miércoles, 29 de febrero de 2012

Pregunta #4. Las teorías económicas

(Antes publicada como #3)

Entre todas las entradas de Economía he mostrado que existen unas cuantas regularidades en el comportamiento económico de los individuos y he dado varios ejemplos. Hay quien no ve suficiente generalidad en estas regularidades como para que la Economía sea llamada ciencia. No me interesa la semántica, yo ya he dicho en qué sentido uso la palabra ciencia: el que se refiere a determinar usando el mayor cuidado posible (esto es el método científico) cuándo una hipótesis, ley o teoría cuenta con una mayor o menor evidencia a su favor que otra alternativa. Con esto basta para el propósito, también explicitado, de apoyar políticas basadas en la evidencia.

Repaso algunas regularidades e introduzco otras como ejemplo:
  • Los individuos quieren sacarle el mayor partido a su renta.
  • Los individuos prefieren "suavizar" el consumo a lo largo de su vida.
  • En algunos casos, los mercados son capaces de resolver problemas de abastecimiento de bienes y servicios (nadie planifica qué ropa entra y sale de una ciudad y sin embargo las tiendas están abastecidas).
  • En otros casos, la libre decisión de los individuos no parece llevar a un buen uso de los recursos (el problema de los comunes, por ejemplo).
  • El intento de poner un precio máximo en un mercado, en lugar de favorecer a las personas de menos recursos, genera una escasez de ese bien y su desplazamiento al mercado negro, donde el precio es mayor.
  • La apertura al mercado exterior es una fuente adicional de riqueza.
  • La competencia entre empresas hace aumenta la calidad de los productos.

Hay muchas más regularidades de este tipo. Muchos fenómenos, algunos de ellos aparentemente contradictorios (a veces la libertad de empresa lleva a un buen resultado, a veces no). El siguiente paso es resumira algunas regularidades como leyes (las que se dejan, después de hacer un contraste empírico para evitar sesgos y correlaciones espúrias) y construir una teoría que explique esas leyes. Por supuesto, ha de ser consistente con las regularidades encontradas y ha de permitir encontrar alguna otra.

Las leyes que enuncia la Economía son del tipo:
  • Ley de la oferta: la oferta es una función no decreciente en el precio.
  • Ley de la demanda: la demanda es una función no creciente en el precio.
  • Ley de la renta permanente (por razones históricas se quedó con el nombre de hipótesis): los individuos prefieren "suavizar" sus consumos a lo largo del tiempo.

Hay algunas más, claro está. Todas estas leyes se pueden recoger en una teoría. De hecho, se puede recoger en varias, cada una algo más general que la anterior (cuando se llega a un nivel de más complicación, habrá teorías alternativas que todavía andan compitiendo entre sí). Una de las teorías o modelos más sencillos es el llamado modelo de oferta-demanda (no recoge, por ejemplo, la ley de la renta permanente). Es un modelo estático y parcial (solo estudia un mercado cada vez). El modelo estándar, que recoge el anterior como un caso particular, es la Teoría (o modelo) del Equilibrio General es todavía más básico, en el sentido de que toma como punto de partida menos supuestos y deduce, no postula, las leyes de la oferta y la demanda. Este modelo comienza estudiando los mercados competitivos. Es un modelo ideal, los mercados perfectamente competitivos no existen, ya lo sabemos. Enuncia una serie de proposiciones que no se encontraban en las regularidades ni en las leyes y que son susceptibles de contraste empírico. Las más importantes son:
  1. En ausencia de externalidades, bienes públicos y problemas de información, los mercados competitivos son eficientes.
  2. En las mismas condiciones anteriores (y alguna otra más técnica), cualquier asignación eficiente (cualquier manera eficiente de producir y repartir lo producido) puede ser implementada en un mercado competitivo cambiando adecuadamente las posiciones de partida de los individuos (en el lenguaje económico, sus dotaciones iniciales).
  3. Los mercados competitivos necesitan de la cantidad de información menor posible con la que puede funcionar eficientemente cualquier mecanismo económico.

El resultado 1 dice que los mercados competitivos permiten aprovechar y repartir los recursos de manera no mejorable (en el sentido de producir más o dar más a cada uno) por ningún otro sistema.

El resultado 2 dice que el problema de la eficiencia y de la equidad se pueden separar. Cualquier asignación equitativa que uno tenga en mente puede llevarse a cabo en un sistema de mercado, pero para ello habrá que realizar transferencias de renta de unos a otros. Esto tiene como corolario que para luchar contra las desigualdades son mejores las políticas de transferencia de rentas que las de alterar políticamente los precios. (Puede haber otras políticas mejores todavía, pero hace falta un modelo más amplio: aquí se puede ver el tema con algo más de detalle.)

El resultado 3 dice que el mercado es un sistema muy robusto por su manera descentralizada de manejar la información. Un mercado que funcione mal no genera cuellos de botella en otros (no más, por lo menos, que comparado con cualquier otro sistema y mucho menos que comparado con muchos otros).

Además de lo anterior, los mercados se muestran muy robustos frente a las imperfecciones del mercado. Quiere decir esto que mercados no perfectamente competitivos, pero sí "bastante" competitivos, se portan "bastante parecido" a los mercados perfectamente competitivos.

Hay otros resultados que se obtienen al estudiar el modelo. Por ejemplo, uno que he señalado alguna vez, que da igual sobre quién recae un impuesto (comprador o vendedor), quien lo acaba pagando depende no de eso, sino de las características de las funciones de oferta y demanda (sus elasticidades). Es, por otra parte, una predicción fácil de mostrar experimentalmente. Otra consecuencia interesante de este modelo es que la apertura al comercio exterior puede equiparse a un tipo de progreso tecnológico. También son observables las consecuencias parecidas de ambos fenómenos.

¿Ya está?

Ni mucho menos. Esta es solo la primera lección. A continuación vienen todas las lecciones sobre lo que pasa cuando no se dan las condiciones que hacen buenos los mercados competitivos. Así que de considerar sacrosantos a los mercados, nada de nada. La Economía no va de eso.

Pero estaría bien que quien critica a la Economía muestre si es capaz de generar un modelo que dé cuenta de tantas regularidades como explica siquiera el modelo sencillo de oferta-demanda, no ya el de Equilibrio General. El premio para quien lo consiga es el Nobel.

lunes, 27 de febrero de 2012

Preguntas #2 y #3. Sobre las regularidades económicas




Sigamos con la lista de preguntas planteada hace tres entradas.

Sin regularidades en el objeto de estudio no hay ciencia posible. La aleatoriedad de los sucesos o su carácter caótico (en el sentido matemático del término), por sí solos, no tienen por qué impedir la existencia de regularidades. La regularidad puede darse en términos estadísticos o en forma de existencia de tipos de atractores. Tan aleatorio es que salga cara con probabilidad 1/2 que con probabilidad 2/3. Ambas probabilidades nos darán regularidades y, la segunda, la posibilidad de mejores predicciones.

No voy, de momento, a listar las regularidades encontradas en la economía, sino a mostrar por dónde se pueden buscar y qué hacer para confirmar o rechazar que, efectivamente, sean regularidades.

Me restringiré a la asignación de recursos en las sociedades humanas (aunque podríamos hacer algo parecido con los hormigueros -no humanos- o con Robinson Crusoe -humano, pero no sociedad). Cualquier manera de usar los recursos debe resolver dos problemas, el de la producción y el del consumo. Qué producir, por quiénes y qué consumir y por quiénes. Así que vayamos a husmear en regularidades en la manera en que se han enfrentado los seres humanos a estos problemas.

Las primeras cosas que observar serán generales, por aquí hay sociedades más prósperas, por allá las hay más pobres. Aquí abundan unas desigualdades, allá, menos. Aquí hay unos mecanismos económicos, allá hay otros. Aquí una sociedad hizo un cambio y ocurrió tal cosa, allá también, más allá tras ese mismo cambio ocurrió otra cosa. ¿Podemos pasar de hablar de observaciones de hechos a observaciones de regularidades? La descripción de los hechos no implica más que su listado, las regularidades implican haber aceptado algún tipo de causalidad (aunque esta se nos escape).

¿Cuál es la regularidad relevante? He aquí una lista (no exhaustiva) de hechos candidatos a regularidades:

-Los países más prósperos tienden a ser protestantes
-Los países más prósperos tienden a estar en climas templados
-Los países más prósperos tienden a tener economías de mercado
-Los países más prósperos tienden a tener un pasado colonialista
-Los países más prósperos tienden a ser democráticos
-Los países más prósperos tienden a tener ciudadanos más educados

¿Podemos hacer algo para considerar unos de estos candidatos como más dignos de ser considerados regularidades? Recordemos que, implícitamente, implica reconocer una causa, aunque no esté del todo entendida y que esto, a su vez implicará que tal vez podamos prever (de haber acertado con la regularidad) una tendencia futura. Por ejemplo, podemos recomendar la conversión de unas sociedades al protestantismo y ver qué pasa, aunque difícilmente podemos recomendar el traslado de un país fuera del trópico.

Frente a estas posibles (en caso de existir) regularidades tan generales podremos buscar regularidades más concretas. He aquí otros ejemplos. Los pongo en preguntas porque, al contrario de las anteriores, que son conocidas de todos, estas suelen ser más desconocidas, así que no voy a presumir de saber ya la correlación que pueda dar pie o no a una regularidad.

La calidad de la educación (a la vez recurso humano para el trabajo y fin en sí mismo) tiende a ser mayor en sociedades con...

-... un sistema público de educación fuerte
-... un sistema público de educación poco importante
-... un sistema que separa por sexos en el aula
-... un sistema de educación que premia la excelencia
-... un sistema de educación que evalúa a los profesores según resultados
-... un sistema que permite la elección de centro
-... un sistema que usa el mecanismo del bono escolar

De momento dejo estas cuestiones abiertas. No me interesa tanto responder ahora a los dos ejemplos sino dejar abierta la discusión sobre qué tipo de datos querríamos y podríamos tener para dar más validez a alguna de estas posibles regularidades que a otras. Tal vez habrá que empezar por definir mejor qué es eso de sociedades prósperas y qué es eso de calidad de educación. No nos liemos demasiado en esto. Aunque haya distintas definiciones que puedan matizar muchas cosas, creo que podemos usar, para empezar, una definición amplia.

sábado, 25 de febrero de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

Pregunta #1. El objeto de la Economía

Siguiendo el orden planteado en la entrada anterior, paso a contestar a la primera pregunta. Pero antes destaco que estoy siguiendo este debate en paralelo en una lista de distribución pública asociada a ARP. Os podéis suscribir aquí para participar o simplemente ver cómo va el debate.

El objeto de la Economía será todo aquello que uno tiene en la cabeza cuando habla de economía, sea capaz de avanzar o no en alguna de esa cosas, pero serán también otros más. Los trueques, los mercados, las subastas, la planificación central, los incentivos a la corrupción, la contribución voluntaria, la valoración de los recursos naturales, las crisis económicas, el análisis coste beneficio de poner un nuevo hospital o un pabellón de deportes,... Todo eso le interesa a la Economía. Intentaré escribir Economía para referirme a la disciplina (ciencia o lo que sea) y economía o sistema económico para referirme a cómo se organizan las decisiones económicas en una sociedad.

La Economía, para referirse a todo lo anterior, se define así: La Economía es el estudio de la asignación de recursos escasos a fines alternativos.

Pero ¿cómo? ¿no era prevenir crisis? ¿saber si la bolsa subirá? Pues, directamente, no. Si se pueden prevenir crisis o subidas de bolsa, estupendo. Si no llegamos a tanto, pues de eso no deberemos presumir. Pero nos quedan muchas otras cosas que podemos hacer. De esto se hablará en la preguntas 6 y 7.

Todo lo que se decía antes interesa en este estudio y la Economía intentará aclarar si algún mecanismo económico usa mejor los recursos que otro (porque consigue, por ejemplo, los mismos fines con menos recursos o consigue llegar más lejos en los fines con iguales recursos) y que haya unos tipos de crisis con unos mecanismos y otros con otros, le interesará. Obsérvese que los fines no se definen. Cuáles son y cómo ponderarlos si son varios depende de las preferencias de cada cual.

Un ejemplo: si 20 personas quedan para cenar, el gasto por comensal será distinto en la situación en que cada uno paga lo suyo que en la situación en que se divide el total a partes iguales (y esto se sabe antes de pedir, claro). Esta diferencia ¿dice algo acerca de la eficiencia del uso de los recursos de los comensales?

Algunos fines son compartidos (creo) por todos, como el de disminuir la tasa de desempleo, aumentar la renta nacional o disminuir el nivel de desigualdad. Pero incluso en este caso, cada cuál tendrá su manera de ponderar unos y otros (cuánto está dispuesto a renunciar de uno para tener algo más del otro). Otros fines son dispares: a unos les gustará más un tipo de urbanismo que a otros, por ejemplo. Pero todo esto será el tema de la pregunta 10.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Preguntas para un debate ordenado

1. ¿Hay un objeto susceptible de ser estudiado y que a ese estudio llamemos Economía?

2. En el conjunto de cosas que son ese objeto de estudio. ¿Hay regularidades? ¿Cómo podemos establecerlas? ¿Con qué nivel de precisión? ¿Podemos usar el método científico para encontrarlas?

3. ¿Pueden algunas de esas regularidades ayudarnos a definir leyes más generales?

4. ¿Podemos formular alguna teoría que dé cuenta de esas leyes? ¿Permite esa teoría hacer algún tipo de predicciones? Por ejemplo: ayudar a encontrar más leyes o regularidades, predecir algunos acontecimientos o explicar otras regularidades que no eran parte del núcleo de regularidades que usamos para establecer la teoría.

5. Esa teoría, ¿cumple los mínimos para ser una teoría? Es decir: ¿es no contradictoria, sinóptica, contrastable y con poder de explicación?

(No contradictoria: con la lógica y las matemáticas. Sinóptica: navaja de Occam. Contrastable: los elementos de la teoría tienen contrapartida con algunos elementos de la realidad. Con poder de explicación: debe ser falsable.)

(OJO: son mínimos, una teoría puede cumplirlos y ser muy mala: puede ser falsable y falsada)

6. Esa teoría: ¿sirve para algo relevante o es tan poco lo que explica que no debe ser usada para orientar ninguna medida de política económica? Es decir: ¿tiene un grado de fiabilidad suficientemente mayor que otras teorías alternativas y que el no tener ninguna (si es que tal cosa es posible)? ¿se aplica a un número relevante de situaciones económicas o únicamente a unas pocas?

7. Si es relevante para algo: ¿cuál es ese algo?

8. ¿Es suficiente que sea relevante en "ese algo" para llamar ciencia a la Economía?

9. ¿Dentro de "ese algo" podremos decir que hay medidas de política económica más acertadas que otras?

10. Dentro de ese algo ¿hay opciones políticas? ¿Permite la Economía separar la parte, digamos objetivable o técnica, de lo que constituyen divergencias políticas?

11. ¿Cuánto hay dentro de ese algo establecido y cuánto son extrapolaciones a cosas más allá de ese algo? ¿Está aquí el origen de las escuelas económicas?

12. ¿Hay progreso en Economía o está estancada? ¿Cómo progresa? ¿Se han desechado teorías? ¿Hay una manera de corregir errores? ¿Cómo funciona la profesión?

A partir de aquí se abrirían otras preguntas. No son directamente acerca del estatus científico de la Economía, pero serán igualmente interesantes (las planteo para no eludirlas y para separarlas de las anteriores).

13. ¿Cuál es la influencia de la Economía así establecida en la política? ¿Hacen caso los políticos a los economistas? ¿A quienes? ¿A los que investigan? ¿A otros? ¿Hacen caso a medias? ¿Apenas?

14. ¿Podemos separar al economista como investigador del economista como ingeniero social? Sería análoga a la separación entre físicos que intentan establecer las leyes de la Física y los ingenieros que construyen puentes o coches de Fórmula 1. Los economistas pueden también establecer leyes económicas por una parte y diseñar mecanismos económicos por otra.

15. Los mecanismos económicos ¿están realmente diseñados por economistas? ¿en cuánta parte? ¿Un fallo en un mecanismo (un puente que se cae, un mercado que no funciona) invalida las leyes establecidas? ¿Se han olvidado, en el diseño del mecanismo, leyes que se debían tener en cuenta? ¿Es el fallo que no se sabían esas leyes? ¿Que se creía que no se aplicaban? ¿Incompetencia del diseñador, que no usó el estado de conocimientos? ¿Estaba mal la teoría desde el principio y este fallo obliga a cambiarla? ¿Es un problema derivado de que no se prestó suficiente atención a unos hechos económicos?

16. ¿Presumen los economistas (todos, algunos,...) de saber más de lo que saben?

17. ¿Hay magufería en Economía? ¿Cómo detectarla? ¿Nos ayuda todo lo anterior a hacerlo?

Puede haber, claro, más preguntas. Antes de introducir unas nuevas, pensad si no caben en algunos de los puntos, a los que ya llegaremos. De momento, empecemos por las primeras. Tras esperar un tiempo por si hay alguna moción de orden, empezaré a decir algo sobre el punto 1 y me ceñiré a ese orden (o al que salga de la moción de orden). Sé que es tentador hablar de todo a la vez, pero creo que iremos más rápidos si nos ordenamos y tenemos paciencia.

viernes, 17 de febrero de 2012

Cómo cargarse el sistema público de pensiones aún sin querer


En un comentario a la entrada anterior decía que una de las cosas más tristes que uno puede presenciar en un discurso intelectual es la defensa de una buena idea con malos argumentos o con malas propuestas. Sucederá fácilmente que el mal argumento se detecte y esto le haga un flaco favor a la buena idea o que la mala propuesta consiga justo lo contrario de lo que se quería. Esto último es lo que le pasa a Vicenç Navarro con su peculiar manera de abordar el tema de las pensiones.

Como ya recogí hace tiempo en otra entrada, Navarro dice:
“El número de trabajadores por pensionista pasará de 2,24 ahora a 1,15 en 2050 (una reducción de menos de la mitad), pero, lo que es más importante, es que en 2050 cada trabajador producirá mucho más del doble de lo que produce un trabajador ahora, con lo cual podrá sostener más del doble de pensionistas que ahora.”
Aquella vez ya señalé que, para determinar qué hacer con las pensiones, hay que comparar los efectos de varias propuestas alternativas, no lo que hace una alternativa mañana frente a lo que hace hoy. Esta vez mostraré que encomendarse al aumento de la productividad como solución (o como parte importante de ella) a nuestro problema de las pensiones es un gravísimo error.

Pongamos que ahora un trabajador, cuando se jubila, recibe el 80% de su último salario. Si no se hace nada, cuando un trabajador se jubile en 2050 solo podrá recibir el 40% de su último salario (recordemos que no se ha recaudado ni cotizado nada más para financiar las pensiones). Es muy cierto que el 40% del último sueldo en 2050 será una cantidad mucho mayor que el 80% del último sueldo ahora. Pero como sabemos que a los individuos no les gusta perder tanto poder adquisitivo repentinamente, es fácil prever que mucha gente ahorrará para gastar en el momento de su retiro, y una de las mejores formas de hacerlo será mediante un plan de pensiones privado.

Fiarse a la productividad de esta manera implica deteriorar el sistema de pensiones público basado en el reparto y fomentar el sistema de pensiones privado basado en la capitalización. Paradojas de tener opiniones pseudoeconómicas.
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Aquí hay documentación con estudios sobre las pensiones.


martes, 14 de febrero de 2012

Buenas y malas cuentas


A raíz de una discusión escéptica sobre Economía, algunos contertulios me instan a que aclare de dónde saco algunas de mis afirmaciones. Por ejemplo, de dónde saco que los bancos prefieren que las hipotecas se paguen en lugar de que se produzca un impago y quedarse con el piso. Con esta afirmación intentaba rebatir la idea contraria (que prefieren los impagos) como parte del argumentario de que los bancos están interesados en que haya crisis.

Creo que el contertulio que me planteó la pregunta en realidad estaba más interesado en saber cómo saben lo que saben (o creen saber) los economistas. Señalaré, como cuestión de orden, que siempre me refiero a la Economía como ciencia (o disciplina, si el nombre de ciencia sabe a mucho) según el consenso académico de los economistas que investigan y publican en las revistas de impacto y que se recoge (en parte) en los libros de texto. Lo que diré se refiere a este quehacer de estos economistas, no a si un economista de una empresa, familia o administración pública o internacional toma decisiones correctas.

Los economistas acumulan conocimientos usando:

1. Teorías generales o hipótesis particulares formuladas con el intento de fundamentar y explicar los comportamientos económicos observados.
2. Contrastación empírica de tales teorías e hipótesis.

La contrastación empírica viene de varias fuentes:
  • Los datos históricos de la aplicación de distintas políticas. 
  • Los datos observados sobre las decisiones de consumo, ahorro, inversión,... en individuos, familias y empresas (por ejemplo, la Encuesta de Presupuestos Familiares).
  • Los experimentos de campo que se producen cuando se aplica un programa piloto sobre una medida económica. Se llaman experimentos porque suelen permitir comparar el comportamiento del grupo de individuos a los que se aplica la medida con otro semejante al que no se aplica y sirve de control. Por ejemplo, se aplica un sistema de bono escolar en una provincia y no en otra similar.
  • Los experimentos de laboratorio en los que varios participantes simulan decisiones económicas.
  • Las simulaciones de modelos econométricos calibrados a los parámetros de un país y que intentan prever los efectos de algunas políticas económicas.
A los que se muestran escépticos sobre si los economistas saben tomar bien los datos les reconfortará saber que han desarrollado toda una rama de la Estadística (con ayuda de estadísticos y matemáticos) para prevenir todo tipo de posibles sesgos: la Econometría.

Es bastante fácil responder a la cuestión que abría la entrada. No hace falta matar moscas a cañonazos, basta ver que cuando una hipoteca se paga el banco cobra todos los intereses del préstamo. Cuando se produce un impago, cobrará solo los intereses hasta la fecha del embargo de la casa (más los de demora por las cantidades debidas hasta ese momento). De la venta de la casa solo se quedará, como mucho, con la parte que haga frente a estos intereses no pagados más el remanente del préstamo sin amortizar y del que no sacará intereses. Digo "como mucho" porque nunca se puede quedar con más, si la venta de la casa genera más que la deuda, el resto va al titular de la hipoteca. Si la venta no da para pagar la deuda, puede no haber nada más que embargar para cobrar el resto. También podemos ir a los balances de los bancos y ver qué rendimiento le sacan a un préstamo hipotecario que se paga y qué rendimiento a uno que acaba en embargo y cuánto puede aumentar el negocio en cada una de estas dos posibilidades.

Frente a esta manera de obtener datos y hacer afirmaciones hay siempre alguien que hace las cosas mal. Por ejemplo, Vicenç Navarro asegura en su libro Hay Alternativas que si España tuviera el tamaño del estado de Suecia (proporcionalmente hablando, claro) estaríamos sin paro. Su único argumento es este:
“Si España, que en estos momentos tiene un 9 por ciento de su población empleada en estos servicios, tuviera el porcentaje que tiene Suecia (25 por ciento), tendría como poco 5 millones de puestos de trabajo más de los que tiene ahora, cifra que es superior, por cierto, al número de desempleados actual, lo que significa que el desempleo no existiría en España.” (pag. 95)
Navarro no tiene en cuenta nada más, por ejemplo que si el Estado Español se hiciera cargo de (casi) toda la sanidad y educación del país, muchos, muchísimos de los puestos nuevos que tendría el sector público serían puestos que habría quitado al sector privado, por poner solo un ejemplo. Es una opción, pero hay que hacerse bien las cuentas. Y todo eso sin hablar del nivel de riqueza de Suecia, que se puede permitir más cosas que España, o de su mucha menor corrupción y mayor eficiencia en la cosa pública.

domingo, 12 de febrero de 2012

¿Hay observación sin teoría?

Hubo intentos epistemológicos para contestar esta pregunta en afirmativo. La ciencia sería una tabla rasa en la que se irían anotando las observaciones para luego construir una teoría. Hoy en día se tiende a pensar que la respuesta es negativa. Cuando, por ejemplo, anotamos la velocidad de desplazamiento de una partícula, anotamos también las condiciones del medio, como humedad y temperatura, pero no anotamos otras, como el tamaño del laboratorio o el color del pelo del asistente de investigación. Esto es porque nuestra teoría descarta que estos últimos elementos influyan en la velocidad de la partícula.

Es más, la verosimilitud del dato experimental, la medida en que nos ratifica o refuta la hipótesis, depende del grado de aceptación a priori de esa hipótesis o de la teoría en que se enmarca. Por ejemplo, si mi creencia a priori es que en tal sitio solo llueve un día de cada 100, el caso que haré a una señal de que va a llover (un informe meteorológico con su margen de error, por ejemplo) en ese lugar será distinta de la que haré a esa misma señal en un lugar donde creo que llueve 90 días de cada 100. En el primer caso dudaré mucho de que la señal quiera decir que, efectivamente, lloverá mañana, mientras que en el segundo caso mi confianza pasará del 90% a un número mucho más cercano a 100.

Muy bien. Aceptemos que no hay observación sin teoría. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que no es posible la investigación objetiva? ¿Que no tenemos seguridad de que nuestras teorías sean ciertas? ¿Que podemos tener dos teorías distintas pero igual de ciertas?

Ilustremos esto último con el siguiente diálogo:

-Oye, Zorba, ¿es verdad que los griegos para decir "sí" decís "nai"?
-Nai.
-¡Ya sabía yo que no podía ser!

Hay dos teorías sobre el significado de "nai", y según sea la creencia a priori, así se interpretará la contestación de Zorba. Así, pues, parece que es posible tener dos teorías contradictorias sin poder dilucidar si una es mejor que la otra basándonos en los datos, pues se interpretarán según la teoría.

Pero si seguimos hablando con Zorba terminaremos aprendiendo algo de griego y, finalmente, sabremos el significado de "nai". Hasta ahora no ha ocurrido que un explorador crea haber aprendido el idioma del nativo y esté tan equivocado en su creencia que cuando cree estar hablando de la caza de rinocerontes, en realidad está hablando de lo desdentada que está la abuela del nativo.

Ahora juzguemos si las teorías científicas se parecen más al escueto diálogo del ejemplo o a una interacción más constante como la del explorador. Ciertamente no podremos demostrar al 100% que nuestra teoría no está equivocada. Ninguna lo pretende y, por otra parte, es algo que epistemológicamente ya sabíamos imposible. Es más, el insistir en "no hay observación sin teoría" no nos aporta demasiado a nuestra lista de cuidados del método científico, que incluye la valoración de hipótesis alternativas, por ejemplo.

La situación tiene incluso su formulación matemática en la estadística moderna. Hay dos maneras de hacer inferencia estadística, la clásica y la bayesiana. La clásica hace sus inferencias ateniéndose solo a los datos. La bayesiana parte de hipótesis previas que va cambiando según vengan los datos. Es más, la bayesiana dice que la clásica, por mucho que quiera, siempre hace alguna hipótesis. Los clásicos creen que los bayesianos complican sin necesidad la inferencia estadística.

Al final da bastante igual porque hace tiempo que se ha demostrado que ambas maneras de hacer inferencia dan los mismos resultados cuando el número de observaciones no es demasiado pequeño. Es más, esto es cierto para cualquier hipótesis de partida que se trajera según la visión bayesiana.

Es decir, tenemos un modelo en que se explica cómo puede haber avances aún aceptando eso de que no hay observación sin teoría y no tenemos ningún caso, salvo los triviales como el diálogo de arriba, en el que ocurra que dos teorías distintas nos dan distintas visiones de la realidad que sean igualmente concordantes con los datos. Si son distintas, una hará unas predicciones y otra, otras. No hemos observado que haya teorías que hagan distintas predicciones y que cada una vea ratificadas sus hipótesis, justamente por la diferente valoración de los resultados de las predicciones. Si dos teorías son distintas solo en la parte no observable, no son distintas en ningún sentido importante.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Odiosa comparación (3)

Esta vez (aquí y aquí las otras) se trata de los puentes transbordadores que quedan en el mundo. El de Bizkaia se suele llamar puente colgante. Aunque toda su vida había sido negro o gris, hace poco lo han pintado del color rojizo del mineral de hierro de Somorrostro. Como él, quedan otros siete, incluido el de Osten, que es casi de juguete (ocho si contamos el de Duluth, Minnesota, que dejó de ser trasbordador para ser levadizo). Se construyeron otros 10 que se han demolido y se comenzó a construir uno más que se desguazó antes de ser acabado.

¿Es o no es el más elegante?

Puente de Bizkaia, Portugalete-Getxo, País Vasco, 1893, en uso. Patrimonio de la Humanidad desde 2006.


Warrington Transporter Bridge, Warrington, Inglaterra, 1916, sin uso.


Middlesbrough Transporter Bridge, Middlesbrough, Inglaterra, 1911, en uso si no hay vientos fuertes.


Newport Transporter Bridge, Newport, Gales, 1906, en uso.


Puente Transbordador de Osten, Osten, Alemania, 1909, uso turístico.


Puente Transbordador de Avellaneda, Buenos Aires, Argentina, 1914, sin uso.


Rendsburg High Bridge, Rendsburg, Alemania, 1913, en uso.


Rochefort-Martrou Transporter Bridge, Rochefort, Francia, 1900, en uso durante el verano.

domingo, 5 de febrero de 2012

Epistemología ¿para qué?


La pregunta "cómo conocemos la realidad" tiene desde hace tiempo una respuesta, que es el método científico. No es que sea la única manera, puesto que, sin ciencia, algo también conocemos de la realidad; sino que es la mejor manera de hacerlo, en el sentido de que es la que ofrece más y mejores resultados. La ciencia no resuelve problemas morales o de gustos, aunque puede aportar un par de ayudas. La primera es sobre el origen (evolutivo, social,...) de nuestras preferencias en esos temas y la segunda es sobre la coherencia interna de algunos sistemas de preferencias.

Todo eso está muy bien, pero los filósofos y los científicos quieren también poner orden en su quehacer y quieren reflexionar sobre cómo es posible ese conocimiento, si tiene unos límites, si algunos tipos de conocimiento tienen una base más sólida que otros o si el estatus de las leyes en una disciplina es distinto que en otra, por poner unos ejemplos.

A estas últimas inquietudes está dedicada la epistemología. Una de las primeras cosas que uno aprende es que ningún conocimiento, salvo la existencia propia (e incluso esta puede no ser del tipo que la imaginamos), es fiable al 100%. La parte empírica puede ser un engaño de los sentidos y no hay lógica que pueda demostrar que las cosas no se comportan de manera distinta cuando no las miramos. Lo que vemos de la realidad puede ser muy distinto de la realidad; la sensación de color no es una longitud de onda, ni la sensación de solidez de un objeto es una fuerza eléctrica repulsiva. La parte lógica, con las demostraciones de la lógica y las matemáticas, tampoco es demostrable lógicamente. Un demonio puede meterse en nuestro cerebro para hacernos sentir la sensación de "correcto" cada vez que damos un paso en una demostración.

Lo anterior no es ninguna reflexión científica profunda, sino un toque de atención de Pero Grullo para poder hacer lo que sí es la buena epistemología. Una vez que nada es 100% fiable, ¿qué hacemos? ¿podemos decir algo acerca de las inquietudes con las que plantábamos la querencia de una epistemología?

Antes que nada habrá que plantearse cómo podemos evaluar si avanzamos o no en nuestra epistemología. La respuesta no puede ser: si demostramos al 100% que hemos hecho lo correcto, porque ya sabemos que eso no puede ser. La respuesta tampoco puede ser: como nada es 100% correcto, todo vale y no podemos defender una postura frente a otra y solo queda no hacer nada. Habrá grados de aceptación. Habrá, tal vez, posturas epistemológicas que surjan de las evidencias que acumulamos y otras que requieran complicaciones innecesarias.

Una epistemología será mejor que otra si es capaz de encontrar distinciones relevantes. He aquí una lista con varios ejemplos de cuestiones que, en la medida que se contesten total o parcialmente por una epistemología, servirá para evaluarla y preferirla o no a otra:
  • ¿Hay una diferencia entre la lógica y las matemáticas, por un lado, y las ciencias empíricas, por otro?
  • ¿Qué se puede decir sobre el problema de la realidad exterior y de las otras mentes?
  • ¿Hay una diferencia de estatus entre las leyes de unas ciencias y otras?
  • ¿Por qué unas ciencias parecen avanzar más que otras?
  • ¿Qué conceptos se aplican a los modelos (a las teorías científicas) y qué conceptos a la realidad?
  • Un mismo concepto, ¿tiene significados distintos según se aplique al modelo o a la realidad -por ejemplo, el concepto de existencia-?
  • ¿Cómo se relacionan entre sí los elementos de distintas ciencias? ¿Pueden tener un estatus en unas y otro en otras?
  • ¿Cómo quedan ordenados los cuidados del método científico?
  • ¿Ofrece algún criterio para distinguir ciencia de pseudociencia?
  • ¿Encuentra diferencias entre ciencia, moral y estética que expliquen la distinta manera en que se procede en estos temas?
La epistemología que llevo planteando en este blog en numerosas discusiones en otros, se puede evaluar en estos términos. Otros contertulios proponen epistemologías que no solo no se sabe qué hacen, sino que cuando les pregunto qué quieren hacer se abstienen de contestar, cuando les propongo un plan para ver en qué avanza cada posición me tachan de querer imponer ya una epistemología y cuando les señalo que su epistemología no parece estar dando cuenta de nada contestan que ya pero que qué se la va a hacer, que la mía tampoco da cuenta de nada al 100%.

Si alguien cree que exagero, esta discusión ilustra muy bien lo que señalo.