sábado, 31 de octubre de 2009

Réquiem por la metafísica


La metafísica quiere estudiar el ser. Su hermana la teología quiere estudiar un ser principal llamado dios. Ninguna sabe definir su objeto de estudio. Tampoco su método de estudio, que, hasta donde alcanzo, es algo así como:
“Vamos a ver hasta dónde llegamos usando nuestras intuiciones y nuestros prejuicios acerca de conceptos como espacio, tiempo, causalidad, extensión, esencia, fin, y algunos más.”
Se me dice que en los últimos tiempos la metafísica hace las cosas mejor. Que ha dejado su objeto de estudio, ahora se interesa por la ciencia, las matemáticas, la lógica,… Se me dice también que usa nuevos métodos, que define las cosas con precisión y que sabe de lógica, de matemática y de ciencia. O que metafísica es pensar que existe la realidad que intentamos comprender.

Lo que pasa es que si uno cambia de objeto de estudio y de método, no sé por qué se empeña en no cambiar de nombre a lo que hace, puesto que está haciendo algo completamente distinto. No seré yo quien prohiba a nadie poner el nombre que quiera a lo que hace, pero puede inducir a confusión. Los aerogeneradores para producir energía a partir del viento suelen ser llamados "molinos de viento". Ciertamente no son molinos. No me opongo a que se llamen así siempre y cuando sepamos que los molinos a los que se enfrentaba Don Quijote y los aerogeneradores hacen cosas completamente distintas.

Si se quiere formular hipótesis en física, eso se llama física. Si se quiere estudiar el método científico, se llama metodología o epistemología. Si se quiere estudiar el fundamento de la teoría de la probabilidad, eso se llama fundamentos de la teoría de la probabilidad. Si se quieren buscar maneras en las que puede ser lo que no conocemos, eso se llama especular o proponer hipótesis. Si se quiere ensoñar cómo puede ser aquello que no podemos conocer, se llama también especular o imaginar. Si se quiere pensar en lo que significa toda la ciencia, literatura y, en general, toda actividad humana en la manera de colocarnos en el mundo, eso se llama filosofía. Pensar que existe la realidad que intentamos comprender se llama vivir.

La metafísica estuvo bien cuando no sabíamos nada y empezamos a indagar. Dejó de tener sentido cuando supimos hacer ciencia. Desvarió cuando quiso retorcer el lenguaje para hacerle decir que los prejuicios de una religión eran proposiciones de la razón. Resulta patético su intento de recobrar un sitio en el mundo queriéndonos convencer de que hacer ciencia o vivir es hacer metafísica.
La metafísica murió hace tiempo, sin producir más conocimiento que el de su propia limitación. No hace falta resucitarla.

jueves, 29 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 11.

La información privilegiada

La Teoría de los Juegos tuvo su primer Nobel en 1994 cuando se premió a John Nash, Reinhard Selten y John Harsanyi. Los fundadores de la Teoría, John von Neumann y Oskar Morgenstern no estaban para verlo. Se premió a los que propusieron la resolución de los juegos estáticos (Nash), dinámicos (Selten) y los juegos con información privada o bayesianos (Harsanyi). Hemos visto ejemplos de los primeros, veamos ahora qué es esto de la información privada y qué problemas plantea.

En el juego del ajedrez, todo lo que hay que saber para decidir en cada momento está en el tablero de juego, a la vista de todo el mundo. En el juego del póquer no. Cada jugador tiene información privada sobre sus cartas. El análisis de estos juegos puede hacerse muy complejo. Tanto que el propio modelo de juego no se formalizó hasta que Harsanyi propuso su teoría. Vamos a explicarlo con algún detalle, porque constituye uno de los logros más importantes de la Teoría de los Juegos.

Pongamos que un hincha del Madrid se topa con uno del Barça. Cada uno cree que su equipo ganará la liga. Tanto lo creen, que están dispuestos a apostar cantidades importantes de dinero. Sin embargo, a nada que uno examine esta apuesta, encuentra algo de irracional en ella. No puede ser que ambos cuenten con información que les permita tener una seguridad tan alta de ganar. Imaginemos que el hincha del Madrid tiene información privilegiada acerca de un fichaje estrella que se va a hacer en el mercado de invierno y que aumentará considerablemente la capacidad goleadora de su equipo. Es información que casi nadie conoce, así que el hincha del Barça difícilmente sabrá de ella. Por eso el hincha del Madrid apuesta.

Pero si el hincha del Barça está dispuesto a aceptar la apuesta. ¿Pensará que el del Madrid es tonto? ¿pensará que el del Madrid sabe algo que le hace estar seguro de ganar? En este último caso debería desconfiar de sus perspectivas de ganar. ¿Pueden ambos tener razón a la vez?

Por supuesto, que en el caso de hinchas fanáticos, el amor a sus colores les puede hacer comportarse de manera irracional. Pero pensemos que en lugar de sendos aficionados son flemáticos gentlemen en una casa de apuestas británica. ¿Pueden tener ambos información privilegiada?

Por fijar ideas, pongamos que se trata de saber si el apostante A puede pensar que el Madrid ganará con probabilidad 2/3 y el apostante B que ganará el Barça con probabilidad 2/3. Obviamente uno de los dos (o los dos) está equivocado.

Pongamos que al comenzar la liga todo el mundo está de acuerdo en que las probabilidades son de 2/3 para el Madrid y de 1/3 para el Barça, y que, desde el comienzo de la liga hasta el momento en que se cruzan las apuestas ha podido ocurrir una de dos cosas, o bien un jugador del Barça se enferma o bien no se enferma. Si se enferma, las probabilidades del Barça son nulas, pero si no se enferma pasan de 1/3 a 2/3. La probabilidad de que el jugador enferme es del 50%. De hecho, todo el mundo tenía en cuenta estas posibilidades y por eso, antes de saber si está enfermo las probabilidades del Barça se ponían en 50% x 0 + 50% x 2/3 = 1/3, que es lo que teníamos antes de comenzar la liga.

Ahora, si el apostante B tiene información sobre el estado de salud del futbolista del Barça y el apostante A no la tiene, esta información puede ser de dos tipos “el jugador del Barça está enfermo” o “el jugador del Barça está sano”. El apostante B sabrá lo primero con probabilidad 50% y lo segundo con probabilidad 50%.

Ahora es posible que el apostante A se enfrente en la apuesta al apostante B que tiene la información “el jugador del Barça está sano” y que, por tanto, el primero piense que el Madrid ganará con probabilidad 2/3 y el segundo que el Barça lo hará con probabilidad 2/3. Lo que hace compatible esta situación es que sólo es posible porque se produce con probabilidad 50% ya que con otra probabilidad 50% el apostante A tendría enfrente al apostante B que tiene la información “el jugador del Barça está enfermo”. En ese caso el apostante B pensaría que la probabilidad de ganar para el Barça es de 0.

Por supuesto que la historia podría ser mucho más complicada, y que hubiera posibilidad de información privilegiada sobre los jugadores del Madrid, o sobre la información que tiene el oponente. Esto último lo puede liar todo. Por ejemplo, podemos tener que

“el apostante A sabe que el apostante B sabe que el jugador del Barça está sano, el apostante B no sabe si A sabe esto, pero le asigna alguna probabilidad”.

La complicación puede llegar hasta el infinito. Pues bien, gracias a Harsanyi sabemos que la estructura de información no puede ser tan complicada que el juego no pueda responder al modelo tradicional en el cual toda la información viene de la distinta observación acerca de movimientos aleatorios de la naturaleza, a semejanza de la observación particular que tiene cada jugador de póquer después de barajar y repartir.

lunes, 26 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 10.

La quema de las naves

Después de estudiar los juegos estáticos, de los que hemos visto ejemplos, el siguiente paso es estudiar los dinámicos. La diferencia es el paso del tiempo y, con él, la posibilidad de ir observando el desarrollo del juego. En particular, se podrán observar las jugadas pasadas, como en el ajedrez.

Veamos un ejemplo. En 1519 Hernán Cortés parte de Cuba con 11 naves, 518 infantes, 16 jinetes, 13 arcabuceros, 32 ballesteros, 110 marineros y unos 200 auxiliares de tropa, 32 caballos, 10 cañones de bronce y 4 falconetes. Se planta en la costa mexicana y funda Veracruz. Allí sabe de un imperio en el interior con capital en Tenochtitlán y se lanza a su conquista, después de conseguir que se le unieran 13.000 guerreros totonacas. El resultado de la empresa es incierto. La viruela, las armas de fuego y las espadas de acero, junto con la complicidad de algunos pueblos indígenas ayudan, pero nadie sabe qué pasará cuando se llegue ante el ejército de Moctezuma.

Si las cosas se presentan duras, siempre es posible una retirada. Pero si la retirada es una opción agradable para la tropa (más aún cuando el plan de Hernán Cortés era una rebelión contra el gobernador de Cuba), tal vez no peleen con todas su fuerzas. La acción de Hernán Cortés fue quemar las naves para forzar a sus hombres a combatir. Sin las naves el lema no es “¡Victoria o retirada!” sino “¡Victoria o muerte!”.

Veamos el juego. La victoria puede ofrecer beneficios por valor de 10 a la tropa si se consigue sin esfuerzo y de 7 si se consigue con esfuerzo. La retirada produce un beneficio de 4. La derrota se produce con probabilidad 1/2 si el esfuerzo es poco y con probabilidad 4/5 si el esfuerzo es alto. La derrota significa la muerte (beneficio 0) si no hay huída posible.

Así, si las naves están listas para la retirada en caso de necesidad, y si la tropa hace esfuerzo bajo tendrá una recompensa de

1/2 x 10 + 1/2 x 4 = 7.

Si, en cambio, se esfuerza, tendrá

4/5 x 7 + 1/5 x 4 = 6,4.

La opción es clara: ¡A escaquearse tocan!

Sin las naves, las consecuencias son distintas. Con esfuerzo se obtiene

4/5 x 10 + 1/5 x 0 = 8,

mientras que sin esfuerzo las consecuencias son

1/2 x 10 + 1/2 x 0 = 5.

La opción mejor ahora es esforzarse.

Anticipando esto, Hernán Cortés decide quemar las naves, puesto que el beneficio será de 8, en lugar de 7. A nada que el beneficio de la tropa sea proporcional al beneficio de la campaña, también será lo mejor para la tropa. Todo el mundo prefiere quemar las naves. Menos los nativos, claro.

sábado, 24 de octubre de 2009

El fin y los medios


La maquiavélica expresión de que el fin justifica los medios es una manera de hablar de alguien que supedita todo a un fin concreto, sin reparar en los costes que para sí o para los demás tiene el llegar a ese fin. Ganar una guerra o una revolución justificaría millones de muertes, por ejemplo.

Cuando alguien me pregunta si yo creo que el fin justifica los medios, el economista que hay en mí siempre contesta que depende de qué fin y qué medios. Los fines que tiene uno en mente siempre son variados y suelen ser del tipo de respuestas de Miss. Universo: la paz en el mundo, la igualdad de los seres humanos, la felicidad para todos, el trabajo, la prosperidad, la educación, la libertad y la salud universales,… El problema está, como siempre, en que estos objetivos suelen ser incompatibles entre sí y que cada uno tenemos una idea distinta de cuánto de un objetivo estamos dispuestos a renunciar a cambio de llegar más allá de algún otro. Para esto no hay una solución única dictada por ninguna razón moral, hay preferencias de cada ser humano.

Si el perseguir el objetivo A en un momento determinado implica renunciar en parte al objetivo B tenemos un doble efecto en la función objetivo, la que marca los fines. El renunciar al objetivo B puede entenderse como un medio para conseguir el fin A, pero ambos objetivos son parte de los fines.

¿Cuáles son, entonces, los medios? Los medios son los mecanismos por los cuales los seres humanos nos interrelacionamos. En los ámbitos económicos, el mecanismo puede ser un sistema de mercado, un monopolio, una subasta, un sistema de decisión centralizada, una regulación de un mercado, un sistema de impuestos, … Cada uno de estos mecanismos, en un ámbito determinado (el de la provisión de bienes privados o públicos, con o sin generación de externalidades, con abuso o no de posición dominante, con problemas o no de información…), producirá unas consecuencias determinadas en la lista de objetivos de Miss. Universo. Esas consecuencias son las que debemos evaluar, no el mecanismo particular que lleva a ellas.

Sin embargo, suele suceder que un grupo ideológico está encariñado por algún tipo de mecanismo que propone en cualquier situación. Para algunos, el mercado lo resuelve todo. Para otros es el Estado quien es omnipotente. Para unos el mecanismo que homogeniza derechos y deberes aquí y en Constantinopla es el no va más, para otros el respeto a las tradiciones is the way to go. Seguro que las cosas hoy en día no son tan extremas, pero aún así, tenemos este tipo de actitudes. Se dice, por ejemplo, que cobrar por entrar con el coche al centro de las ciudades es injusto porque sólo los ricos podrán pagárselo, o que el Estado no debe interferir en la decisión de asegurarse de los ciudadanos porque atenta contra la economía de mercado. Estas son preferencias sobre los mecanismos, y no sobre los objetivos.

Puede ser que no esté bien cobrar por entrar a la ciudad ni imponer un seguro obligatorio (o sí), pero no lo será por las razones expuestas. Habrá que ver cómo afectan a las cosas que realmente nos interesan. Si no, será difícil ponerse de acuerdo.

En definitiva, que cuando uno se encariña demasiado con un mecanismo (o con uno solo de los fines, sin poner en perspectiva lo que pasa con los demás), sea por tradición nacionalista, por revelación religiosa o por adscripción ideológica, lo tendrá más difícil para ponerse de acuerdo con los demás y vivir en sociedad. A no ser que los demás compartan sus cariños, claro.

miércoles, 21 de octubre de 2009

El aborto a los 16 años revisitado

Hace algunas semanas que señalé la poca relevancia de planteamientos apriorísticos para legislar si debe ser la menor de 16 0 17 años o sus padres quienes puedan decidir sobre abortar o continuar el embarazo de la menor. Argumentos como “si puede tener relaciones sexuales y casarse, puede decidir si abortar” o “si los padres tienen la patria potestad deben decidir” son bastante inútiles. ¿Cuál aplicamos? Dada la contradicción de los distintos principios, sugería que miráramos la situación según las preferencias de la chica a los 18 años. ¿Cómo? Hice una explicación verbal que ahora voy a apoyar con algo más de rigor.

Pongamos que se decide que la menor de edad sea autónoma en su decisión. Pueden ocurrir cuatro cosas:

  1. La menor prefiere abortar y, al cumplir la mayoría de edad, se ratifica.
  2. La menor prefiere abortar, pero al cumplir la mayoría de edad se arrepiente.
  3. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se ratifica.
  4. La menor decide continuar el embarazo y, a los 18 se arrepiente.

Mediante encuestas, podría ser posible estimar cuántas chicas que se quedaron embarazadas entre los 16 y 17 años están en cada situación. Pongamos que las probabilidades de cada caso son P1, P2, P3 y P4, respectivamente (estos cuatro números han de sumar la unidad).

Ahora viene lo más difícil. Habrá que hacer una estimación del grado de satisfacción o insatisfacción de la chica ya mayor de edad. Para no cargar las palabras de demasiado significado, llamemos utilidad a este concepto. Sea U(A,A) la utilidad que la mayor de edad deriva del hecho de haber abortado cuando esa es su preferencia ahora. Sea U(A,NA) la utilidad de haber abortado cuando ahora se arrepiente. Sean, finalmente U(NA,A) y U(NA,NA) las utilidades de no haber abortado cuando se arrepiente y cuando se ratifica, respectivamente.

Con este planteamiento la utilidad esperada de la mayor de edad al dejar que la menor tome la decisión será:

U(decide la menor) = P1xU(A,A) + P2xU(A,NA) + P3xU(NA,A) + P4xU(NA,NA)

Si ahora hacemos lo mismo para el caso en que decidan los padres, tendremos nuevamente cuatro posibilidades:

  1. Los padres deciden el aborto y, al cumplir la mayoría de edad, la joven se muestra de acuerdo con lo decidido. 
  2. Los padres deciden el aborto, pero a los 18 años la chica muestra su disconformidad.
  3. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica está conforme.
  4. Los padres deciden que no aborte y, a los 18, la chica se muestra disconforme.

Ahora tendremos nuevas probabilidades de ocurrencia de cada uno de estos casos, sean Q1, Q2, Q3 y Q4, respectivamente. Como antes, la utilidad esperada de la chica mayor de edad en este caso será:

U(deciden los padres) = Q1xU(A,A) + Q2xU(A,NA) + Q3xU(NA,A) + Q4xU(NA,NA)

De qué manera la ley provocará el menor daño (o la mayor utilidad de la joven mayor de edad) depende de los valores relativos de las probabilidades P’s y Q’s y de la valoración de la joven mayor de edad de cada uno de los casos posibles. No hay apriorismos en este tratamiento. Hay un deseo de que se respeten las preferencias de la mayor de edad, que es la persona que, según la ley, tiene la capacidad de decisión. Como la ley no sabe las preferencias futuras de cada menor deberá buscar la manera de causar el menor daño.

Así, si:

P1=0,4, P2=0,1, P3=0,1 y P4=0,4

Q1=0,3, Q2=0,2, Q3=0,1 y Q4=0,4

U(A,A) = U(NA,NA) = 1

U(A, NA) = U(NA, A) = 0,

Tendremos que

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,3x1 + 0,2x0 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,7.

Por el contrario, si las probabilidades Q cambian a

Q1=0,4, Q2=0,2, Q3=0 y Q4=0,4

y las utilidades son como antes, excepto que ahora U(A, NA) =0,5, tendremos:

U(decide la menor) = 0,4x1 + 0,1x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,8

U(deciden los padres) = 0,4x1 + 0,2x0,5 + 0,1x0 + 0,4x1 = 0,9.

Si, es un ejemplo, los estudios estadísticos, psicológicos, etc. muestran que la realidad se asemeja al primer caso, convendría que la ley dejara la opción a la menor. Si los estudios muestran que se asemeja al segundo caso, es otro suponer, debería dejar la opción en manos de los padres.

domingo, 18 de octubre de 2009

Concierto para vascos. Segundo movimiento.

El Concierto Económico Vasco tiene su origen en 1876, con la abolición de los fueros tras la tercera guerra carlista. Recordemos que España, como muchos países europeos, se formó con la unión de distintos territorios más o menos independientes legados tras la larga historia medieval. España se unió antes que la mayoría de los países europeos, lo que no quiere decir que superara las tensiones territoriales antes.

Aquí y allá algunos pueblos se sentían, con o sin razón, más o menos favorecidos en el proceso. Algunos territorios se unieron por conquista, otros lo hicieron de buena gana, otros se unieron en el entendimiento de que se respetaba cierta autonomía. La historia es larga. Lo que hoy es la Comunidad Autónoma Vasca perteneció la mayor parte del tiempo a la Corona de Castilla, como territorios cuyas leyes debía jurar el rey castellano. Esta situación era cómoda para ambas partes. Los vascos estaban a gusto en ella. Su entendimiento era que pertenecerían a la Corona de Castilla mientras se respetaran sus fueros. Navarra, por el contrario, fue conquistada (y no toda) en 1512. Con todo, a pesar de perder esa guerra, se le permitió conservar también algunas de sus leyes.

El siglo 19 fue el siglo en que se intentaron llevar a la práctica política las ideas de la Ilustración, de la razón y el siglo que vio el nacimiento del liberalismo político y económico. La convivencia en un territorio de distintas leyes y de aduanas internas suponía una rémora al desarrollo. Las teorías modernas del Estado requerían una unificación territorial y de derechos. Estos procesos pueden hacerse por las buenas o por las bravas. En Francia se hizo por las bravas, con una Revolución. Salió bien, porque tras ella se impuso un ideal republicano que consiguió el apoyo mayoritario de la población. Los respetos a los derechos individuales y la educación universal prevalecieron sobre los derechos asociados a los territorios o a los estamentos sociales.

En comparación, el caso del Reino Unido se hizo algo más por las buenas, con las distintas Acts of Union, aunque en el caso de Irlanda se empezó con mal pie, al no dejar que los católicos pudieran estar en el parlamento. Aunque la cosa fue mejorando, el daño ya estaba hecho.

En España hubo líos desde el comienzo. Primero con la invasión francesa y luego con las guerras carlistas. Perdieron los carlistas tres veces, se derogaron los fueros y se volvieron a recuperar para derogarse definitivamente tras la última de las guerras, pero el temor a nuevas confrontaciones hizo que se mantuviera algo de autogobierno, en forma de Concierto Económico.

No es que los carlistas fueran nacionalistas, sino que eran tradicionalistas y encontraron apoyo entre quienes pensaban que la pérdida de sus fueros suponía una merma de sus libertades. Algo de razón no les faltaba, en el campo del País Vasco y Navarra, y en general en el norte y el levante, la pérdida de la libertad de testar, por poner un ejemplo, ponía en peligro el sistema de explotación tradicional, al tener que dividir la poca tierra entre todos los hijos. En las ciudades no se percibían este tipo de problemas y nunca fueron carlistas.

En contra de lo que pasaba en Francia, no hubo un ideal republicano al que agarrarse. En contra de lo que pasaba en el Reino Unido, no hubo un acuerdo de unión, sino uniones por matrimonio real, invasiones napoleónicas, guerras y conquistas (por no hablar de la independencia de las colonias americanas). En suma, tuvimos un siglo 19 demasiado inestable y una ausencia de ideal común como en Francia o en el Reino Unido. Aprovechando algo del espíritu unificador tras la experiencia de la guerra de independencia y con algo de tiempo las cosas podían haber empezado a funcionar, y en la mayor parte del país así fue, aunque con bastante frustración tras la derogación de la constitución liberal. En el País Vasco y Cataluña la centralización se percibía de otra manera por parte de la población. Tampoco es el único país donde las cosas no se hicieron bien por esas épocas. La independencia de Bélgica con los flamencos un tanto ninguneados es otro ejemplo. Tenemos ejemplos más recientes en los países formados tras la disolución de los imperios Austro-Húngaro y Otomano.

El cambio de siglo, sumando ciertas tendencias románticas a incomodidades históricas, llevó el nacionalismo al País Vasco, Cataluña y a Galicia. Los excesos verbales de Sabino Arana cuajaron bastante en el País Vasco (afortunadamente se fue apartando el tinte racista de aquella nulidad intelectual de hombre). La frágil figura y sentida prosa de Castelao impregnaron mucho el pensamiento galleguista, pero sin canalizarlo en una formación política mayoritaria.

Y así llegamos a la Guerra Civil. A un grupo de militares se les ocurrió que la manera de evitar los excesos, a veces criminales, de algunos grupos políticos en la Segunda República no era ganando las elecciones a un gobierno acaso débil y tolerante con esos grupos, sino encabezar una rebelión, hacer una guerra que causó cientos de miles de muertos y exiliados y tener al país atenazado durante cuarenta años de dictadura (¡y hay políticos en activo que dicen que mereció la pena!). Tras la guerra, Franco declaró a Bizkaia y Gipuzkoa provincias traidoras y derogó sus conciertos, que se mantuvieron en Araba y en Navarra. Tras cuarenta años de dictadura, con la democracia se devolvió el Concierto a esas provincias.

viernes, 16 de octubre de 2009

¿Por qué el aborto?


La Iglesia Católica española ha hecho del aborto su punta de lanza para mostrar su superioridad moral. Otros grupos religiosos en otros países han optado por otras estrategias, algunas realmente espeluznantes (la guerra contra occidente, el creacionismo, …), algunas más sensatas (fomentar la educación, el pacifismo,…).

En España es el aborto. La Iglesia Católica se ocupa de obtener más atención mediática por su postura en contra del derecho al aborto que por su postura en contra de ninguna guerra, más que por instar a curar enfermedades que causan millones de muertos en el mundo, más que por publicitar su postura contraria a la investigación genética.

Contra la guerra de Irak estaba esta iglesia, pero también muchas otras organizaciones, y no religiosas precisamente. Para más inri, ni siquiera ha estado en contra de todas las guerras recientes (estuvo muy a favor de la Guerra Civil española). Así que la guerra no da buena publicidad.

Contra la investigación genética no tiene mucho que hacer. Es un tema que no arrastra pasiones. Poca gente se va a convencer que hay un alma en un cigoto. Gran parte de los cigotos se van, de manera natural, por el retrete, haciendo de la naturaleza y de su dios el más grande abortista. No es un tema para defender sin tener que dar demasiadas explicaciones metafísicas, y la publicidad no se hace con explicaciones metafísicas.

Creyó que oponerse al matrimonio homosexualidad le daría réditos, pero vaticino que no insistirá con tanto ahínco en este tema, en el que las cosas se han aceptado con la mayor naturalidad por la mayoría, y en donde no tendrá nada que rascar.

El aborto le importó nada o muy poco a la religión cristiana hasta tiempos muy recientes. Ni en el Antiguo Testamento, ni en el pensamiento atribuido a Jesucristo, ni en los textos de Pablo de Tarso, ni en los Padres Apologetas se encuentra ninguna alusión a que el aborto sea pecado (y hay alusión detallada a lo pecaminoso de muchas cosas más nimias). No hubo postura oficial hasta 1869, con Pío IX. Sin embargo, hoy se castiga con la excomunión. En honor a la verdad, hay textos de cristianos tempranos que reprueban el aborto, pero lo hacen porque suele ser la manera de ocultar un adulterio, o porque rompía el vínculo entre sexo y procreación (Agustín de Hipona, más conocido por su nominanción cristiana de San Agustín), y no porque fuera homicidio.

Por una parte, la Iglesia Católica actual lo asimila al asesinato (aunque no ha declarado infaliblemente que eso sea así), incurriendo en la contradicción de equiparar un feto sin un sistema nervioso que le permita tener un “yo” a una persona que sí lo tiene. Por otra parte, a pesar de que apenas haya habido ningún caso de condena por aborto fuera de los casos que recoge la ley, nunca ha pedido que haya que equipararlo con las penas que sí se aplican al asesinato (el aborto debería tener la agravante de premeditación). Incurre, de esta manera, en la contradicción de tolerar penas muy distintas por delitos que considera iguales.

Pero el tema toca fibras sensibles. Se pueden mostrar fetos de ocho meses como prueba del horror del aborto antes de los tres meses. También se pueden mostrar imágenes de fetos más tempranos, pero, por impactantes que puedan parecer, son casi indistinguibles de un feto de chimpancé o de delfín, con lo que la argumentación vía impacto emocional puede perder su sentido.

Así, el aborto es prácticamente el único tema en que la Iglesia Católica puede (i) mostrar una postura distinta de la mayoría de los grupos sociales no religiosos, (ii) decir que tiene, en ese tema, una postura de defensa de los derechos humanos mayor que esos grupos y (iii) esperar convencer a alguien de que eso es así y que, por tanto, tiene superioridad moral.

No les deseo suerte.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Concierto para vascos. Primer movimiento.


Tras las elecciones vascas y antes de la votación para la elección de Lehendakari, vaticiné unas cuantas cosas aquí y aquí, la mayoría de las cuales se ha cumplido:

“El PP le dará sus votos sin pedir nada a cambio”: Ni siquiera le ha podido sacar la diputación alavesa.

“No habría grandes cambios en la política educativa y lingüística, solo una suavización de su requerimiento para algunas plazas”: Está sucediendo exactamente eso.

“Habría, sí, algún cambio más sustantivo en la actuación de la Ertzantza”: Esto es lo que hemos observado este verano.

“PSE y PP vasco defenderían el Concierto Económico y las instituciones vascas”: Lo vemos estos días con el apoyo al Concierto.

“Ibarretxe saldría de la escena”: Yo entendía que lo más sensato era que lo hiciera enseguida. No me hizo caso y prefirió esperar hasta la investidura. Una pequeña desviación respecto a mi vaticinio si los agentes seguían lo que yo consideraba la estrategia óptima de cada uno.

En retrospectiva, parecía fácil de decir, pero en su día no se decían estas cosas. Se hablaba de un posible pacto a última hora entre PSE y PNV o de un PP poniendo demasiadas exigencias para su apoyo al PSE. Me alegro de haber acertado por dos razones. La primera, porque a uno le gusta pensar que conoce a su país y que aplica un buen modelo para entenderlo. Lo segundo, porque este curso de acciones es el que me parece más sensato dados los resultados de las elecciones y dado lo que creo que es bueno para el País Vasco a más medio plazo y que, como dije en su día, es la vuelta el entendimiento entre el PNV y el PSE.

Cuando señalaba lo anterior, señalaba también dos acciones suicidas por parte del PNV y del PP. El PNV podía dedicarse a hacer una oposición del tipo PP durante la primera legislatura de Zapatero, eso de que me han robado las elecciones y de no parar de dar caña. El tiempo entre las elecciones y la investidura parecía que podía ocurrir esto. Las aguas, sin embargo están bastante calmadas, discursos del día del partido y algún mitin que otro aparte. Ahora hasta votará los presupuestos en Madrid.

Por su parte, el PP podía haberse puesto exigente y haber colocado a Patxi López en una posición delicada. En el peor de los casos esto hubiera supuesto un acercamiento al PNV o nuevas elecciones. Afortunadamente para el país, el PP vasco está también bastante sensato.

Del PSE indicaba que debía ganarse la abstención del PNV en la votación a Lehendakari. No estaba teniendo en cuanta la particularidad del reglamento de la cámara vasca, que permite que se presenten dos candidatos, así que no hubo manera.

Escribo esta entrada después de meses sin hablar de mi País Vasco. Antes de dejar el tema por otra temporada dedicaré en breve alguna entrada al Concierto Económico Vasco y este blindaje que es noticia estos días, que creo merece claridad y sensatez.

lunes, 12 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 9.

Adam Smith frente a Hobbes

Sin duda, el Leviathan de Hobbes (1651) constituye la obra que culmina una visión negativa sobre la naturaleza del ser humano. La expresión homo homini lupus resume bien esta perspectiva, que alcanza su máxima expresividad en la célebre cita:
“Por tanto, todas las consecuencias que se derivan de los tiempos de guerra, en los que cada hombre es enemigo de cada hombre, se derivan también de un tiempo en el que los hombres viven sin otra seguridad que no sea la que les procura su propia fuerza y su habilidad para conseguirla. En una condición así, no hay lugar para el trabajo, ya que el fruto del mismo se presenta como incierto; y, consecuentemente, no hay cultivo de la tierra; no hay navegación, y no hay uso de productos que podrían importarse por mar; no hay construcción de viviendas, ni de instrumentos para mover y transportar objetos que requieren la ayuda de una fuerza grande; no hay conocimiento en toda la faz de la tierra, no hay cómputo del tiempo; no hay artes; no hay letras; no hay sociedad. Y, lo peor de todo, hay un constante miedo y un constante peligro de perecer con muerte violenta. Y la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta.”
Después de Hobbes, Locke y, sobre todo, Rousseau (1762) defendieron una visión contraria, más cercana al mito del buen salvaje. Con todo, la alternativa a Hobbes no tiene su obra culminante hasta Adam Smith (1776) y su mano invisible, que explica cómo puede ocurrir que el egoísmo personal no implique una sociedad en la que prevalezca la visión de Hobbes. La cita de Adam Smith no es menos famosa que la anterior de Hobbes:
¨No esperamos nuestro sustento de la generosidad del carnicero, del cervecero o del panadero; lo esperamos del cuidado que ellos tienen en su propio interés. No nos dirigimos a su sentimiento humanitario, sino a su egoísmo, y jamás les hablamos de nuestras necesidades, sino de las ventajas que ellos lograrán. Si exceptuamos a los mendigos, nadie quiere depender fundamentalmente de la generosidad de sus conciudadanos.¨
La Teoría del Equilibrio General es el cuerpo teórico inspirado en las ideas de Adam Smith. El Primer Teorema del Bienestar, que afirma que si se dan una serie de supuestos los mercados competitivos son eficientes, constituye una de las piezas claves de esta teoría. Por supuesto, ni Adam Smith ni los economistas neoclásicos creían que los mercados fueran siempre eficientes.

La Teoría de los Juegos presenta el marco teórico que generaliza el concepto de equilibrio a muchas de las situaciones en las que no se cumplen los supuestos del Primer Teorema del Bienestar. El problema del equilibrio del oligopolio, la negociación sobre las externalidades, el diseño de mecanismos para la provisión de bienes públicos y el tratamiento de la información asimétrica son problemas económicos que encuentran su acomodo natural en la Teoría de los Juegos.

Si hay un modelo de juego que se pueda elegir como arquetipo enfrentado a la mano invisible de Adam Smith, ése es sin duda el dilema del prisionero. Recuérdese que en este juego, la cooperación ofrece un buen resultado para los jugadores, pero que no cooperar (si los demás cooperan) ofrece un resultado todavía mejor a cada individuo. El resultado es que, con este razonamiento, cada uno deja de cooperar y el resultado es malo para todos. Esto es lo que hace que entre todos contaminemos más de lo que querríamos, que seamos menos cuidadosos con el medio ambiente, que no paguemos impuestos si no nos obligan,…

Pasa algo parecido a lo que se señaló en el juego de los conductores:
-Si los demás cooperan, yo mejor dejo de hacerlo. De hecho, si los demás no cooperan, también es mejor que yo deje de cooperar.
-Claro, pero si todos cooperamos estamos mejor que si todos dejamos de cooperar. Si todos pensaran como tú, estaríamos todos peor.
-Pero es que si todos piensan como yo, no voy a ser yo el único tonto que no piense como yo.
Obsérvese que el dilema del prisionero es un juego realmente sencillo. Literalmente son cuatro números. Sin embargo permite reflejar situaciones reales de relevancia y ofrecer un análisis nada trivial. De hecho, el dilema del prisionero subyace a situaciones tan dispares como la formación de cárteles, el exceso de contaminación y la falta de investigación básica en el sector privado.

A riesgo de simplificar demasiado, puede decirse que la Teoría de los Juegos permite, junto con la Teoría del Equilibrio General, aclarar en qué circunstancias funciona la mano invisible de Adam Smith y en cuáles, siguiendo a Hobbes, el humano es un lobo para el humano.

viernes, 9 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 8.

Una noche en la ópera

En otra entrada he hablado del dilema del prisionero, sin duda el juego más famoso de todos los tiempos. Lo vimos en el contexto de la provisión de bienes públicos, de competencia oligopolística, de la tragedia de los comunes, de la contaminación, … , incluso de unos presos sometidos a esta tortura psicológica. Para no repetirme y para no dejar a este juego sin su entrada en la serie de la Historia Más Lúdica Jamás Contada, voy a ilustrarlo con uno de mis ejemplos favoritos: la ópera Tosca, de Puccini.

No, no voy a cantar. Voy solo a recordar el argumento, simplificando mucho. Estamos en los tiempos de las luchas entre realistas y republicanos tras las invasiones del norte de Italia por Napoleón. En el momento de la acción, Roma está en poder de los realistas, pero llegan noticias contradictorias de lo que pasa en el norte. Tosca, de buen ver, es la amada de Cavaradossi, el pintor de iglesias. Hasta ahí todo bien, si no fuera porque casi toda ópera trata, como he leído hace poco en un blog que ahora no recuerdo, de dos que quieren estar juntos pero que no puede ser. En el caso de Tosca, su amado es apresado por ayudar a escapar a un republicano. El jefe de la policía, malo malísimo, es el malvado Scarpia (vaya nombre) que, además de malo (¿ya he dicho lo malo que es?) es lascivo y lujurioso. Sabe de la debilidad de Tosca por su amado (el de Tosca) y sabe que Tosca estaba de buen mirar, así que la llama a sus aposentos y le propone lo siguiente.

-Mira Tosca, al amanecer fusilarán a tu amado. He urdido un plan para que las balas sean de fogueo y entregártelo vivo. Sólo me falta dar la orden.

-¿Por qué tan generoso?

-Porque tú también me entregarás algo a mí.

-No tengo dinero.

-No seas tontita…

Tosca acepta. Scarpia sale para dar las órdenes oportunas. Mientras vuelve, Tosca se fija en un cuchillo de cocina que andaba por ahí y enseguida su mente empieza a pensar:

-Si Scarpia ha dado ya la orden, puedo matarlo para que no dé la contraorden y también para librarme de una experiencia desagradable. Si no ha dado la orden, me libro en cualquier caso de estar con el baboso y me vengo de él. Por otra parte, ¡convertirme en asesina!

Ya habrá adivinado el lector la clase de pensamientos que pasan por la cabeza de Scarpia:

-Si Tosca cede a mis deseos, no tiene sentido que dé la orden. Ella no lo sabrá hasta que todo se haya consumado. Si se arrepiente y I get no satisfaction, con más razón, así me vengo de ella y no me meto en líos.

La situación del acuerdo era relativamente buena para ambos. Tosca se quedaba con su amado vivo al precio de una mala noche y Scarpia pasaba una noche buena a cambio de salvar al pintor. Claro que Tosca prefiere no pasar la noche con él (y para eso tiene que matarlo) y que Scarpia prefiere no meterse en líos (y para eso tiene que matar al amado de Tosca). Pero si ambos sucumben a su racionalidad, terminarán sin amado la una y sin vida el otro.

No quiero arruinar al lector el final de la ópera. Sólo diré que el equilibrio manda sobre el óptimo, como bien dice la teoría. No sé si es “como debe ser”, pero sí que es “como es”.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La ciencia española no necesita tijeras


Uniéndome a la iniciativa originada desde La aldea irreductible, hoy toca una entrada sobre la investigación en España.

¿En qué gastar en tiempos de crisis?

Tanto las crisis derivadas por un cambio en la actividad económica (por ejemplo, por el abandono de una actividad, que se agota, en beneficio de otra que está por desarrollarse) como las derivadas de un impedimento de adecuar oferta a demanda (por un problema de confianza en el sistema bancario, por ejemplo) implican recursos ociosos mientras se produce el ajuste y que observaremos en forma de desempleo y de capitales sin invertir.

En estas circunstancias, el Estado podrá intentar algunas cosas: coordinar esfuerzos para el desarrollo de las nuevas actividades de futuro, ayudar a reestablecer la confianza en el sistema y alentar el uso de recursos ociosos. Podrá, también, intentar paliar los problemas de los más afectados.

El Estado puede aprovechar, por ejemplo, que hay recursos ociosos en el sector de la construcción (y, por tanto, estarán baratos) para acometer obras públicas que ahora son rentables. No se trata de enterrar dinero para que los empresarios hagan algo al desenterrarlo, como decía Keynes, sino realizar obras que supongan una inversión que dé beneficios.

No es buena cosa que el Estado se desmane con esta política. Si lo hace, corre el peligro de dedicarle, no solo los recursos ociosos (un superávit público por aquí, un estímulo a un gasto privado sin mejor alternativa por allá,…) sino también recursos detraídos de los sectores no ociosos y evitar, de paso, que el sector que estaba en desuso no haga su reconversión al recibir señales contradictorias. Y corre el peligro, sobre todo, de no poder realizar las otras políticas que podría; entre ellas, el coordinar esfuerzos en las nuevas actividades.

Pues bien, la mejor manera de preparar a un país para el futuro es la inversión en educación e investigación. No hay una gran relación del progreso de un país con la disponibilidad de recursos naturales, pero sí la hay con la educación e investigación. En momentos de cambio el rendimiento relativo de la investigación respecto a cualquier otra inversión es todavía mayor y, por tanto, conviene aprovechar el momento para aumentar la inversión. Cualquier política en sentido contrario ahondará en el daño.

domingo, 4 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 7.

Rebelde sin causa

En la famosa película de Nicholas Ray con James Dean de protagonista, un grupo de jóvenes un tanto aburridos y sin saber qué hacer con sus vidas tienen un divertimento interesante. Se trata de una carrera de coches. Se hace por parejas y con coches robados. Las carreras son entre dos. Hay que ir a toda velocidad hacia un acantilado (de ahí la importancia de que el coche fuera robado). Es lo que se llama un "chicken game". El primero que pare es un cobarde, el otro será el ganador que, henchido de adrenalina y testosterona, se llevará a las chicas de calle.

Para poner un poco más de interés al juego y para poder jugarlo en todas partes, cambiemos la regla de ir hacia un acantilado por la regla de ir un coche contra otro en trayectoria de colisión. Quien dé antes un volantazo será el cobarde.

Hay una estrategia que salva un poco la cara a los dos conductores, y es que ambos den el volantazo a la vez. Pero esto no es un equilibrio, puesto que si acordaran hacer eso, cualquiera de los dos tendría claro incentivo a no dar el volantazo. Pero antes de seguir, veamos cómo es la tabla de este "juego del gallina".

 

 

Conductor 2

 

 

Volantazo

No volantazo

Conductor 1

Volantazo

2, 2

1, 4

No volantazo

4, 1

0, 0

Se aprecia en la tabla cómo lo mejor para uno es no dar el volantazo y que lo dé el otro. Después lo mejor es darlo ambos. Ser el único que da el volantazo es peor que darlo ambos, pero mejor que no darlo ninguno.

Hay dos equilibrios, dos situaciones en las que nadie se quiere desviar: uno da el volantazo y el otro no. Para saber cuál será quien no de el volantazo, seguramente necesitemos más datos de la realidad. Si uno de los chicos tiene una reputación de nunca haber dado un volantazo, el otro lo tendrá difícil para hacer que prevalezca el equilibrio que le conviene. Recordemos que no se eligen equilibrios, sino estrategias de manera individual.

Con todo, y como en la batalla de los sexos, alguno de los jugadores podría anticiparse, pero ¿cómo?

-Cari, más te vale que te apartes tú.

-¿?

No, eso no va a funcionar. Mejor hacer algo más drástico. Una acción que muestre que uno está comprometido a no dar un volantazo, o que muestre que sus valoraciones no son las de la tabla, tal vez funcione mejor. He aquí dos posibles estrategias.

  1. Llegar al lugar de la carrera ostensiblemente borracho.
  2. A media carrera, arrancar el volante y tirarlo ostensiblemente por la ventana.

La clave está, era fácil adivinarlo, en la palabra ostensible. Este es un ejemplo de cómo ser irracional puede ser interesante. Lo que nos deja con la paradoja de si queremos llamar irracional a una conducta que, después de todo, te hace ganar.

sábado, 3 de octubre de 2009

La Teoría de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 6.

La batalla de los sexos

En el juego de los conductores no había conflicto de intereses. El único problema del juego consistía en lograr la coordinación adecuada. El siguiente juego que presentamos es el de la batalla de los sexos.

Él y ella son pareja y salen juntos todos los miércoles. Hoy toca salir. Habían hablado de ir al cine o al fútbol, pero sin haber concretado nada. El caso es que no se han podido comunicar en todo el día. Después del trabajo, cada uno debe decidir si ir a la puerta del cine o a la del estadio. Ambos prefieren ir juntos que separados, pero él prefiere el cine y ella el fútbol. ¿A dónde irán? La siguiente tabla resume la situación.

 

 

Ella

 

 

Cine

Fútbol

Él

Cine

3, 1

0, 0

Fútbol

0, 0

1, 3

Hay dos situaciones de equilibrio. Que ambos elijan ir al cine y que ambos elijan ir al teatro. (Hay otra más, en la que elijen a suertes, pero la dejaremos de momento.) Tanto en un caso como en el otro, ninguno se arrepentirá. Cuál de los dos equilibrios prevalecerá es algo que no se puede anticipar en este juego (en el modelo formal). Ambos son dos mundos posibles.

Esta pluralidad de equilibrios nos puede estar indicando que el modelo es incompleto y que podríamos intentar obtener más datos relevantes de la realidad. El propio modelo nos puede dar pistas de qué cosas buscar. Se trata de encontrar detalles que se nos habían escapado y que puedan determinar la selección del equilibrio. Por ejemplo, podemos fijarnos si la pareja vive en una sociedad machista donde se hace siempre lo que diga el hombre, o si estamos en una sociedad machista donde a las mujeres se las considera como niñas que hay que complacer. Si la sociedad es machista del primer tipo, irán al cine, mientras que si lo es del segundo irán al fútbol.

Otras resoluciones son posibles. Si es una sociedad igualitaria (o la pareja lo es) y alternan según los gustos de uno y otro y sabemos que la semana anterior fueron adonde dijo él (o, por lo menos, que eso es lo que piensa ella), ahora tocará adonde le gusta a ella. Si es una sociedad igualitaria en la que, por cuestiones del cortejo evolutivo, el varón respeta los gustos de la mujer, irán adonde le gusta más a ella.

Los propios jugadores pueden aprender del análisis del juego. El problema de selección ha surgido porque la elección de adónde ir se realiza de manera simultánea. Si uno de los dos, por ejemplo ella, pudiera decidir primero adónde ir, podría salirse con la suya. Si ella ya ha ido (o se ha comprometido a ir) al fútbol, él no puede hacer mejor cosa que ir también al fútbol (obviemos compromisos futuros y la posibilidad de que él quiera establecer una reputación de no permitir que ella se salga con la suya).

Esta última consideración abre la puerta a más posibilidades. Si uno de los dos (por ejemplo, ella) pude mandar un mensaje al otro, lo hará diciéndole que irá a su sitio preferido. El teléfono es mala cosa, pero puede intentarse:

-Cari, nos vemos en el fútbol.

-¿Qué? Yo prefiero el cine.

-No te oigo, se me acaba la batería. Lleva las bufandas y los bocadillos. ¡Hasta luego!

-¿Qué? ¡Que no! ¡Que quiero el cine! ¿Me oyes? ¿Hola?

-…

jueves, 1 de octubre de 2009

Izquierda-derecha: Los objetivos y las restricciones


Desde la izquierda se suele pensar que ser de izquierdas es seguir las ideas del progreso, de la solidaridad y de la igualdad, mientras que ser de derechas significa no dar importancia a las desigualdades humanas, asentar los privilegios de los ricos y estar anclado en ideas caducas.

Desde la derecha se tiende a pensar que ser de derechas es abogar por una sociedad ordenada y estable en la que cada ser humano pueda encontrar su sitio, con trabajo incluido. Ser de izquierdas, en cambio, implica diluir la responsabilidad individual y llevar a la sociedad por caminos tortuosos para perseguir utopías irrealizables.

Hoy en día, sin embargo, es muy frecuente oír cómo la derecha rechaza que la izquierda se apropie de las ideas de igualdad, progreso y solidaridad, mientras que la izquierda, a su vez, rechaza que solo la derecha quiera una sociedad ordenada y estable. Ninguna se identifica con la imagen que tiene de ella la otra. ¿Debo aclarar que estoy hablando en términos muy generales y que seguramente no incluya a todo el espectro de derecha e izquierda?

Realmente las distinciones entre izquierda y derecha se han difuminado bastante en los últimos tiempos. Ambas tienen razón en sus quejas sobre su estereotipo negativo propio y sobre el estereotipo positivo del otro.

Creo que hay una componente distinta en lo que es la mentalidad de derechas frente a la de izquierdas. Se trata de una conceptualización que tomo de Binmore y que concuerda con estudios psicológicos, como los de John Jost, sobre la relación que hay entre cómo nos enfrentamos a los distintos problemas de la vida y cómo nos adscribimos políticamente. El modelo es el siguiente.

Cada problema requiere identificar dos elementos fundamentales. El primero es el objetivo que se pretende alcanzar, el segundo los impedimentos que se interponen en el camino de ese objetivo. La solución será acercarse lo más posible al objetivo sin darse de tortas con la realidad. Matemáticamente, se trata de elegir los valores de las variables de control (lo que puede hacer un gobierno, por ejemplo) para maximizar una función objetivo (unos niveles de desarrollo, igualdad,…) sujeto a la condición de que los valores de las variables cumplan unas restricciones (que no se salten la legalidad, pero que tampoco se salten las leyes de la economía -por ejemplo, la que dice que si todo el mundo cobra lo mismo nadie trabajará).

En este esquema podremos decir que una persona de derechas tenderá a enfatizar las restricciones y, por tanto, a ser escéptica en la posibilidad de realizar cambios, por mucho que pueda estar de acuerdo con los fines últimos de algunas propuestas de esos utópicos izquierdosos, que no se dan cuenta de que cada vez que quieren cambiar algo, lo empeoran todo más. Una personalidad poco aventurera ayudará a tener esta disposición.

Una persona de izquierdas, en cambio, enfatizará la función objetivo y tenderá a pensar que las restricciones pueden ser superadas con esfuerzo y voluntad, que es cuestión de proponérselo y no sentarse y estar conformes con el estado de las cosas, como hacen esos conservadores que se asustan por todo. Una personalidad abierta será la que ayude a desarrollar estas preferencias políticas.

Los problemas de las sociedades han ido cambiando con los tiempos, como también lo han hecho las restricciones materiales, legales, costumbristas, tecnológicas y demás. Lo que quiere decir que la actitud frente a la posibilidad de perseguir ciertas metas ha podido variar con el tiempo sin necesidad de variar la mentalidad de acuerdo con el esquema anterior. Si ahora hay menos restricciones para eliminar privilegios sociales, el conservador no tendrá tantos problemas como antes para adherirse a ese proyecto. Si las restricciones para conseguir la igualdad plena en disfrute de bienes y servicios se han hecho evidentes, el progresista puede aceptar que habrá que resignarse a que siempre haya algún nivel de desigualdad y no propugnar una revolución para conseguir lo imposible.

Post Scriptum:

Cuando tenía preparada esta entrada me entero que Hugo acaba de publicar una que puede complementar esta. La recomiendo.