegarán a ella independientemente. Una vez que uno se da cuenta de esto, se sigue que todos los jugadores racionales elegirán Confesar o todos elegirán No confesar. Esta es la clave. Cualquier cantidad de pensadores racionales enfrentados a la misma situación y que sobrelleven agonías de razonamientos similares llegarán a la misma respuesta siempre que la razón sea la única guía de sus conclusiones. Si no, la razón sería subjetiva, y no objetiva como la aritmética. Una conclusión alcanzada por la razón debe ser cuestión de preferencia, no de necesidad. Algunas personas pueden pensar esto otro, pero los pensadores racionales entienden que un argumento válido debe ser universalmente vinculante, si no, no es un argumento válido. Todo lo que cada uno de los prisioneros tienen que preguntarse es lo siguiente: “Como ambos vamos a tomar la misma decisión, ¿cuál es la más lógica? Esto es, ¿cuál es la mejor para el pensador racional individual: una con dos prisioneros confesando o no confesando?” La respuesta es inmediata: “Me caerán siete años si ambos confesamos y sólo un año si no confesamos. Claramente yo prefiero un año a siete. Como soy un pensador típico, no confesar debe ser preferido también por mi compañero. Así que cooperaré.”
Los intentos de Hofstadter por convencernos, vía argumentos lógicos y racionales, de que ambos terminarán cooperando podrían alargarse muchas líneas más y seguirían sin dar con la línea de análisis correcta. Deducir el comportamiento de grupo del comportamiento individual es una falacia lógica.

El argumento individual toma el de los demás como dado durante todo el razonamiento y llega a una conclusión. Al final será la misma que la de los demás, pero sólo al final, no durante el proceso de deducción. Es decir, durante el razonamiento, un prisionero se plantea cuál es su mejor acción dado lo que pueda estar haciendo el otro. En equilibrio, lo que se postula para el otro se corresponde con lo que también sea su mejor acción dada cuál sea mi acción. Esta es la clave del concepto de equilibrio de Nash, la mayor contribución de este premio Nobel de Economía y que ahora es la pieza central de la Teoría de los Juegos. Como vemos en el dilema del prisionero, no es un concepto intuitivo y no es deducible fácilmente a partir de la lógica individual. El propio von Neumann, de quien ya hemos hablado varias veces, no le prestó atención al joven Nash cuando éste se lo propuso.

Si alguien duda del análisis de la Teoría de Juegos, en este vídeo tiene una de las mejores demostraciones. También puede echar un vistazo a la imagen que abre la entrada. La lógica del dilema del prisionero está detrás de todos los problemas ahí señalados.

domingo, 12 de abril de 2009

Data ¿te has hecho ya el test (de Turing, por supuesto)?


Alan Turing fue matemático y, con von Neumann, uno de los padres de la informática. Como éste, Turing tiene también sus máquinas (las máquinas de Turing), que son aquellas que pueden replicar cualquier otra que realice algún tipo de cálculo o algoritmo bien definido. Estudió en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Demostró una especie de teorema de Gödel para sus máquinas Turing (una máquina no puede predecir, en general, si su algoritmo parará o no). Durante la Segunda Guerra Mundial ayudó de manera decisiva a romper los códigos de comunicación alemanes (la máquina Enigma, que codificaba, entre otras cosas, los mensajes con instrucciones a los temidos submarinos alemanes). Por haber contribuido a la victoria aliada fue distinguido con la Orden del Imperio Británico, justo reconocimiento a una de las personas que más vidas ayudó a salvar durante la contienda. Poco duró la gratitud del Imperio porque, repitiéndose la historia de Oscar Wilde, fue acusado de homosexual. Pudo evitar la cárcel al someterse voluntariamente a tratamientos hormonales y a una castración química que, finalmente, le llevaron al suicidio.

Una de las aportaciones más interesantes de Alan Turing se refiere a la pregunta sobre si las máquinas pueden pensar. En su artículo de 1950 titulado “Computing machines and intelligence” propone lo que se conoce como el “Test de Turing”. Básicamente viene a decir que si una persona no sabe distinguir si se está comunicando con una máquina o con una persona, no tiene sentido atribuir capacidad de pensamiento a la persona y no a la máquina. Turing describe someramente el test, sin llegar a decir cuánto debe durar o qué tipo de comunicación o de preguntas se deben hacer. La idea principal es darle la misma oportunidad a la máquina que a la persona. Turing concluye que este test reemplaza a la pregunta anterior sobre si las máquinas pueden pensar.

Añado varios comentarios:

1. Turing dijo explícitamente que la pregunta ¿pueden pensar las máquinas? carece de sentido, puesto que se refiere a algo no observable. Su test lleva, precisamente, la cuestión desde el campo de lo “no observable” al de lo “observable” (yo diría, por seguir metiendo el dedo en el ojo: de la metafísica a la empiria). Una vez hecho esto, podemos responderla sabiendo de qué estamos hablando.

2. Muchas de las resistencias para aceptar el test vienen a decir que “nunca una máquina pasará el test”. Esto puede ser cierto, pero no es la cuestión. La cuestión es que, si lo pasa, como Data en Star Trek, o como los androides del libro ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (en el que se basó la película Blade Runner), entonces no hay razón para no admitir su inteligencia, pensamiento, consciencia o cualquier otra característica de este estilo, a la máquina. Repito: si una máquina pasa el test es porque no se la puede distinguir de un ser humano.

3. Una máquina puede pasar el test durante un tiempo, para después ser desenmascarada. Esto sólo quiere decir que, cuanto más tiempo pueda durar pasando el test, más habrá dentro de la máquina de aquello que atribuimos al ser humano.

4. El test de Turing es el argumento más sencillo, práctico y elegante contra el solipsismo. De hecho, creo que no sólo es el único posible sino que, además, es el que aplicamos todos los días. El solipsismo viene a decir que un ser pensante sólo tiene garantizada su propia existencia. Los demás pueden ser sombras irreales que se le aparecen. Sin embargo en esas sombras vemos las mismas características que en nosotros mismos. Difícilmente nuestra mente podría estar creándolas, a no ser que creamos haber compuesto y ejecutado la Novena de Beethoven y escrito El Quijote para luego sorprendernos a nosotros mismos. Todas las personas que conocemos pasan el test de Turing (los enfermos avanzados de Alzheimer tal vez no).

viernes, 10 de abril de 2009

Al monte se va con botas: El ser y la casa


No sé si acabaré abriendo jarras de Pandora tras mi compromiso hace unas cinco de entradas de mostrar gente que va al monte sin botas. El caso es que en el Otto Neurath podéis leer una serie de comentarios sobre cuándo está acabada una casa y cuándo lo está un ser humano. Por alguna razón que se me escapa, la siguiente argumentación metafísica de un contertulio demuestra que una casa está acabada cuando se van los constructores, pero el ser humano lo está cuando únicamente tenemos son los planos contenidos en el ADN del cigoto:

“Al contrario de lo que ocurre con los movimientos transitivos, los movimientos vitales se caracterizan porque tienen fin: télos. Por eso el acto del ser humano es muy distinto del acto de una cosa hecha por el hombre como la casa. Hay dos sentidos principales de acto en Aristóteles (enérgeia y entelequia). El acto del ser humano es enérgeia. Es un acto — enérgeia — perfecto: en cuanto se ejerce, ya está en su fin. Cuando pienso, tengo lo pensado. No voy por lo pensado, sino que lo tengo. Si fabricara con mi conocimiento lo que conozco, ejercería mi conocer antes de conocer algo, lo cual es manifiestamente inadmisible. Por eso en el ser humano podemos hablar de intimidad (inmanencia), algo que no podemos afirmar de las cosas. Una casa no tiene “intimidad”.”

Me gusta especialmente eso de que “Cuando pienso, tengo lo pensado”. Cómo me gustaría poderle dar la razón, pero no os digo lo que aprovecharía para pensar. Hay trampas por todas partes en este discurso. Se define, sin ninguna evidencia, que el ser humano es perfecto, que tiene un fin, que su acto es enérgeia y que tiene intimidad. Vale, esto último puede tener algo de cierto (es decir, si no hay un gran hermano o un dios vigilante que le quite esa intimidad –mirad, si no, esta otra entrada también en el Otto Neurath-). No sé cómo se deduce que si el ser humano es perfecto, entonces un cigoto también lo es. Pero es que ni siquiera somos perfectos. Esta es otra cosa que me gustaría que fuera verdad. Así, el número de estultos dejaría de ser infinito.

El caso es que mi contertulio me acusa de que el problema es mío, que no me sé la metafísica. En su defensa he de decir que tampoco yo me expresé muy bien al contestar que “la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte”. ¿Alguien me la explica?

P.D.: Como reza en la cabecera de mi blog, a mi contertulio lo respeto, a pesar de que él llama nazis en su blog a los que no piensan como él (cosas de la metafísica bien entendida). A sus ideas, no.

jueves, 9 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Y parte 11.


Las pruebas de la evolución

(Puedes leer la parte décima aquí).



Voy a terminar la exposición de la Teoría de la Evolución con varios ejemplos de las pruebas que tenemos de la Evolución. Habrá más entradas que tengan que ver con la Evolución, pero serán ya acerca de las cosas que se deducen y no se deducen de ella y para hacer alguna aclaración metodológica. Lo que termina aquí es la exposición de la Teoría, en su versión inteligible para los no iniciados. He simplificado unas cuantas cosas aquí y allá para hacer entender el meollo del asunto, que es lo que me parece importante que tenga claro el público en general. Allá van las pruebas:

-El registro fósil. La Geología nos muestra cómo se puede calcular la edad de las distintas capas de los estratos sedimentarios que se observan en la Tierra. Un buen lugar para hacer estas observaciones son los cañones, donde la erosión ha dejado al descubierto muchas de estas capas, que llegan hasta cientos de millones de años en el pasado. En estas capas han quedado fósiles de animales y plantas que vivieron en esa época. Se observa en este registro fósil una continuidad de las formas y unos patrones compatibles con la Teoría de la Evolución. Por ejemplo, nunca se han observado animales complejos anteriores a los más simples. Un ejemplo de algo complejo como una lagartija en algún estrato anterior al origen de los vertebrados bastaría para invalidar la Teoría de la Evolución. Jamás ha ocurrido nada semejante.

-El ADN. Antes del descubrimiento del ADN se clasificaron los seres vivos según sus características físicas visibles. Esta clasificación, bien explicada por la Teoría vino a ser confirmada (los principios generales, no todos los detalles, que se alteraron con esta mejor evidencia) con el análisis del ADN. Además, el ADN proporciona el mecanismo predicho por la Teoría, como vimos en su momento.

-Las formas transicionales. Se encuentran formas transicionales perfectamente operativas para todos los órganos. Los ejemplos de ojos y alas incompletas son especialmente ilustrativos. También se encuentran órganos que pasan de tener una función para ser aprovechados en otra posterior. Por ejemplo, los huesos del oído en los mamíferos vienen de varios huesos de la mandíbula de especies anteriores. Los casos de patas delanteras que se hacen alas (aves voladoras), alas que se hacen aletas (pingüinos), patas que se hacen aletas (focas) o aletas que se hacen cuasi-alas (peces voladores) son más llamativos.

-Los órganos atrofiados. El apéndice que, en su día servía, según parece, para digerir con ayuda bacteriana un tipo de vegetales, hoy en día no tiene ningún uso.

-Las chapuzas en los organismos vivos. En una entrada pasada señalamos varias de estas chapuzas sólo en el ser humano.

-La evolución pillada in fraganti. Hemos pillado a la evolución haciendo de las suyas delante de nuestras narices. En el poco tiempo que ha durado la agricultura y la domesticación de animales, se han conseguido alterar de forma sustancial miles de especies. Algunas son ya incompatibles con sus variedades salvajes no domesticadas.

-La resistencia frente a las enfermedades. El propio ser humano tiene distinta adaptación según el ambiente en el que ha evolucionado. Los subsaharianos tienen más defensas frente a la malaria, los euroasiáticos más frente a la gripe y la peste.

-La mutación de los virus y bacterias. Los virus o bacterias demasiado virulentas acaban matando el organismo del que se aprovechan. Las versiones menos letales de la bacteria que la causa la sífilis son las que han sobrevivido hasta el presente.

-Los elefantes. Debido a la caza furtiva, los elefantes mutantes que carecen de colmillos tienen más posibilidades de sobrevivir. En los últimos años este tipo de elefantes representa ya el 10-15% de los nuevos nacimientos entre los elefantes asiáticos y llega hasta el 30% en algunas zonas para el elefante africano.

-Los embriones. Los embriones de los animales muestran rasgos de antepasados comunes. El embrión del delfín es sorprendentemente parecido al humano. Desarrolla, incluso, pequeñas patas traseras que luego pierde.

-La evolución convergente. Organismos que provienen de distintos antepasados y que comparten un nicho ecológico, acaban compartiendo características comunes presionados por el medio ambiente idéntico en el que se encuentran. Salamandras (anfibios) y salamanquesas (reptiles), delfines (mamíferos) y tiburones (peces) son sólo un par de ejemplos.

(Otra entrada sobre la Teoría de la Evolución que te puede interesar: Halcones y palomas).

martes, 7 de abril de 2009

La metafísica al poder


Acabo de enterarme de la remodelación del gobierno. ¡Un especialista en metafísica y hermenéutica como Ministro de Educación! Voy a tener que medir mis palabras, no sea que me despidan.

lunes, 6 de abril de 2009

La enfermedad de los homosexuales

Leemos en El País que recientemente se ha llamado, desde la libertad de cátedra, enfermos y pervertidos a los homosexuales. A pesar de que ontológicamente sean dignos, según la profesora, también son pervertidos, por lo que habrá que concluir que están dignamente pervertidos. Cada día me gusta más la metafísica.

Pero no voy a hablar de la perversión, sino de la enfermedad. Aquí tendremos otros metafísicos que nos dirán que está claro lo que es y lo que no es una enfermedad, y que la enfermedad, además, hay que curarlas por imperativo categórico, deduciendo un una proposición normativa de una positiva (como debe ser, pensarán). No sé si la homosexualidad es una enfermedad o no para algún sentido de la palabra. Consideremos lo siguiente. Si un Homo sapiens tiene una mutación y sale con la piel más clara que sus antecesores, ¿es eso una enfermedad?

-No vale, el color de la piel puede ser una buena adaptación.

-Es que no he dicho todavía que este Homo sapiens está en África. Ahora ¿qué?

Seguro que querríamos hablar de daños para la salud, errores genéticos y cosas así. Los genes no cometen errores porque no quieren hacer nada. El ADN se replica de una manera fiel al original o no. Podemos llamar a eso error, pero de algunos de esos errores hemos nacido nosotros. ¿Es una enfermedad ser zurdo? ¿Y si los zurdos tienen un año menos de esperanza de vida? Pongamos que hay una cura para los zurdos, ¿qué pasa si uno no quiere curarse? No es contagioso, así que no hay defensa propia por parte de los diestros.

Es posible que la genialidad de Eisntein y otros sabios estuviera ligada a unas carencias para el trato social. ¿Es eso una enfermedad? ¿Curamos a Einstein? ¿Quiere él curarse? ¿Queremos nosotros?

Tal vez haya una componente genética en la homosexualidad, tal vez haya una componente ambiental en el desarrollo del feto o tal vez una social en la escuela o la familia (dada la invarianza del hecho homosexual, más parece que sea alguna de las primeras causas y me inclino por la segunda). Antes de escandalizarnos, pensemos que la causa de la heterosexualidad será de la misma naturaleza que la de la homosexualidad. Sólo quien pide una finalidad a la naturaleza, y le pide que sean los que él piensa que son, podrá hablar de no seguir sus fines. Desde el punto de vista de los derechos, es elección de la persona seguir una conducta u otra, y eso es lo que se debe respetar y proteger. Pero lo cierto es que yo no he elegido ser heterosexual, como otros no eligen ser homosexuales.

Es posible que ser homosexual no sea una buena manera de transmitir genes. Desde nuestro punto de vista (seres vivos, no genes) puede importarnos poco, como hay gente a la que no le importa la abstinencia. Desde el punto de vista de los genes …

-¿Qué? ¡Los genes no tienen punto de vista!

-De acuerdo, es metáfora.

Desde el punto de vista de los genes tal vez sea un error …

-¡Que no hay errores!

-Lo sé, lo sé. Dame un chance.

Tal vez sea, digo, un error producir homosexuales. Pero es que tal vez el proceso de diferenciación sexual tenga por inevitable que se produzcan tanto homosexuales como heterosexuales, como tal vez sea inevitable que se produzcan zurdos o genios. Si la probabilidad de reproducción en caso de ser heterosexual compensa la falta de ésta al ser homosexual, el proceso es perfectamente darwiniano a falta de otro proceso mejor.

El proceso de diferenciación sexual produce lo que produce, y eso servirá, en probabilidad, para reproducirse mejor o no. Todos somos producto de este proceso. Ser un macho humano es tener una enfermedad que nos quita unos cuantos años de esperanza de vida con respecto a las hembras ¿quién se quiere curar? Ser hembra implica tener menos fuerza física y exponerse a ser maltratada ¿alguna quiere pasar por el quirófano? Que yo sepa, ser homosexual no implica demasiadas complicaciones. No quita esperanza de vida y no duele. O, por lo menos, no son complicaciones que hagan que todos quisieran curarse si pudieran (la mayoría no quiere). La única complicación que pueden tener es la que les impongamos los demás, como los maltratadores a las mujeres. Eso sí debe tratarse, que la intolerancia es contagiosa.


P.D.: La imagen que encabeza la entrada es del monumento a Alan Turing, uno de mis homosexuales favoritos. Algún día escribiré sobre él.

domingo, 5 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 10.

El sexo aburrido de las bacterias y otros ingenios

(Puedes leer la parte novena aquí).


Todavía no hemos acabado con el primero de los principios de la Teoría de la Evolución, el que se refiere a la variabilidad. Hasta ahora hemos considerado que se debía a mutaciones en el ADN producidas al copiarse éste de manera no fiel al original. Hay otros momentos en que puede haber variación en el ADN, como cuando éste es alterado por la radiación ultravioleta y reparado por la célula con alguna diferencia con respecto al original. Si esto ocurre en el espermatozoide o en el óvulo, nacerá un ser que acumulará una mutación con respecto a los progenitores. Todavía puede haber más maneras de generar variación en la carga genética. Las bacterias, por ejemplo, pueden intercambiar material genético por contacto, a través de un virus o incorporando el material de bacterias muertas. Todo esto, incluso, con bacterias de distinta especie. No llega a ser como el sexo, pero es un comienzo.

Un campo de estudio genético en boga es la epigenética. Ocurre que, sin alterar la estructura del ADN, es posible que se desactiven o activen algunos genes dependiendo de circunstancias externas. Esto es importante para el tratamiento de algunas enfermedades con componente genética. Pues bien, parece que también es posible que alguno de los genes que estaban activados en el progenitor y que se desactivaron por razones ambientales, pueden pasar desactivados a la descendencia. Para más detalles ved este artículo en Apuntes científicos desde el MIT. Esto agradaría, sin duda, a Lamarck, aunque no parece que los investigadores estén por destronar a Darwin para ponerlo en su lugar. Más bien interpretan este hecho en términos darwinianos ya que requieren del ADN, el mecanismo darwiniano de variación y herencia.

Todavía hay más. Puede haber cambios en el ADN por manipulación genética. La única causa de esta manera de variar el ADN encontrada hasta ahora es la humana. Desde hace unos pocos años que se comienza a hacer este tipo de alteraciones. Los alimentos transgénicos son unos ejemplos de ingeniería genética. Otro es el tratamiento de algunas enfermedades. Por ejemplo, para el grupo de enfermedades relacionadas con la presencia de hemoglobina distinta de la normal, se propone el tratamiento que consiste en retirar células de la médula ósea del enfermo, introducir en ellas el gen correcto mediante un virus y devolverlas al torrente circulatorio. Otro tipo de tratamiento consiste, no en alterar el genoma del paciente, sino el de una bacteria para que produzca la sustancia (insulina, por ejemplo) que el paciente no puede producir. La ingeniería genética actual es lo más parecido a un diseñador inteligente que hemos podido observar.

Mis estrambotes:

1. Espero que quienes estén en contra de los transgénicos por razones de principio (¿cuál?) no estén en contra de las personas transgénicas a las que les han añadido el gen de la hemoglobina o de las bacterias transgénicas con el de la insulina.

2. No he incluido en la lista la selección genética debida a la domesticación. En esa parte, el ser humano incide en el segundo principio de la Teoría, creando él el ambiente en el que tienen más éxito unas u otras características genéticas. Dicho de otra manera, en la ingeniería genética, el ser humano busca un gen y lo mete en otro sitio. En la domesticación, el gen se produce por mutación y lo que hace el ser humano es seleccionarlo al seleccionar el ser vivo que lo contiene.

Puedes leer la parte undécima y última aquí.

viernes, 3 de abril de 2009

Al monte se va con botas o ¡si tuviera un martillo...!

Para ir al monte hay que equiparse. Si uno lleva el calzado inadecuado podrá perder interés en la subida por ganarlo en el descanso o en objetivos secundarios, como recoger bayas.

Hay una máxima en psicología que dice que si únicamente tenemos un martillo por herramienta,  todo se nos vuelve clavos.

Esto que parece un chiste encierra grandes verdades y explica grandes sesgos en nuestro razonamiento. Pondré unos pocos ejemplos que espero desarrollar en futuras entradas (pero no me comprometo en cuán futuras serán):

-Hay políticos que no pasaron del estudio de los mercados competitivos y creen que todo en la economía funciona como en ellos.

-Hay filósofos que quieren resolver problemas de elección en situaciones de incertidumbre usando la lógica proposicional.

-Hay lógicos que extrapolan las conclusiones de la racionalidad individual a los grupos de individuos.

-Hay metafísicos que quieren llegar a conclusiones sobre el origen de la consciencia usando sólo el lenguaje.

-Hay juristas que pretenden deducir qué leyes son las justas a partir de principios metafísicos.

Hace falta equiparse con la Economía, la Teoría de la Probabilidad, la Teoría de Juegos, la Biología y las Ciencias Sociales, respectivamente, (y no únicamente con ellas) para poder estudiar con mínima coherencia cada uno de esos temas.

Voy a poner sólo un ejemplo para empezar. Hegel criticó la física de Newton (aquí la comentamos en su día) con citas como estas que aparecen en su Enciclopedia de las Ciencias Filosóficas:

. «[...] hay que cobrar conciencia de la inundación que sufre la mecánica física por parte de una metafísica indescriptible que contra experiencia y concepto tiene como fuente única aquellas determinaciones matemáticas»

«La ilusión fundamental en el empirismo científico es siempre la misma: utiliza las categorías metafísicas de materia y fuerza, además de las de uno, múltiple, universalidad, infinito, etc., y siempre sin advertir su contenido metafísico, utilizando estas categorías y sus relaciones de manera acrítica e inconsciente»

Supongo que entendéis tanto como yo lo que significa lo anterior (nada). Hegel comenzó cuestionando el concepto de fuerza en Newton, que no se sabía bien lo que era. A continuación intentó alguna manera de poder resolver el problema reivindicando la Física de Aristóteles y acabó deduciendo por una extraña combinación de metafísica y numerología que no podían existir más cuerpos en órbita alrededor del Sol de los ya conocidos. Justo un año después se descubrió el asteroide Ceres entre Marte y Júpiter, donde Hegel decía que no podía haber nada. Más tarde se clasificó como asteroide y no como planeta, pero esto es otra historia.

Una coda:

Newton, en cambio, era consciente de que el elemento "fuerza" de su mecánica no estaba explicado. Sin embargo también era consciente que al relacionarla con la masa y la aceleración en su segunda ley permitía una comprensión del mundo muy superior a la que había en ese momento. El no entretenerse en cuestiones metafísicas le permitió avanzar. No estaba el propio Newton libre de pecado, pues, aunque sin relación con su Física, sí se enredó en otras metafísicas teológicas. Pero claro, por ellas no pasó a la posteridad.

miércoles, 1 de abril de 2009

La Teoría de la Evolución: La Historia Más Asombrosa Jamás Contada. Parte 9.

El cerebro y la mente

(Puedes leer la parte octava aquí).



Una de las cosas que implica la Teoría de la Evolución y que puede ser empíricamente demostrada es el gradualismo. Significa este término que no hay saltos, por así decirlo, en la evolución. Cada órgano, cada habilidad, se ha ido construyendo poco a poco y de tal manera que cada paso debe constituir una mejora en sí misma. Vimos en su momento el caso del ojo, pero sin duda que es la consciencia la habilidad o característica más asombrosa de las que se observan en el mundo de la biología.

Los seres humanos somos conscientes de nosotros mismos, tenemos un yo, una identidad, somos capaces de pensamientos y de ideas abstractas. De entre de ellas, la idea de nosotros mismos es una de las más poderosas y, sin duda, es la más real. No sabemos bien cómo definirlo, pero todos nos entendemos cuando lo decimos.

Hay varios momentos de la evolución que son especialmente complicados y todavía no bien conocidos. Aunque ya dijimos que no competía a la Biología, sino a la Química, el origen de la primera estructura autorreplicante es uno de ellos. Otro momento es el origen de la célula y otro más el de la primera célula con núcleo. El origen y naturaleza de la consciencia añade uno más a estos momentos importantes. Llegados a este punto habrá quien esté tentado de dejar de investigar y de poner a un diseñador o un dios de por medio. Corre el peligro de quedarse con un dios menguante a medida que se vayan comprendiendo estos temas.

Una cosa es cierta; a pesar de que no sabemos cómo comenzó la vida, sabemos que algunas moléculas orgánicas básicas se pueden formar fácilmente en la naturaleza, que en las formas vivas éstas moléculas están presentes y que no hay elemento constitutivo de la materia de los seres vivos que no esté en la naturaleza. La diferencia entre materia viva y materia inerte es de organización. Algo parecido podemos decir con el origen de las células. El caso de la consciencia parece distinto. No vemos de qué está constituida. Bien pudiera ser algo distinto a todo lo que hay en el mundo físico que nos rodea. ¿Es así?

Echemos un vistazo a ver qué datos encontramos alrededor:

-Las plantas no parecen seres conscientes, tampoco los organismos unicelulares o los insectos, que nos recuerdan más a autómatas que a los animales superiores. Recordemos que hablamos de consciencia, no sólo de algún tipo de procesamiento de la información del entorno y de reacción frente a ello.

-Hay animales que muestran más consciencia de sí mismos que otros. Pocos animales se reconocen a sí mismos en un espejo. Los grandes simios y, si acaso, el elefante y el delfín. Es poca cosa, sí, pero es que otros animales ni siquiera llegan a ese nivel. Algo hay en la mente de los chimpancés que no hay en la de un ratón o un cocodrilo. Algo que está más cerca de una consciencia como la nuestra.

-Hay animales que muestran más signos de inteligencia que otros, como la capacidad para resolver problemas, usar un lenguaje, jugar o relacionarse socialmente.

-En el Homo sapiens, cuanto más atrás vamos en el tiempo, más nos acercamos al antepasado común con el chimpancé. ¿En qué momento se hicieron conscientes nuestros antepasados? En realidad no puede haber un momento. Cualquiera que sea el punto en que hagamos el corte y digamos “de ahí para adelante todos somos Homo sapiens, pero para atrás no” ocurrirá el hecho curioso que esa generación será más parecida a sus padres que a nosotros mismos.

-Ha habido otras especies de homínidos, cada una con su grado de inteligencia y de consciencia. El Homo habilis, por ejemplo, fue capaz de tallar piedras, pero parece que esto es lo único que supo hacer durante un millón de años.

-El desarrollo de cada individuo parte de la formación de un cigoto que se transforma en embrión, que se implanta y llega a ser feto y, a partir de ahí un bebé, un niño, un adolescente y un adulto. Ni en el cigoto ni en el feto hay consciencia, pero en el adulto sí. No hay un momento mágico en que pasamos de la no consciencia a la consciencia. Hay un proceso gradual.

-Hay enfermedades y malformaciones genéticas que impiden que el cigoto desarrolle una consciencia plena. Hay enfermedades terribles que hacen desaparecer poco a poco esta consciencia de un adulto.

-Todos los desarrollos anteriores están relacionados con el tamaño del cerebro, su organización y la complejidad de las redes neuronales que se producen por las sinapsis (conexiones químicas entre neuronas). Los escáneres muestran cómo distintas zonas del cerebro están ligadas a distintos tipos de pensamiento.

No sabemos cómo se desarrolla la noción de ser un ente que se piensa a sí mismo y que desarrolla sentimientos y raciocinio, pero sí sabemos que este desarrollo es gradual, y que no tiene por qué haber ningún constituyente distinto de los que ya encontramos en el mundo biológico. Todo es cuestión de alcanzar un nivel de complejidad en el cerebro tal que éste vaya, poco a poco, recabando información y estímulos, no sólo del mundo exterior, sino de sí mismo. La mente es un producto de un cerebro asombrosamente organizado. No por eso es menos maravillosa.

Puedes leer la parte décima aquí.