viernes, 29 de abril de 2011

El alemán inefable


El pasado martes acudí a una tertulia en la que fui testigo de unas manifestaciones curiosas por parte de uno de los asistentes, no ya porque no tenían nada que ver con el tema, sino por lo que decía.

En esencia, esta persona estaba empeñada en que no podía entenderse la filosofía de Husserl a no ser que se le leyera en alemán. Cualquier intento de escepticismo ante esta afirmación venía contestada con la pregunta: ¿acaso has leído a Husserl en alemán?

¿Cómo reaccionar ante una afirmación de este estilo? Indudablemente, siempre es mejor leer a cada autor en su propia lengua, si es que uno puede. En la traducción se pierden matices, rimas, ritmos, tonos, juegos de palabras, ironías y otras sutilezas. ¿Pero será posible que haya ideas, grandiosas ideas, que sean exclusivas de un idioma?

No me imagino que una teoría científica no pueda ser expresada más que en un idioma y que sea misión imposible hacerlo en los demás. No me lo imagino porque todo lo que sé acerca de la comunicación humana y de la traducción entre idiomas es contrario a esa posibilidad y todo lo que sé la contradice. Modestamente, he leído libros en varios idiomas tan distintos entre sí como el gallego y el euskera y no me he topado con ninguna idea intraducible entre ellos y modestamente he hablado de ciencia, economía, política, filosofía,... en lenguas como el inglés y el castellano sin encontrarme ejemplos de tal incomunicación.

¿Es la filosofía de Husserl una rima que se pierda en la traducción? Mala, muy mala filosofía sería si su entendimiento dependiera de eso. Pero eso es justamente lo que se nos estaría diciendo. (Donde he puesto rima póngase ritmo, ironía, juegos de palabras,...)

Claro que hay otra posibilidad, que el alemán tenga palabras para expresar ideas complejas donde otros idiomas no tienen palabras semejantes. Eso no es un argumento a favor de la inefabilidad de esas ideas en los demás idiomas, que siempre podrán expresarse mediante varias palabras que la expliquen. ¿No es suficiente? Que me diga entonces ese contertulio cómo aprendió él alemán suficiente para leer a Husserl sino a fuerza de que se le explicaran las cosas complejas. ¿Acaso hay sensaciones, emociones, intuiciones que solo se sienten en alemán?

lunes, 25 de abril de 2011

La economía de la discriminación 4


La discriminación estadística

La discriminación estadística ocurre cuando los empleadores creen que las mujeres son menos productivas en media que los hombres. Si la contratación de personal se realiza tras la adquisición de información que refleja imperfectamente la capacidad del candidato (por ejemplo, tras una entrevista o un test), el empleador encontrará óptimo añadir a la información obtenida por la prueba información sobre la capacidad media del colectivo al que pertenece el candidato. El resultado será desfavorable para las mujeres si las creencias sobre su productividad media son las apuntadas. Por supuesto, habrá un incentivo a mejorar la calidad de la prueba (por ejemplo, alargando la entrevista o haciendo contratos temporales para detectar la capacidad del candidato con exactitud). Pero, en la medida que recabar más información sea costoso, el sesgo contra las mujeres prevalecerá. En este modelo, las mujeres contratadas lo serán a un salario inferior, a pesar de que puedan tener la misma capacidad para ese trabajo que sus colegas masculinos. La causa es la dificultad por parte del empleador de reconocer esta capacidad. A pesar de que la capacidad pueda ser reconocida tras incorporarse al puesto de trabajo, no se evita haber comenzado con un salario menor. De igual manera, si existe la posibilidad de promociones a cargos de mayor responsabilidad, en cada tramo se podrá repetir la discriminación estadística, al tener dificultad en obtener la información adecuada sobre la capacidad para realizar las nuevas tareas que implicaría el nuevo trabajo.

Si se interpreta que la asignación de una persona a una tarea dentro de la empresa es parte del proceso productivo, la información imperfecta que está en la base del modelo de discriminación estadística será la causa de que las mujeres no tengan, desde el punto de vista del empresario, la misma productividad que los hombres. Una consecuencia que se deduce de este modelo es la tendencia a excluir a las mujeres de los trabajos que requieren habilidades específicas de la empresa, caracterizados por salarios altos, buenas oportunidades de promoción y baja probabilidad de despido. En consecuencia, encontrarán empleo más fácilmente en trabajos rutinarios, peor pagados, sin perspectivas de promoción y mayor probabilidad de despido.

Es posible extender las conclusiones de los modelos de discriminación estadística al caso de hombres y mujeres con idéntica productividad media y con creencias correctas por parte de los empleadores. Si la prueba previa a la contratación es más precisa cuando se aplica a hombres que cuando se aplica a mujeres, los errores en la percepción de la productividad de las mujeres serán mayores, por lo que de nuevo su productividad esperada tras la prueba será menor que la de sus colegas masculinos y, consecuentemente, su salario también será menor. Las razones de la distinta precisión en la prueba pueden ser debidas, por ejemplo, a que el comité de contratación esté compuesto mayoritariamente por hombres y que éstos sepan distinguir mejor la calidad de los hombres que la de las mujeres. A partir de aquí se siguen las mismas consecuencias del modelo anterior de discriminación estadística. La importancia de señalar que la discriminación estadística puede darse incluso en el caso de productividades medias idénticas entre hombres y mujeres se deriva de que, si bien la hipótesis de una menor productividad media entre las mujeres puede ser correcta cuando se valora a todos los hombres y todas las mujeres, no tiene por qué serlo cuando la contratación se hace sobre un subconjunto de los individuos (por ejemplo, aquellos con un título), en el cual no se postula ninguna diferencia de productividad.

Continúa en La economía de la discriminación 5.

jueves, 21 de abril de 2011

La manifestación atea



Hoy, jueves 21 de abril, debía haber sido testigo de una pequeña manifestación atea en el madrileño barrio de Lavapiés. Los convocantes pensaban reunir a un centenar de personas en una manifestación lúdica para poner su contrapunto a tanta procesión católica.

Primero la Delegación del Gobierno y luego el Tribunal Superior de Justicia de Madrid la han prohibido.

Las razones de la Delegación del Gobierno incluyen algunas verdaderamente absurdas como que "el lugar por el que pretenden los convocantes desarrollar la manifestación, curiosamente, presentan nombres relacionados con la simbología católica". Los demás argumentos no son mucho mejores, se habla del día y de la hora, de que hay iglesias por todas partes y de la imagen turística de Madrid. Cámbiense los términos para ver qué nos parecería que se prohibiera una procesión católica en un barrio lleno de calles dedicadas a científicos y pensadores racionalistas en donde hubiera centros dedicados al pensamiento y no a la superchería.

Hay un único argumento en la lista de razones que puede ser pertinente: la posibilidad de altercados entre grupos violentos tanto entre los participen en procesiones cercanas como entre los participantes de la manifestación atea. Sería un argumento si hubiera algún motivo para sospechar que algo así podría ocurrir y no una especulación sin evidencia empírica. Un cambio en el itinerario o un cordón policial habrían sido suficiente, dada la asistencia esperada a la manifestación atea.

El argumentario de la sentencia del TSJM es algo menos insensato. No entra en consideraciones como la turística, ajena al asunto de la libertad de manifestación, y se concentra en dos razones. La primera es la libertad religiosa, la segunda es el orden público. Sobre la segunda vide el párrafo anterior.

Lo interesante es la primera. La sentencia recoge largos párrafos de artículos legales pertinentes a la libertad religiosa. Léanse con cuidado: ninguno de ellos dice nada acerca de "defender la conciencia religiosa de ofensas o críticas". Sin embargo ese es el argumento, en plan non sequitur, de la sentencia.

Es decir, se apela a la protección al derecho a tener ideas religiosas y poder manifestarlas públicamente (por qué hace falta un artículo así en el derecho, cuando no lo hay para otro tipo de creencias, es otra historia) para deducir que no pueden ser objeto de burla u ofensa, como cualquier otra creencia.

Esta es la idea completamente aberrante que subyace a la prohibición de la manifestación atea.

martes, 19 de abril de 2011

Hechos y valores


"El crecimiento a largo plazo a menudo se ralentiza por la extensión de una inseguridad crónica en la alimentación. Las personas que no tienen energía están mal preparadas para aprovechar las oportunidades derivadas de incrementar su productividad y su output. Es por esto que quienes diseñan las políticas públicas en algunos países podrían querer considerar intervenciones que favorezcan la seguridad alimentaria a los grupos más afectados sin tener que esperar al efecto general de un crecimiento a largo plazo."
"Las mejores políticas para aliviar la malnutrición y la pobreza son las que favorecen el crecimiento y la competitividad de la economía, puesto que una economía en crecimiento y competitiva facilita una mejor distribución del capital humano y otros activos y asegura ingresos mayores a los pobres. El progreso en la batalla contra la malnutrición y la pobreza se puede sostener si, y solo si, hay un crecimiento económico satisfactorio."
No parece que haya conflicto en los valores en estas citas. En cambio sí parece que haya desacuerdo sobre la manera más efectiva de eliminar la malnutrición y la pobreza extrema. Que las publicaciones donde aparecen las citas sean de la misma institución (el Banco Mundial) y del mismo año (1986) no debería ser una sorpresa: todavía lo ignoramos casi todo sobre la manera en que las sociedades responden a las políticas.

Tomado del Capítulo 22, Facts and values in modern economics, de Partha Dasgupta, del libro The Oxford Handbook of Philosophy of Economics, Oxford University Press.

viernes, 15 de abril de 2011

La economía de la discriminación 3




Discriminación basada en falsas creencias

En las entradas anteriores sobre la economía de la discriminación, (esta y esta) hemos hablado de la discriminación basada en preferencias por discriminar. No es la única causa posible. Las falsas creencias acerca de la productividad de un colectivo son otra posibilidad. Pondré dos ejemplos de este tipo de causa.

1. Falsas creencias sobre la productividad de las mujeres.

Los empresarios sólo estarán dispuestos a contratar y a remunerar a la mujeres según sus creencias, y no según la productividad real. Esto implicará un salario para las mujeres inferior a su productividad marginal real. Es difícil mantener esta situación a largo plazo, puesto que los empresarios deberían darse cuenta de la mayor productividad real de las mujeres respecto a la anticipada. Dicho de otra manera, los empresarios que empleen a más mujeres (a ese salario inferior) verán incrementados sus beneficios. Este proceso de aprendizaje puede ser lento si los beneficios no son fácilmente imputables a la presencia de trabajo femenino.

También es posible que la expectativa de la menor productividad femenina induzca a algunas empresas a no contratar mujeres, de manera que nunca tendrán elementos de juicio para corregir su error. Sus creencias nunca se verán refutadas. Este fenómeno, de ser general, implicaría una segregación del mercado de trabajo, no una diferencia de salarios por igual trabajo.

2. Falsas creencias sobre las preferencias discriminatorias de clientes o trabajadores respecto de las mujeres.

Es posible concebir una situación en la que ningún agente tenga preferencias discriminatorias, pero sin embargo estas preferencias correctas no sean de conocimiento común. Es decir, es posible que los agentes crean que los demás tienen preferencias discriminatorias y actúen de acuerdo con estas creencias. Así, si un empleador piensa que los clientes descontarán el valor de un bien o servicio provisto por una mujer, aunque esto no sea cierto, sólo contratarán mujeres para estos trabajos a un salario menor.

Si, a su vez, los clientes encuentran que recibir este bien o servicio de una mujer les produce una pérdida, por ejemplo, porque estiman que su prestigio disminuye, sólo demandarán estos bienes o servicios a un precio inferior. Más aún, estos mismos agentes que temen una pérdida de prestigio, aunque personalmente no tengan preferencias discriminatorias, pueden encontrar óptimo pretender que encuentran poco prestigiosa la situación de ser servidos por mujeres. El conjunto de agentes en esta economía pueden encontrarse en un "mal" equilibrio en un juego de coordinación en el que cada jugador encuentra desprestigioso el contacto con mujeres en determinados puestos, sólo porque los demás también lo encuentran. Sólo un cambio en las creencias de un número importante de agentes podría lograr iniciar una tendencia hacia el equilibrio en el que las preferencias no discriminatorias sean de conocimiento común.

Hay, por lo menos, tres mecanismos para abandonar un sistema de creencias erróneo. El primero sucede a través de cambios individuales en las actitudes discriminatorias (inversiones individuales), otro mediante una coordinación en un nuevo equilibrio sin discriminación y un tercero con el aprendizaje de las verdaderas preferencias de los demás agentes. Cualquiera de estos tres mecanismos puede ser demasiado lento y podrían beneficiarse de algunas políticas públicas que fuercen el aprendizaje o la coordinación.

Continúa en La economía de la discriminación 4.

lunes, 11 de abril de 2011

El País no se lee a sí mismo


En la entrada anterior hablábamos del artículo que El País dedicó al anumerismo. Bien podía haber tomado nota la redacción del propio periódico. En la sección de economía, la que mejor debería manejar los números encontramos dos ejemplos de analfabetismo matemático.

El primero:
"Los españoles ganan de media un 60% menos que los europeos."
Después nos enteramos que se refiere al salario medio (y no a otras fuentes de ingreso), pero lo grave es que nos dicen que el salario medio español es 22.000 euros y el europeo 35.000. Si uno hace las cuentas observa que el salario español es un 37% menor que el europeo, no un 60%. ¿De dónde han sacado el número del titular? Seguramente de que el salario europeo es un 60% mayor que el español.

El segundo:
"Por delante, si hasta ahora los países más próximos a España serán Rusia e India. Pero por poco tiempo. Entre este 2011 y 2016, ambos países registrarán un crecimiento exponencial que les alejará progresivamente de España. De hecho, la economía rusa llegará a duplicar el Producto Interno Bruto español dentro de cinco años, según los cálculos del FMI."
Dejemos aparte que las dos primeras frases parecen estar redactadas con los pies. Nos dicen que ahora el PIB de Rusia es muy parecido al español (nos acaban de adelantar) y que dentro de cinco años será el doble. No me he leído el informe del FMI, pero apuesto lo que sea a que no dice eso.

Para doblar el PIB en cinco años hace falta crecer al 15% anual. Si España no se está quieta y crece al 2% anual (de media), Rusia necesita crecer al 17% anual para doblar el PIB de España. Se antoja empresa imposible.

Por otra parte, no es ningún indicio de nada el que los países con más población vayan adelantando en tamaño de su economía a otros con menos población. Que nos adelanten Rusia, India, México,... es algo inevitable. El problema es que nos adelanten Canadá o Australia, con menos población.

Actualización 12 abril:

Josu, en el blog Malaprensa, ha sido capaz de encontrar la fuente original de la noticia primera. No son datos oficiales, sino estimaciones de una empresa que no explica su método. Con unos pocos cálculos, entre Josu y un comentarista, parece que se puede establecer que los datos, buenos o malos, se restringen a la Europa-15 (los países miembros antes de las últimas ampliaciones al Este, Malta y Chipre).

Actualización 13 de abril:

El País ha corregido el titular de la primera noticia. Si errar es humano, corregir es divino. Eso que le honra. Sobre la segunda noticia no hay novedades.

jueves, 7 de abril de 2011

Atrevida ignorancia


Una alumna me llama la atención por el artículo en El País sobre el anumerismo. Entre otras cosas se citan varios ejemplos de cómo el analfabetismo numérico nos puede hacer tomar malas decisiones. En particular se trata el famoso caso de las tres puertas, conocido como el problema de Monty Hall. Aquí lo expliqué con cierto detalle.

No interesa repetirlo ahora. Basta con decir que la respuesta al problema es una, mientras que la que parece intuitiva a la inmensa mayoría de la gente es otra. Hasta aquí todo bien, una paradoja más. Lo curioso es que el artículo de El País tiene más de 600 comentarios, la mayoría discusiones en torno a qué respuesta es la buena.

Llegados a este punto, uno (yo) no sabe qué pensar. Razonar una respuesta en ese problema requiere unos conocimientos mínimos de probabilidades. Quienes intentan razonar la respuesta intuitiva no tienen tales conocimientos. Si los tuvieran, habrían entendido la explicación correcta. Es más, lo más seguro es que ya la conocerían, puesto que el problema es un clásico en probabilidad y se enseña en todas partes. Así las cosas, ¿por qué tanta gente razona, hasta enfadada y con malas palabras, que la respuesta buena es la equivocada?

1. ¿Acaso no saben que sus conocimientos de probabilidad son muy limitados? (Atrevida ignorancia).

2. ¿Acaso creen que todos los que sí saben de probabilidad están engañados?

3. ¿Por qué no dedican unos segundos a buscar en google algo sobre el tema? Les hará ver, por lo menos, que los que se empeñan en mostrarles la solución correcta en los comentarios de El País no son unos locos que pasaban por ahí.

4. ¿Son gente a la que les importa un bledo la respuesta y solo quieren llamar la atención?

5. ¿Alguna otra sugerencia?

lunes, 4 de abril de 2011

Prejuicios económicos 2


Hace un par de entradas prometía hablar de un segundo prejuicio económico que, a mi entender, está manifestándose últimamente. Me refiero a las especulaciones sobre el aumento del tipo de interés del Banco Central Europeo.

Según parece hay una preocupación porque la inflación en la zona euro está subiendo al 2,6% y el euríbor se sitúa en el 2%, cuando la tasa de interés oficial es el 1%. Véase aquí. El euríbor es la tasa de interés a la que se prestan entre sí los bancos de la zona euro mientras que la tasa oficial es el interés al que presta el Banco Central Europeo.

Según parece también, la preocupación por la inflación es mayor que la preocupación por el euríbor. Ante esto mi opinión es que la preocupación por la inflación debe ser mínima. Por una parte, tasas de inflación tan bajas (y el 2,6% lo es) nunca nadie ha mostrado que sean perjudiciales en lo más mínimo. Tampoco es que haya ninguna necesidad de tenerlas porque sí y mejor (más cómodo) que sea la inflación lo más baja posible. Pero si la razón de parte de la inflación son los costes del petróleo, todavía hay más dudas de que sea interesante luchar monetariamente contra ella.

Una inflación de costes no es propiamente una inflación. Es decir, no es un incremento general y persistente en el alza de los precios que, como nos recordaría Milton Friedman, es un fenómeno monetario siempre y en todo lugar y que se puede (y debe) combatir eliminando la causa monetaria (el imprimir dinero, vamos). La inflación debida a los costes es un ajuste en los precios ante un hecho real, como es en este caso la escasez relativa de petróleo. Si un bien se hace escaso, ha de ser más caro. Ninguna política monetaria puede resolver esto.

Por otra parte, distintas regiones de la eurozona están en distinto proceso de salida de la crisis y una restricción de liquidez causada por tipos de interés más alto pueden frenar algunas expectativas de mejora. Estrictamente, con agentes perfectamente racionales e información completa de todo lo que está pasando, no debería ser así. Pero siendo las cosas menos perfectas de lo que quisiéramos, uno se arriesga a que sea así para nada, para bajar unas décimas una inflación que no hace ningún daño digno de tener en cuenta.

viernes, 1 de abril de 2011

Escépticos en el club: cambio climático


Mañana (acaso hoy) sábado 2 de abril tenemos la nueva edición de Escépticos en el Pub. La charla será a cargo de Eustoquio Molina, catedrático de Paleontología en la Universidad de Zaragoza. El título de la charla es La nueva y peligrosa pseudociencia del negacionismo del cambio climático. Aquí está el resumen, que tomo, como todos estos datos, de Homínidos:
El negacionismo del cambio climático es una nueva pseudociencia que niega que el calentamiento global esté siendo producido por el hombre, o minimiza su importancia negándose a tomar medidas. Se trata de una pseudociencia porque no cumple con los requisitos básicos del método científico, ignorando el amplio consenso científico puesto de manifiesto por más de 2.000 expertos científicos organizados por la ONU en el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático. A pesar de todos los datos científicos acumulados que evidencian el cambio climático de origen antropogénico y los peligros que conlleva, existen bastantes influyentes negacionistas, que son muy combativos en los medios de comunicación más conservadores y algunos tienen mucho poder político. Varios presidentes y ex presidentes de relevantes naciones son negacionistas. En general el negacionismo es fomentado por grandes empresas petroleras y políticos neoliberales partidarios a ultranza del libre mercado, que ven peligrar sus intereses si se toman costosas medidas propugnadas por los ecologistas y científicos. En este sentido, los datos y previsiones científicas están poniendo de manifiesto que los ecologistas no exageraban tanto como se creía.
Como de costumbre, la charla será a las 19:30 en el Irish Corner (C/ Arturo Soria, 6), y no se pide pagar entrada, pero sí os tomáis algo se agradecerá, que así el dueño del pub estará contento y nos dejará seguir montado estos saraos.