martes, 30 de marzo de 2010

El Estado tiene que abandonar la lucha contra la piratería


Curiosa la manera de plantear el titular de la noticia tiene El País:
"El Estado tiene que abandonar la lucha contra la piratería."
En el texto primero dice:
"Los economistas de FEDEA han presentado 25 medidas para aumentar la productividad de la economía española. Y una de ellas es la abolición de la lucha contra la piratería."
Más adelante señala una cita de uno de los economistas que firman el libro con las medidas, Luis Garicano:
"De los 100 problemas más importantes que tiene España, ninguno es el de las descargas."
Uno cree que si se acepta como importante un informe realizado por un grupo de economistas competente, debería hacerse hincapié en lo que estos economistas dicen. Y dicen que el problema de las descargas es de los menos importantes y que por tanto hay otros más importantes. Sin embargo la noticia no se digna en mencionar ninguno de esos otros problemas ni ninguna otra de las 25 medidas.

¿Por qué sólo le interesa a El País esa parte? ¿Porque es la que más vende? ¿Porque le parece más importante de lo que se dice en el informe? ¿Alguna otra razón? No lo sabemos. Y es triste, porque en un periódico serio deberíamos saber qué se nos dice y por qué.

Actualización:

Gracias a Antonio Jiménez me entero que El País se había hecho eco del documento en un artículo anterior en el que se comentaban algunas otras de las medidas.

viernes, 26 de marzo de 2010

Odiosa comparación

Guggenheim Bilbao Museoa (Bilbao)


 Walt Disney Concert Hall (Los Ángeles)


He seleccionado dos fotografías comparables, no necesariamente las mejores de cada edificio. Aquí y aquí hay más fotos. Son dos edificios de Frank Gehri. El de Bilbao está acabado en titanio, el de LA en acero.

¿Cuál gusta más?

martes, 23 de marzo de 2010

Un mundo de zombis


Hace unas semanas, en El libro de arena tuvimos una interesante discusión partiendo de las ideas de Chalmers. En particular, departimos acerca de su célebre argumento sobre un mundo de zombis, que resumo aquí:
  1. Podemos imaginarnos un mundo con seres como nosotros, que hagan lo que nosotros, pero que no sean conscientes: los zombis (o autómatas).
  2. La física no podría dar cuenta de la diferencia.
  3. Por tanto, la consciencia (o los qualia, como la sensacione de “color rojo”) es una propiedad fundamental y ontológicamente autónoma.
¿Qué tal esto otro?:
  1. Podemos imaginar un planeta exactamente igual que la Tierra, en el que no haya una deformación del espacio-tiempo según la explicación relativista de la gravedad, pero en donde los cuerpos se movieran como en nuestro mundo.
  2. La física no podría dar cuenta de la diferencia entre ambos mundos.

  3. Por tanto la gravedad es una propiedad ontológicamente autónoma.
El problema está en confundir lo lógicamente posible o lo concebible con lo físicamente posible (en este universo, por lo menos).

La cuestión, se me dice, es que la física nos explica por qué sin gravedad los cuerpos no pueden moverse como se mueven, mientras que las teorías sobre la mente no nos explican por qué una mente sin qualia no podría darse, esto es, por qué no pueden existir los zombis. Es decir, que el mundo de los zombis es una posibilidad lógica.

Pero lo que digo es que el argumento es falaz, que está mal hecho. Lo que nosotros sepamos o no, no hace a la construcción del silogismo. La conclusión podría incluso ser cierta, pero este argumento no es el que la muestra.
 Es tan falaz como si el argumento del planeta que no deforma el espacio-tiempo lo hiciera una persona ignorante de la relatividad, que no tendría entonces una teoría que le explicara por qué no puede existir ese planeta tan raro. Ese planeta sin deformación del espacio-tiempo es también una posibilidad lógica.

Lo único que puede revelar el argumento de Chalmers es que no sabemos lo que es la consciencia, pero eso ya lo sabíamos sin Chalmers. ¿Cuál es, entonces, su aportación? No la veo.

El fenómeno de que pueda existir un mundo de zombis no es un fenómeno que sepamos exista en ninguna parte. De él no tiene que dar cuenta la física ni nadie. La investigación sobre el cerebro y la mente humanas está recién empezada y las cosas irán, yo creo, más lentas de lo que se nos promete, dado el crecimiento factorial de la complejidad asociada al desarrollo de la inteligencia y la consciencia. Lo que sí podemos decir es que, en ausencia de fuerzas vitales, almas y cosas así que no se encuentran por ninguna parte, todo apunta a que, para que esos zombis puedan hacer lo que hace el ser humano (como las máquinas que pasan el test de Turing), habrán tenido que desarrollar consciencia como consecuencia de la acumulación de complejidad.

sábado, 20 de marzo de 2010

Cuando la mente padece el síndrome de Estocolmo

Linus Carl Pauling fue un premio Nobel por partida doble, recibió el de química y el de la paz. Una mente preclara e inteligente que, sin embargo, se obcecó con la idea de que sobredosis de vitamina C eran poco menos que una receta para la vida sana y longeva.

A Luc Montagnier se le otorgó el premio Nobel de medicina por identificar y aislar el virus del SIDA, pero luego se puso a defender la memoria del agua sin mínimas evidencias que poder presentar ante la comunidad científica.

Más cerca de nosotros, Fernando Savater, referente moral y político para muchos, de pronto defiende las corridas de toros cayendo en todas las falacias frente a las que se avisa en cualquier curso de filosofía.

Javier Marías, azote de las malas costumbres españolas en artículos mordaces que nos ofrece cada semana, pasa a defenderlas cuando se trata de la prohibición de fumar en lugares públicos, sin importarle que los países más avanzados y libres nos lleven también la ventaja en esto, para felicidad de la inmensa mayoría de fumadores y no fumadores de esos países, incluidos los fumadores españoles que viven en ellos.

Todos conocemos a gente inteligente y perfectamente racional en su vida y en su trabajo que luego pierde la cabeza cuando se trata de la astrología o el Feng Shui. O gente que en su país jamás toleraría un abuso de poder y lo justifica en la Cuba de los Castro o en el Chile de Pinochet. Todos tenemos amigos o familiares queridos que son ejemplo de personas con los pies en el suelo y que piden pruebas de todo tipo para elegir coche, buscar un colegio o incluso aceptar una proposición científica, pero que luego no tienen remilgos en seguir la fe de alguna religión, e incluso retorcer todo tipo de argumentos para defender su particular mitología.

Todos conocemos de pocos temas y, en la mayoría, seguro que aceptamos muchas afirmaciones que no han sido puestas a prueba. Algunas las aceptamos porque creemos que sí están probadas. Tal vez sean cosas que aprendimos de niños o que nos han llegado de fuentes que creíamos fiables y que se nos han quedado grabadas en la mente como ciertas.

Lo malo no es estar equivocado. Todos lo estamos en muchas cuestiones. Lo malo es no darnos cuenta del error cuando la evidencia se pone delante de nuestras narices. En ese momento nuestra mente está secuestrada por esa idea, que intentamos defender y justificar como justifican a sus secuestradores los que sufren el síndrome de Estocolmo. Si eso le pasa a un premio Nobel o a un reconocido filósofo, con más razón nos puede pasar a nosotros.

miércoles, 17 de marzo de 2010

La torre herida por el rayo


En El Tamiz, blog recomendable donde los haya, hemos estado debatiendo la paradoja de Roos-Littlewood que, en realidad, no es más que una versión de otra paradoja algo más sencilla, La lámpara de Thompson. Tenemos una lámpara encendida. Al cabo de una hora la apagamos, media hora después la encendemos, un cuarto de hora más tarde la apagamos de nuevo, un octavo de hora después la encendemos otra vez, y así sucesivamente. Alternamos la lámpara encendida y apagada en intervalos cada uno la mitad de largo que el anterior. Todo el proceso acabará en dos horas:

1+1/2+1/4+1/8+1/16+… = 2.

La pregunta inquietante viene ahora. Al cabo de esas dos horas, ¿la lámpara estará encendida o apagada?

Ninguna de las dos respuestas parece adecuada ni preferible a la otra. ¿Qué hacemos entonces?

Ocurre simplemente, que el problema no está bien definido. Parece bien definido porque hemos sido capaces de enunciarlo claramente, pero es solo apariencia. El problema está perfectamente definido para cualquier instante anterior a las dos horas, pero no para ese momento.

Hay quien dice que la indefinición de la paradoja se debe a que esa situación es físicamente imposible. No hay manera de encender y apagar tan rápidamente una lámpara. Además, según la mecánica cuántica, hay un intervalo de tiempo (el tiempo de Planck) que es indivisible. No es que no podamos o sepamos dividirlo, sino que en la mecánica cuántica no existe posibilidad de algo más pequeño (en otras palabras, el tiempo es discreto, va a saltitos).

Pero la paradoja no está planteada en ningún mundo físico que llega a momentos indivisibles, sino en una construcción nuestra, donde es posible dividir siempre un poco más cualquier intervalo de tiempo (en otras palabras, el tiempo es continuo). La indefinición está en que es imposible formular un modelo lógico-formal en el que la pregunta tenga sentido. De hecho, la paradoja es lógicamente equivalente a resolver la siguiente suma:

1-1+1-1+1-1+1-1+….

En esa suma, el 1 corresponde a la vela encendida y el -1 a su apagado. Esa suma no está definida. No existe ni como planteamiento.

El problema es similar a la siguiente paradoja:

¿Qué ocurre si el rayo rompelotodo cae sobre la torre indestructible?

Volvemos a tener otro problema mal definido, a pesar de que fácilmente hayamos podido expresar esa pregunta en un lenguaje natural. El problema no es que físicamente sea imposible tener un rayo rompelotodo o una torre indestructible. El problema es que en un lenguaje formal la paradoja no se puede plantear. Para ello haría falta definir qué significa un rayo rompelotodo, y para eso tendríamos que enumerar el conjunto de elementos que hay en el todo y que son rompibles por el rayo. Entre esos elementos no puede estar la torre indestructible. La misma indefinición encontraríamos si comenzamos por definir la torre indestructible. De la misma manera, en las matemáticas no puede existir la suma anterior, ni en ningún modelo formal puede existir la lámpara de Thompson.

(En realidad sí se podría definir la suma, pero no como resultado de la operación suma de toda la vida, sino definiendo arbitrariamente un valor, y lo mismo se podría hacer con un modelo formal para la lámpara de Thompson, pero definir arbitrariamente un valor se parece mucho a obviar el problema.)

De esta paradoja toca aprender el cuidado que hay que tener con lo que formulamos, ya que enunciados aparentemente sensatos son, en rigor, imposibles de enunciar.

En la realidad no se da la paradoja porque el tiempo real no es continuo. Este pensamiento es poco evocador. Prefiero el que me llega en momentos de duermevela, según el cuál el secreto de por qué el mundo es cuántico se debe a que una realidad continua no es lógicamente posible.

lunes, 15 de marzo de 2010

Oh Tierra, tus pirámides

Estos días hemos visto las fotos de las pirámides tomadas desde la estación espacial por el astronauta Soichi Noguchi. Con ellas venían los típicos comentarios acerca de lo que se puede ver y no ver desde el espacio.

Efectivamente, muchas veces hemos oído y leído que si la muralla china, que si los invernaderos de Almería, o alguna otra creación humana, son visibles desde el espacio. Al parecer, esto sería prueba de grandeza. No digo que no eleve el ego de un pueblo o país el tener cosas tan grandes que se vean de tan lejos.

Ocurre, sin embargo, que esto de ser visto desde el espacio deja mucho, no solo a la imaginación, sino, sobre todo, a la definición.

¿Nos referimos a ver a simple vista (humana), con teleobjetivo, con telescopio? ¿A qué distancia empieza el espacio? Las tres cuartas partes de la masa de los gases que rodean la Tierra están a menos de 11 km, el 90% está a menos de 16 km y el 99,99997% a menos de 100 km. Sin embargo los trasbordadores espaciales empiezan a notar la atmósfera a los 175 km en sus operaciones de reentrada. La estación espacial orbita a unos 340 km de altitud.

He aquí unas preguntas que sí están bien definidas:

¿Qué estructuras artificiales son visibles a simple vista desde la altitud X?

¿Cuáles son las primeras estructuras artificiales que se pueden ver a simple vista según se acerca uno a la Tierra?

La pregunta que tiene mejor respuesta es la de qué se ve desde órbitas entre 200 y 400 km. Según informan los astronautas, se ven las grandes ciudades, los grandes mosaicos de la agricultura extensiva, los grandes aeropuertos, puertos y autopistas, alguna presa que deje un pantano bien diferenciado del terreno circundante, como la presa de Asuán en el desierto egipcio, algún gran petrolero con su estela en el mar, las islas artificiales de Dubai y poco más.

No todo lo que pone Soichi en Twitter se ve a simple vista, son fotos tomadas con cámara, con su zoom y su teleobjetivo. No me consta que las pirámides se puedan ver a simple vista. Lo que sí parece ser cierto es que los invernaderos de Almería serían la estructura visible a mayor distancia. Para ver la Gran Muralla china hacen falta potentes binoculares y saber muy bien donde mirar.

viernes, 12 de marzo de 2010

Agarrarse a un clavo ardiendo

Los astrólogos dicen: “si la luna influye en las mareas de los océanos, cómo no va a influir en las personas”.

Los homeópatas dicen: “el agua recuerda las moléculas que ha tenido diluidas, este puede ser el mecanismo que hace funcionar a la homeopatía”.

Los grafólogos dicen: “nuestra psicología y nuestra personalidad se traduce en todo lo que hacemos, también en la escritura”.

Los partidarios del diseño inteligente dicen: “hay hechos biológicos que la evolución no explica y que son explicados por un diseñador inteligente”.

La jerarquía católica dice: “hay estadísticas que dicen que promover la abstinencia y la fidelidad en países africanos es mejor que promover el preservativo para reducir la transmisión del SIDA, esto justifica nuestra postura contraria al preservativo”.

La jerarquía de los testigos de Jehová dice: “la transmisión del SIDA por las transfusiones de sangre justifica nuestra postura de que la sangre es sagrada”.

Los lectores del Tarot dicen: “la energía vital influye en todo, por tanto puede influir en la manera de barajar y colocar las cartas”.

Poco importa que la luna no tenga efectos perceptibles en una piscina, un charco de agua o en un ser vivo, y menos aún que, aunque hubiera ese efecto, eso no diga nada acerca de por qué un signo tiende a ser como dicen que tiende.

Poco importa que la memoria del agua nunca se haya probado, que algún experimento en tal sentido nunca se haya replicado, y poco que, aunque hubiera tal cosa, eso no implique nada acerca de que los preparados homeópatas tengan las propiedades que dicen tener.

Poco importa que la psicología también se debería, entonces, traducir en cómo cantamos, reímos o caminamos, pero que no exista la cantología, la risología o la caminología, y poco que, aunque hubiese tal influencia, eso no muestre que sea de la manera que los grafólogos dicen que es.

Poco importa que ningún hecho biológico sea contradictorio con la evolución y que todos encajen bien en la teoría, y menos aún importa que en ningún momento se haya observado la acción de un diseñador.

Poco importa que las estadísticas en realidad apoyen el beneficio del uso del condón y menos aún que el hecho de que no fuera efectivo para evitar la transmisión de una enfermedad en unas circunstancias nada diga acerca de lo inmoral de su uso como anticonceptivo.

Poco importa que se puedan hacer pruebas para evitar el contagio por sangre contaminada y menos aún que alguien pueda morir por no hacerse una transfusión.

Poco importa que no haya tal cosa como la energía vital, y menos parece importar que nadie entre los tarotólogos se ha preocupado de saber si es verdad o no esa manera de traducir la posición de las cartas en aspectos psicológicos o en futuribles.

Lo único que importará es que “mi experiencia de experto me dice que estas cosas funcionan” o que “mi fe me dice que estas cosas son inmorales”.

martes, 9 de marzo de 2010

En el sentido más laudatorio del término



El idioma: La lengua gallega, hija del latín, hermana del castellano y madre del portugués.

El autor de la letra: Álvaro Cunqueiro, el mejor escritor español del siglo 20, exagerando muy, muy poco.

El autor de la música: Luis Emilio Batallán, el cantautor gallego que sorprendió a todo el mundo con su disco "Aí vén o maio" en 1975, aún hoy uno de los más celebrados de la canción gallega. Aquí está su versión original, y aquí una más reciente.

La versión: Milladoiro, el más internacional de los grupos gallegos.

La voz: Laura Amado, a cuyo lado palidecen otras mucho más famosas. Si no, comparad con esta otra versión.

La letra (traducida):

A pomba dourada

En el nido nuevo del viento hay una paloma dorada.

Quién pudiera enamorarla, amigo mío.

Canta a la luz de la luna y al amanecer en flauta de verde olivo.

Tiene aires de flor reciente, cosas de recién casada.

También tiene sombra de sombra y andar primero de río.

En esta otra versión se acompañan de Cristina Pato, la mejor gaitera del mundo, y se oye con mejor sonido.

Gallego, en el sentido más laudatorio del término.

sábado, 6 de marzo de 2010

La reforma de las pensiones

Ya se ha hecho público el manifiesto sobre la reforma de las pensiones del que hablaba hace una semana. En eso momento no entré en los detalles de las propuestas porque era todavía un borrador. Aquí hay un resumen de uno de los promotores y un enlace al texto original. Está redactado en términos que creo asequibles y fáciles de leer y entender para cualquier persona educada. También cualquier persona educada que se moleste podrá juzgar si la versión de él que se da en los medios de comunicación le hace o no justicia.

Yo he firmado el documento, como también firmé el de hace un año sobre la reforma laboral.

viernes, 5 de marzo de 2010

El agente y el principal


Hay, por lo menos, dos formas de conseguir que una organización funcione. Una primera consiste en decirle a cada uno lo que tiene que hacer para conseguir el fin de que se trate y pagarle a cada uno si hace lo que se le dice. Tiene la desventaja de que muy a menudo quien puede ordenar a cada uno (el que paga) no sabe qué es lo que hay que hacer para conseguir el resultado.

Otra manera consiste en dejar libertad a los individuos, para que hagan lo que crean conveniente y pagar por resultados. Tiene como desventaja que, en algunos casos, los resultados no siempre se obtienen a pesar de que los individuos tomen las mejores decisiones y trabajen de la mejor manera. Puede haber un elemento de suerte.

La economía de la información muestra, sin embargo, que la segunda manera suele ser mucho mejor para todos. Para el que cobra, la aleatoriedad en el pago se ve de sobra compensada por el mayor pago en caso de éxito. Para el que paga, el mayor pago se ve compensado por mejores resultados.

Por ejemplo, el dueño de un negocio (el principal) contrata a un experto (el agente). Si el experto hace bien su trabajo, el dueño ganará 100 o 30 con iguales probabilidades, pero si lo hace sólo cumpliendo mínimos, ganará 30 con total seguridad. Hacer bien el trabajo le cuesta 10 al experto, pero hacerlo cumpliendo mínimos le cuesta 0. El dueño no puede saber si el experto hace o no todo el esfuerzo que puede y solo observa el resultado. Si el dueño le paga una cantidad fija (20) el experto no hará ningún esfuerzo, se llevará los 20 y el dueño 10 (30 que gana menos 20 que paga).

Si, en cambio, el dueño paga por resultado, puede pagar 60 si el resultado es bueno y 20 si es regular. Si el experto se esfuerza ganará 40 en media, a lo que hay que restar el esfuerzo, que es 10, así que se queda en 30. El dueño ganará 25 en media (100 menos 60 o 30 menos 20 con iguales probabilidades).

No entender esto limita la productividad, sobre todo en la cosa pública, más reacia a pagar por resultados. En la Universidad española la mayor parte del salario depende de cumplir unos mínimos (muy mínimos) que, eso sí, están reglamentados. Las cosas que puede y no puede hacer con su presupuesto un Departamento están muy limitadas y controladas (la manera de contratar, pagar y promocionar al profesorado, por ejemplo). Si se permitiera más libertad y más presupuesto a cambio de más resultados (investigación de calidad, por ejemplo) y menos si los resultados no llegan, todo el mundo ganaría (en media, algún mediocre sin ganas de trabajar vería su salario disminuido).

Mientras no se supere el miedo a la libertad y a ser evaluado todos los esfuerzos por mejorar la universidad basados en decirle a la gente lo que tienen que hacer serán costosos y poco útiles.

martes, 2 de marzo de 2010

El maltrato animal


Anda Hugo reflexionando sobre nuestra relación con los animales, y eso me ha animado a escribir esta entrada.

En alguna ocasión he manifestado que, mientras haya muchos aficionados a las corridas de toros, no creo que debieran ser prohibidas totalmente, y ello a pesar de la abominación y el atraso cultural que veo en ellas. Creo que hace falta un consenso mayor que una mayoría simple. Tal vez esté equivocado y, tras la prohibición, en pocos años ya nadie se acordaría de lo salvajes que éramos.

Me parece bien que los antitaurinos se hagan oír (por las buenas) y me parece estupendo que algunas autonomías hayan alcanzado suficiente consenso para su prohibición. De hecho, este parece que pueda ser el camino. Empezó en Canarias y ha seguido en Cataluña. Curiosamente nadie apreció problemas en el primer caso, pero sí en cambio en el segundo. Me pregunto qué pensará cada uno cuando sólo queden tres o cuatro autonomías con "fiesta nacional".

A los aficionados a la tauromaquia les diré que yo veo en una corrida de toros lo que ellos seguramente verán en el vídeo que se muestra arriba. Como ellos, tampoco encontraría belleza en la pelea ni indulgencia para quien pueda encontrarla incluso si los canguros fueran criados en una vida regalada y feliz para terminar así.

Claro que veo alguna cosa más, las luces de los trajes, el refinamiento de los movimientos del torero,... , pero lo que veo en el vídeo también lo veo en las corridas, y nada de lo anterior me lo encubre.