viernes, 27 de julio de 2012

Los números de la economía española

Unos cuantos números para entender la cosa pública española y no decir demasiadas tonterías.

Ingresos:

IRPF: El impuesto sobre la renta de toda la vida.
IVA: Eso, el IVA.
IS: Impuesto sobre sociedades (al 30%, excepto en el País Vasco, que está algo más bajo)
I. Especiales: Sobre la gasolina, tabaco,...
Cot. SS: Las cotizaciones a la Seguridad Social.
ITP/AID: Impuesto sobre transmisiones y otros.

Como el PIB de España es un billón de euros, más o menos, los números de la izquierda se pueden leer como porcentaje del PIB (que es como están) o, multiplicándolos por 10, como miles de millones. Así, las cotizaciones a la SS andan por los 100 mil millones mientras que la recaudación por IRPF está en torno a los 63 mil millones de euros y la del IVA en 44 mil millones. Faltan contabilizar los impuestos locales.

Gastos:

Lo más chulo que he encontrado para la parte del gasto está aquí. Es una gráfica interactiva que no puedo copiar en esta entrada (le faltan, creo, los presupuestos de las comunidades de régimen foral (País Vasco y Navarra) y los gastos de los ayuntamientos o CCAA sufragados con sus impuestos locales, y no desglosa la composición del gasto de las CCAA que se señala en transferencias). Aquí van unas aproximaciones (en miles de millones) de la composición del gasto en 2011:

Pensiones: 112
Sanidad: 65
Desempleo: 29
Políticas activas de empleo: 8
Fomento (obra pública): 22
Defensa: 6
Seguridad ciudadana: 8,5
Intereses de la deuda: 28
El resto de partidas son muchas, y todas mucho más pequeñas que estas.
Los avales a la banca se contabilizan, cuando se ejecutan, en las operaciones del Tesoro, como gastos. Las ayudas directas a la banca son gastos, claro.

El presupuesto total de las administraciones era de unos 360 mil millones en 2011 (en el 2007, antes de la crisis estaba ligeramente por encima de los 400). Sin embargo, los ingresos de los impuestos no llegan a cubrir esa cantidad. La diferencia es el déficit, que se financia con deuda. Tras el famoso baile de cifras, el final de 2011 nos dejó un déficit igual al 8,5% del PIB:

Déficit: Ingresos menos gastos = 85 mil millones (¡más que toda la recaudación por IRPF!)

Recordemos que cada año hay que refinanciar algo más de 110 mil millones en deuda (o amortizarla con más recortes e impuestos, pero para eso hace falta superávit). Si refinanciamos unos dos o tres puntos por encima del tipo de interés anterior, esto supone añadir unos 2.500 millones al gasto. La nueva deuda (el déficit) nos incrementa los gastos por todo el interés. Financiar el déficit del 8,5% del PIB a un 7% nos añade casi 6.000 millones anuales al gasto.

Los que no quieren subir impuestos ni recortar en pensiones, sanidad, educación, protección social, ... ¿Qué quieren?

1. No pagar: eso es bancarrota.
2. Generar inflación (saliendo del euro o dentro de él, convenciendo a Alemania): eso es como suspender pagos, se devuelve menos de lo que se pidió y se resentirá nuestra reputación de pagadores.
3. Protestar: eso es pataleo.
4. Subir impuestos a los ricos: Eso es estupendo. ¿Cuál es el plan? ¿cuánto se recaudará? ¿cuándo?
5. Disminuir la economía sumergida. Eso también es estupendo. Vuelven a ser pertinentes las preguntas anteriores. Véase la entrada anterior.

¿Qué hay que hacer? Pues un poco de todo. Subir impuestos, recortar gastos, incidir sobre la evasión fiscal y la economía sumergida y negociar lo mejor posible con nuestros socios. Esto no crea riqueza, claro está. Solo nos hace cuadrar las cuentas y evitar problemas mayores. Es solo la resolución de uno de nuestros problemas, sin el cual difícilmente se pueden empezar a resolver los demás.

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viernes, 20 de julio de 2012

Cuentos de la lechera


UPyD cree poder ahorrar 72.000 millones de euros con solo reformar las Administraciones.

El sindicato de Inspectores de Hacienda, Gestha cree poder recaudar 63.300 millones más.

Vicenç Navarro, en la línea de los inspectores, cree poder recaudar 56.400.

En COOP57 son mucho más optimistas, creen poder ahorrar 140.000 millones.

Los de Zona Crítica en eldiario.es también encuentran dinero por todas partes.

Algunas propuestas en los anteriores enlaces son sensatas y otras son cuentos de la lechera. Lo malo es que las sensatas nos permiten recaudar o ahorrar poco (así todo habría que hacerlo, claro) y que las que, según el cuento, permiten ahorrar mucho son irrealizables en esas cantidades (y no por ello habría que dejar de intentarlo en la medida que se pueda, claro también). Veamos algunos ejemplos:

1. La tasa Tobin o alguna parecida sobre transacciones financieras debe ser, en todo caso, acordada por todos los países. De no ser así, pasará como en Suecia, que esperaban recaudar 1.500 millones de coronas y se tuvieron que conformar con 50 millones y perder muchísimo negocio financiero (cuyas ganancias estaban sujetas a impuestos que se perdieron). Así que no esperemos gran cosa por ahí en cuanto a recaudación.

2. UPyD parece no darse cuenta de que, quitando gastos en pensiones, sanidad, educación, cobertura del desempleo e intereses de la deuda (gastos donde no hay apenas redundancia) en las cuentas públicas quedan poco más de 100 mil millones de euros. ¿Piensa de verdad que 72.000 millones son gastos redundantes?

3. Lo mismo le pasa a COOP557, que cree poder ahorrar 45.000 millones eliminando la mitad de los concejales y diputados. Lo cree porque se lo han dicho "sus fuentes de la universidad (catedráticos de economía en su mayoría)" que además le dicen que "sería muy fácil". Pues yo no sé quién se lo habrá dicho. Ellos mismos estiman en 68.000 los concejales en España. Redondeemos a 70.000 con parlamentos autonómicos. La mitad son 35.000. Eso significaría que por cada concejal o parlamentario nos estamos gastando 1.280.000 euros. Si algún catedrático de economía ha hecho estas cuentas es para ponerlo de patitas en la calle. (Sépase, además, que la mayoría de los concejales de pueblos pequeños no cobran).

4. Una constante en estas cuentas de la lechera es que podemos hacer aflorar la economía sumergida y gravarla al 38% entre todos los impuestos, como el resto de la renta. La economía sumergida está estimada en el 23% del PIB, lo que nos da unos 230.000 millones de euros. Aflorar la mitad es aflorar 115.000 millones que, al 38% dan unos 43.700 millones. No está nada mal. Lo que pasa es que nadie sabe cómo hacer aflorar la mitad de la economía sumergida. Países como Suecia tienen un 15%. Todas las experiencias de hacerla legal han sido muy lentas. Del orden de un 1 punto anual. Es decir, que si nos ponemos duros, aflorarían en un año 23.000 millones (¿a qué coste?), que nos darían 8.740 millones en el mejor de los casos (y ni aún así, que muy seguramente esas actividades estarían gravadas a un tipo media bastante menor). Y no, el que algunos estimen que el fraude fiscal corresponde en su mayoría a los ricos no quiere decir que la economía sumergida corresponda en su mayoría a los ricos.

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martes, 17 de julio de 2012

El nudo gordiano de la economía española



He aquí el rompecabezas:

Pongamos que yo gano 100 al año y que tengo deudas por valor de 60. En vista de eso le pido prestado 60 a la mafia, a quien tendré que devolver 120 dentro de un año. Es decir, que la mafia me pide un 100% de interés. Es muy caro y seguramente sea un muy mal negocio. Sin embargo eso permite que mis ingresos de este año sean los 100 de mi sueldo y los 60 que pido prestados, 160 en total. Por contra, si en lugar de pedir ese dinero a la mafia lo que hago es pagar al mitad de mis deudas mi renta disponible será de 70 (los 100 de mi sueldo menos 30 que dedico a pagar deudas). Sería absurdo comparar los 70 de esta situación con los 160 de la anterior y concluir que es mejor pedir prestado a la mafia, porque favorece el crecimiento de este año o criticar a quien opta por pagar deudas por provocar un descenso de su renta disponible, que pasa de 100 a 70.

Cosas parecidas nos pasan con esta crisis. Veamos los dos grandes problemas que tenemos:

1. Si intentamos pagar nuestras deudas y controlar nuestro déficit tenemos el problema de disminuir el producto interior bruto del país, el famoso PIB. Esto es crecer menos o tener crecimiento negativo, lo que nos hará todavía más difícil crear riqueza para seguir pagando deudas.

2. Si hacemos como que no tenemos deudas y seguimos con nuestro nivel de gasto tendremos que recurrir a préstamos muy caros. Financiar un déficit del 8,5% del PIB (el de 2011), que son 85.000 millones de euros, al 7% son casi 6.000 millones de euros al año en intereses, casi el presupuesto de Defensa o casi todo lo que se gasta en medidas activas de empleo. Es pan para hoy y hambre para mañana, a no ser que a ese dinero prestado le saquemos más de un 7% de rendimiento.

Subir impuestos para mantener gastos es una manera de mantener gastos, pero no hace subir el PIB a no ser que esos gastos sean más productivos en la cosa pública que en la privada.

-Entonces, ¿hagamos lo que hagamos estamos jodidos?
-Efectivamente.

Algo que no parecemos comprender bien es que el daño está hecho. Tenemos una crisis que nos ha hecho ser más pobres. Esto no hay quien lo cambie. Podemos admitirlo hoy o podemos ser miopes y dejar el problema para mañana, como el que pide dinero a la mafia. El gran problema es cómo repartir ese coste (hablé de eso en la entrada anterior y volveré a hablar en futuras entradas), cómo encontrar el equilibrio entre reducción del déficit y favorecer el crecimiento y convencer a nuestros socios de que nos ayuden en todo esto. Otro gran problema es la miopía de quien no quiera verlo y se queja de cualquier cosa que se haga, vía problema 1 o problema 2.

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viernes, 13 de julio de 2012

Un gobierno sin mano izquierda


La mayoría de las críticas que se leen contra el gobierno y su manejo de la crisis se pueden agrupar en tres categorías:

1. Está incumpliendo su programa electoral.

2. Está tomando las medidas de política económica equivocadas.

3. Está siendo errático, usando malos modos, mala comunicación y engañando con las palabras.

He de reconocer que, de las tres, la primera es la que menos me preocupa. Seguramente no debería ser así y, en una democracia, el programa electoral debería ser un compromiso serio. No es así, lamentablemente. Y, en el caso del programa del PP, era materialmente imposible que fuera así. Nunca creí (y no puedo pensar que alguien no lo creyera) que quien ganara las elecciones pudiera evitar hacer recortes (tal vez no los de este gobierno), subir todos los impuestos (tal vez de otra manera) y negociar ayudas europeas (acaso otras que las que finalmente estamos teniendo). Tampoco era previsible que ni el PP ni el PSOE dejaran caer ningún banco (y esto sí podía haberse hecho).

Sobre la segunda ya estoy comentando en algunas entradas, como cuando he hablado de la reforma laboral, de una posible reforma de la educación o de la ayuda a la banca.

Pero, con todo, creo que más grave aún es que no tiene la más mínima mano izquierda para llevar a cabo sus políticas, acertadas o erradas. Hasta ahora no hemos visto ejemplaridad ni intento de ser equitativos en los sacrificios. No creo que subiendo los impuestos a los más ricos nos resuelva el problema del déficit como algunos parecen creer, pero el gobierno no puede dejar de hacerlo. El impuesto sobre el patrimonio, un poco más en el IRPF,... aportarán algo de dinero, pero, sobre todo, aportarán un sentido de justicia que ahora no se está teniendo en cuenta. Tampoco soy muy optimista en que la lucha contra el fraude sea una parte grande de la solución, pero no estamos viendo tampoco siquiera un gesto en este sentido, solo una mala amnistía fiscal y un tímido aumento de la inspección. No hay un gran plan para encontrar y castigar a los evasores. Tampoco se entiende que se deje fuera del esfuerzo nacional al mayor propietario del país, la iglesia católica. Finalmente, el que el gobierno y el parlamento se bajen el sueldo en lo que corresponde a una paga extra me parece muy poca ejemplaridad.

Si hay una crisis, como si hay una epidemia, la sufriremos todos no importa quién la haya causado. En esto tampoco podemos ser ingenuos, pero por lo menos uno quisiera que ocurrieran tres cosas. Primero, que se minimice el daño (con las políticas acertadas). Segundo, que se investiguen posibles hechos delictivos (si un banco declara beneficios y meses después se encuentra que en realidad había grandísimas pérdidas seguro que hay alguna falsedad en documento contable, por lo menos eso). Tercero, que no haya nadie privilegiado.

martes, 10 de julio de 2012

¿A al tercera va la vencida?



Primero fue el rescate. Europa ponía a disposición de España 100 mil millones a un interés menor que el que nos piden los mercados para hacer frente al rescate bancario. Era buena noticia, dado que el rescate se iba a hacer, mejor a un tipo de interés menor. Parecía que podía implicarse algo Europa, pero entre que eso no fue así y el que no había manera de saber cuáles eran las condiciones, la cosa no sirvió para calmar a nadie.

Después fue la aceptación por Alemania de que la ayuda fuera directamente a la banca, y no al Estado. Albricias, gritaron muchos, por fin empezamos a hacer las cosas bien. De nuevo, el no saber la letra pequeña, la confusión sobre cuánto aval estatal debería haber detrás, sobre el momento de hacer efectiva la ayuda y las declaraciones de Finlandia y Holanda contrarias a esta medida nos bajó el subidón.

Las cosas se van arreglando un poco. Ahora parece que se van a librar los primeros 30 mil millones enseguida y que están más claros los deberes de España. ¿Será de verdad? ¿A la tercera va la vencida? O, por el contrario, ¿nos quedará por ver más chapuza hispano-europea?
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sábado, 7 de julio de 2012

Qué fácil es saber


O eso parece a menudo. Veamos, si no:
  • La culpa de todo la tiene la sociedad.
  • Tal comportamiento no es más que una sublimación de un deseo o el resultado de un trauma.
  • Hay que equilibrar la energía para estar sanos. Siendo positivos aumentamos las defensas del cuerpo.
  • Dando dinero a la gente impulsamos la economía.
Son simplezas y, aunque para alguna de esas afirmaciones se pueda poner un ejemplo que parezca darle la razón, no permiten hacer ningún tipo de análisis más allá de formar un discurso que no sea dar vueltas a datos y argumentos para justificar lo que ya se está postulando. Sin embargo dan la apariencia de conocimiento y, gracias a ellas (o por culpa de ellas) creemos saber de sociología, psicología, medicina o economía, según el caso, hasta el punto de creer que sabemos más que quienes investigan de verdad sobre esos temas. Cada una de esas afirmaciones (junto con otras muchas de ese cariz) está en el núcleo ideológico de un tipo de discurso que engatusa a demasiada gente durante demasiado tiempo.

¿Por qué somos tan atrevidos? Seguramente haya un cúmulo de circunstancias. Ayuda el que ninguna de esas disciplinas o ciencias lo sea con una exactitud o precisión como la física, pero ayuda también el que todos sabemos, por naturaleza y por vivir en el mundo, algo de cada una de ellas. A no ser que hayamos estudiado el tema con cuidado no presumimos de saber física o química. En cambio todos somos un poco psicólogos cuando notamos que alguien está triste,  como somos un poco médicos cuando limpiamos una herida, un poco economistas cuando echamos unas cuentas y un poco sociólogos cuando detectamos grupos y diferencias sociales. Tenemos intuiciones más o menos elaboradas a las que nos aferramos demasiado. Se requiere de una gran disciplina para cambiarlas por las ideas basadas en investigaciones que se van formando con lentitud exasperante.

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Hace tres años en el blog: La paradoja del examen sorpresa.
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martes, 3 de julio de 2012

Cuando cierro los ojos veo neoliberales


En los comentarios a una entrada reciente ha vuelto a salir la palabra "neoliberal". No es la primera vez que me pasa, como no es la primera vez que quien la emplea no aclara ni su definición ni su porqué de emplearla en ese contexto. Al principio este abuso de una parte de la izquierda de llamar neoliberal a cualquiera que piense que alguna vez algún mercado ha funcionado mejor que una decisión de planificación central me parecía inocua. Hay gente incapaz de querer analizar las cosas por prejuicio ideológico, pero eso ya lo sabíamos, ocurre en todas las partes del espectro político. Pero tanta obcecación, ver que llaman también neoliberales a estos o a estos, tal vez sea indicativo de algo más, y esta es la reflexión que se me ocurre:

Hay varias razones por las que una revolución, aún bienintencionada, fracasa. Una de ellas es la presencia de estas gentes paranoicas cegadas por su ideología que ven enemigos en todas partes. Para ellos millones de personas son agentes de la CIA, contrarrevolucionarios, pequeños burgueses, reaccionarios, enemigos ocultos, etc. Si hubiera una revolución ahora los reconoceríamos porque son los que están repartiendo a diestra y siniestra la etiqueta de "neoliberal". ¿Qué clase de sociedad puede proponer gente que denota esta ignorancia y esta paranoia?

Es, en otra parte del espectro de las ideas, la misma actitud de los que ven herejes y pecadores por todas partes, o los que ven conspiraciones judías, o los que ven musulmanes socialistas en los sitios más insospechados. Coinciden en la paranoia y, si les dejan, coinciden en lo totalitario de sus métodos.

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