viernes, 26 de febrero de 2016

Arrow y la imposibilidad de la razón moral


Hay N votantes. Cada uno ordena según sus preferencias a los M candidatos a presidente (o a los M distintos proyectos públicos). El teorema de imposibilidad de Arrow dice que es imposible tener un sistema de agregación de las preferencias de los N votantes (un sistema de votación, p.e.) que nos dé un ránking de los candidatos para cualesquiera preferencias individuales y que cumpla las siguientes características:
  1. No dictadura. Es decir, que el sistema de decisión no se fije únicamente en lo que diga uno de los votantes.
  2. Monotonía. Si un votante pasa de preferir X sobre Y a preferir Y sobre X, entonces el sistema no podrá ahora elegir a X sobre Y si antes no lo hacía.
  3. Independencia de alternativas irrelevantes. El orden de preferencia entre X e Y según el sistema de agregación de preferencias debe depender solo de cómo los votantes ordenan X e Y (y no de cómo ordenan, p.e., Z con respecto a X e Y).
  4. Unanimidad. Si todos los votantes prefieren X antes que Y, el sistema también lo hará.
La demostración es muy ilustrativa: si un sistema cumple 2, 3 y 4 (digamos que un sistema así es coherente), entonces será dictatorial (no cumplirá 1). Hay que optar: o incoherencia o dictadura.

Voy a proponer otro territorio para el teorema. Pongamos que en lugar de N votantes tenemos N fines o ideales que uno quisiera ver cumplidos en una sociedad (libertad, igualdad, fraternidad, seguridad, responsabilidad, solidaridad, justicia, identidad,…) y los M proyectos son los M tipos de sociedades distintas que uno debe valorar. Esto tiene sentido si yo, a la hora de juzgar distintas sociedades, me fijo en cómo de bien aparecen en el ránking de la libertad, la igualdad, la fraternidad,... e intento tener una manera coherente de ponderar cada una de estas propiedades. Es decir, en mi mente estarán votando la libertad, la igualdad, la fraternidad,... para dar una valoración a cada sociedad.

Ahora hay que ver cuánto de cada uno de esos ideales cumple cada tipo de sociedad. Pongamos, por ejemplo, que una sociedad tiene mucho de libertad, poco de seguridad, y anda normal de justicia (y que solo importan estas tres cosas). Si la libertad pesa mucho, estará alta en el ránking, si la que pesa mucho es la seguridad, estará abajo. Si ambas pesan más o menos igual, o si la que más pesa es la justicia, alcanzará una posición media. Pues bien, el teorema de Arrow ahora dice que no es posible ponderar todos esos ideales de una manera coherente (que cumpla los puntos 2, 3 y 4) y que no sea dictatorial, lo que en este contexto significaría juzgar una sociedad por lo que hace en solo uno de esos ideales.

Dado lo anterior, uno puede entender la tentación de la dictadura para aquellas gentes incapaces de aceptar las imperfecciones de la democracia. También se puede entender la tentación de restringir las posiciones morales e identificarse solo con un ideal. De esta forma todo es más sencillo. Si uno identifica la libertad como el bien supremo, con solo ver qué pasa en esta dimensión tendrá una manera sencilla de evaluar moralmente todas las sociedades (y todas las propuestas de cambio de una sociedad). Esta sencillez se tendrá por profunda y superior a otras, al haber conseguido un método de análisis coherente (satisface 2, 3 y 4). Lo mismo ocurre si uno ha escogido la igualdad como valor supremo, la gloria de la patria o cualquier otro fin.

Frente a esos simples (anarcocapitalistas, comunistas, nacionalistas, etc.), víctimas de su propia dictadura moral, estamos los que intentamos tener en cuenta más fines y optamos por la democracia moral, que aquí no significa que lo que se vote sea lo aceptable moralmente, sino que cada uno de nosotros queremos ponderar todos los fines morales. Y optamos por ella a pesar de sus imperfecciones e incoherencias, a pesar de que esto requiere estar ponderando todo constantemente y a pesar de la complejidad que añade al análisis. O tal vez no a pesar de eso, sino por todo eso, porque nos obliga a estar mucho más vigilantes, actitud que uno quiere trabajar siempre en cuestiones de elección moral.

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lunes, 22 de febrero de 2016

Un mundo de fronteras abiertas (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de enero en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Resultado de imagen de world open borders

Para escribir un modelo más realista y confiable deben hacerse unos cuantos cambios. Por ejemplo, uno puede querer tener en cuenta los costes de emigrar. Un trabajador emigrará cuando el valor presente de todos los futuros incrementos en salario que encontrará en el país rico sea mayor que el coste de emigrar. Es fácil calcular el coste monetario de emigrar, pero el cálculo de otros costes (como el coste de dejar la cultura propia, amigos y familia) es más complicado. Aún así, se pueden usar casos reales de apertura de fronteras para obtener una estimación. Por ejemplo, los puertorriqueños pueden emigrar libremente a los Estados Unidos, donde pueden esperar ganar el doble, incluso tras tener en cuenta los precios más altos en EEUU. Como sabemos cuántos puertorriqueños deciden emigrar y cuánto ganan en ambos lugares, podemos estimar el coste de emigrar. Este caso y otros más a lo largo del mundo dan una estimación aproximada del coste de emigrar equivalente a unos diez años del salario anual. Cuando se introducen estos números en el modelo, las ganancias de las fronteras abiertas y el número de trabajadores que se desplazan disminuyen, pero no por mucho.

Llegados a este punto destacan dos cuestiones. La primera: si hay tantas ganancias potenciales por permitir la libre inmigración, ¿cómo es que ningún país ha elegido recoger todos esos beneficios? Y segunda: ¿hay alguna razón para pensar que tal vez esos billones de dólares no estén ahí después de todo? Borjas (2015) [1] usa una versión más completa del modelo para argumentar que la respuesta a la segunda pregunta puede ser positiva y para proponer a la vez una explicación a la primera. Es importante recordar que Borjas no piensa que este modelo más completo sea un buen modelo para estimar las ganancias potenciales de abrir las fronteras, sino que lo usa para hacer notar cómo la inclusión de más variables puede hacer cambiar drásticamente las conclusiones. Si el modelo es una buena simulación de esta realidad o hay uno mejor es algo que todavía no sabemos bien. El modelo solo sirve para ilustrar la falta de apoyo para la hipótesis de la ganancia de los billones de dólares. La variable que Borjas añade está en línea con las teorías de la importancia de las instituciones en Acemoglu y Robinson (2012) [4], e intenta acercarse a cuestiones no mencionadas en la literatura anterior: ¿cuántas personas emigrarán? ¿Cómo serán las condiciones económicas en el nuevo mundo sin fronteras? ¿Qué les pasará a las instituciones y normas sociales que gobiernan los intercambios económicos en cada país tras la salida o entrada de tal vez cientos de millones de personas? ¿Las instituciones que presumiblemente llevaron a intercambios eficientes en los países más ricos seguirán siendo dominantes y se extenderán por todo el mundo, o serán reemplazadas por las ineficiencias económicas y políticas que han impedido el crecimiento de los países más pobres?

La idea es la siguiente. Si un millón de inmigrantes entran en un país de 10 millones, estos inmigrantes pueden adaptarse a las instituciones económicas de su nuevo país, pero si son 20 millones los que entran, bien pudieran imponer sus propias instituciones, las mismas que los mantuvieron pobres en su país de origen. Borjas añade una variable que refleja la combinación de instituciones nacionales e importadas según cambia el número de inmigrantes, y muestra cómo de esta manera cambian drásticamente los resultados, hasta el punto de hacer que las ganancias potenciales sean insignificantes. La analogía matemática sería que el primer modelo era demasiado simplista y usaba una derivada parcial en el punto x para estimar el valor de la función en el punto y cuando este punto y no solo está lejos del x, sino que ni siquiera está en la dirección señalada por la derivada parcial.

Referencias

1. Borjas, G.J. 2015. Immigration and Globalization: A Review Essay. Journal of Economic Literature 53(4), 961–974.

4. Acemoglu, D., y Robinson J.A.. 2012. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. New York: Random House, Crown Publishing.

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Hace cinco años en el blog: ¿Democracia en el mundo árabe?
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sábado, 20 de febrero de 2016

Un mundo de fronteras abiertas (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de enero en Mapping Ignorance.

open borders

Pedimos trabajadores, pero vinieron personas.
Max Frisch

En un artículo anterior (aquí y aquí) revisé la literatura reciente sobre los efectos de la inmigración en el mercado de trabajo. En resumen, encuentra que no hay efectos significativos negativos en el empleo o en el salario de los trabajadores nativos, a la vez que estimula la economía local. A partir de aquí uno puede estar tentado a concluir que la desaparición de las restricciones de inmigración en todo el mundo induciría un gran crecimiento en el Producto Interior Bruto (PIB) mundial. Sin embargo, una cosa es decir que, dado el nivel actual de restricciones a los movimientos entre los distintos países, un flujo adicional de emigrantes es beneficioso y otra muy distinta es decir que, si las restricciones se eliminan, los beneficios se multiplican. Económicamente, esto es equivalente a tomar el efecto marginal por el efecto total. Un matemático puede entender esto como el error que uno comete al aproximar el valor de una curva usando la tangente, un error que puede ser pequeño para cambios pequeños, pero que puede hacerse muy grande cuando se extrapolan valores lejos en el dominio de la función.

Borjas (2015) [1] repasa los modelos que predicen, como dice la metáfora popular, que hay billetes de “billones de dólares” en las aceras, esperando que alguien los coja, si los países receptores de inmigrantes removieran las barreras a la inmigración (véase, por ejemplo, Clemens, 2011 [2]). El modelo más sencillo puede describirse de la siguiente manera. En los países ricos la demanda de trabajo es alta, lo que significa que los salarios son más altos que en los países pobres. Si no hubiera restricciones a la inmigración los trabajadores se moverían de los países pobres a los ricos. A medida que se muevan, los salarios en los países ricos decrecerían y los de los países pobres crecerían. La inmigración pararía cuando los salarios se igualaran en todos los países. Con unos pocos supuestos sobre las funciones de producción de los países se pueden especifica las funciones de demanda de trabajo y estimar sus parámetros. A partir de ahí se puede calibrar el modelo para simular las distintas economías y realizar ejercicios contra factuales. Con datos del Banco Mundial para el año 2011, la estimación es que el PIB mundial crecería de 70 a 110 billones de dólares, un crecimiento de casi un 60%. Este incremento en la producción se debe a que 2.600 millones de trabajadores emigran de los países menos productivos a los más productivos, lo que supone en 95% de la fuerza de trabajo total de los países pobres. Otra consecuencia es que los trabajadores nativos en los países ricos perderían el 40% de sus salarios, que los trabajadores en los países pobres y los emigrantes ganarían un 143% más, y que los capitalistas verían incrementado sus ingresos un 57%.

Por supuesto que el modelo es muy simplista, pero consigue señalar un par de problemas que encontraremos incluso con modelos más refinados: para conseguir incrementos del PIB del orden de billones, es necesario mover a miles de millones de personas (más aún si los trabajadores se mueven con sus familias). El trabajo seminal en esta área, Hamilton y Whalley (1984) [3], por ejemplo, dedica mucho espacio a detallar las ganancias en dólares, pero nunca llega a indicar el número de trabajadores que deben emigrar para conseguir esas ganancias en ninguna parte de su estudio. El otro problema es que el modelo muestra que habrá perdedores en los países ricos que se opondrían a la apertura de las fronteras.

Referencias:

1. Borjas, G.J. 2015. Immigration and Globalization: A Review Essay. Journal of Economic Literature 53(4), 961–974.

2. Clemens, Michael A. 2011. Economics and Emigration: Trillion-Dollar Bills on the Sidewalk? Journal of Economic Perspectives 25 (3), 83–106.


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Hace cinco años en el blog: Paternalismo y adoctrinamiento (2).
Hace tres años en el blog: Ignorancia supina sobre el desempleo.
Y también: La curva de Laffer y el ministro Montoro.
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sábado, 13 de febrero de 2016

Escépticos en el Pub. Sectas 2.0: El origen emocional de la enfermedad

Hoy sábado 13 de febrero la ponencia en Escépticos en el Pub Madrid vendrá de la mano de Emilio Molina (@ej_molina_c), Ingeniero Informático y licenciado en Comunicación Audiovisual, coordinador de la sección sobre "El origen emocional de la enfermedad" de la asociación de prevención sectaria RedUNE.

Entusiasta de la ciencia y la divulgación, a sus 34 años lleva los últimos tres dedicando gran parte de su tiempo a recopilar información y alertar del auge alarmante de varias pseudoterapias con riesgo de deriva sectaria basadas en "el origen emocional de la enfermedad", a raíz de un caso cercano que le motivó a adentrarse en todo un aberrante mundo que "se esconde justo ante nuestros ojos".

La charla se titula Sectas 2.0: El origen emocional de la enfermedad y será un repaso histórico del inicio de una de las pseudoterapias sectarias más destructivas que ha pasado por España, la "Nueva Medicina Germánica" y su evolución y diseminación en nuestro país junto con movimientos derivados del mismo, como la "Biodescodificación" y la "Bioneuroemoción". Además de explicar los sesgos que llevan a creer en ellas y los riesgos que suponen, se abordará también qué herramientas de ingeniería social utilizan para su infiltración en campos de prestigio presupuesto, como Universidades o Colegios de Salud.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita para mayores de 18 años y mayores de 16 años acompañados de padres o tutores. Una vez más, recordad que esta temporada hemos cambiado de local y de hora. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32, a las 19:00.

El cartel, obra de Emilio Molina (@ej_molina_c).

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Hace cinco años en el blog: Paternalismo y adoctrinamiento.
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miércoles, 10 de febrero de 2016

La lucha de clases


Izquierda frente a derecha, proletarios frente a capitalistas, pobres frente a ricos, los de abajo frente a los de arriba, desposeídos frente a propietarios. ¿Cómo no reconocer estas diferencias en la población? Las diferencias de intereses, de ideología y de necesidades son evidentes. Pero esto no es la lucha de clases. O, mejor dicho, reconocer estas diferencias no es lo que define lo que se conoce como lucha de clases desde la perspectiva marxista.

La lucha de clases como explicación de la historia

En principio, la lucha de clases se refiere a que estas diferencias entre clases son el motor de la historia. La lucha de la burguesía frente a la aristocracia nos saca del sistema feudal y nos encamina al capitalismo. La del proletario frente al capitalista nos lleva al comunismo. Esta lucha de clases está en el centro del materialismo histórico. El problema es que los hechos no encajan con la teoría. Para empezar, no todos los grandes acontecimientos históricos se explican como lucha de clases. Segundo, la evolución seguida por los países europeos, que sirvió de referencia a los marxistas, por comenzar ahí la revolución industrial, no es la seguida por el resto del mundo. Tercero, y para desconcierto de los marxistas de la época, las revoluciones comunistas surgieron donde ellos decían que no deberían haber ocurrido, en países sin industrializar o poco industrializados. Por supuesto, para todas las excepciones hubo explicaciones ad hoc y hubo reinterpretaciones de la historia y de la teoría para conseguir encajar las cosas. Y si hubo problemas para entender que el comunismo surgiera en esos países, todavía era peor observar a los países industrializados pasar a ser sociedades con economía de servicios donde toda la teoría se diluía.

Y todo esto sin contar con la propia definición de clase, que no podía ser objetiva, porque tampoco cuadraban los hechos, sino subjetiva: un obrero es de clase obrera y participará en la lucha de clases cuando sea consciente de la explotación a que está sometido. Con esta manera de dar la definición evitamos problemas a costa de no ser falsables. Las clases existen y tú perteneces a esta clase. ¿Dices que no? Es que estás alienado.

La lucha de clases como estrategia política

Vale, la historia realmente existente no encaja con el materialismo histórico, pero podemos proponer la lucha de clases como acción política. Existen los que tienen los medios de producción y los que no. Concienciemos a estos últimos para formar un frente común y cambiar el sistema económico hacia el ¿comunismo? de manera que haremos que se cumpla la profecía de la lucha de clases como motor de la historia. Ahí ya está la opinión de cada cual y sus esperanzas, pero la historia política del último siglo no parece que dé mucha razón a esta política como estrategia, que con sus altibajos cada vez ha tenido menos adeptos. Habrá quien extrapole los casos de Syriza en Grecia y Podemos en España en el último par de años como una tendencia que les da la razón. Se olvidan del resto del mundo y de lo que significa una tendencia.

Entonces, ¿no hay clases? Las hay, pero no en el sentido marxista ni con las consecuencias referidas por sus adeptos. Hay ricos y pobres, propietarios y desposeídos, desde luego. Pero en medio hay demasiadas cosas que no sabemos de qué lado están, y en los extremos también hay diferencias de intereses. Difícilmente habrá un choque revolucionario en las sociedades modernas como el requerido por el marxismo. Más fácilmente se continuará la evolución hasta sociedades más igualitarias con las adecuadas políticas económicas. Para el estudio de esa evolución otros conceptos como grupos de intereses o de presión serán más útiles.

Entradas relacionadas:

Marxismo y economía moderna (1)
Marxismo y economía moderna (2)

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Hace cinco años en el blog: ¿Dónde están las llaves?
Hace tres años en el blog: ¿Son necesarias las leyes?
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sábado, 6 de febrero de 2016

Los mitos de la razón. El Hombre de Paja.

Ilustración que recrea el nacimiento del Hombre de Paja

Esquivo mortal, que nunca se deja ver por todos los presentes. Quienes lo invocan dicen que son otros los que lo han visto y quienes se supone que lo han visto pretenden no haberlo hecho o no son capaces de identificarlo. Así transita el Hombre de Paja por la mitología de la argumentación, como personaje protagonista y despreciado. No es que sea tratado injustamente, ni que cargue culpas que no son suyas. Ocurre que su existencia se va formando a medida que es creado por la acumulación de características, siempre negativas, que se le atribuyen. No puede existir de otra manera. Afirmado por quien lo desprecia y negado por quien lo podría defender.

No es un chivo expiatorio, personaje que existe antes de ser colmado de culpas, y que puede ser redimido cuando se pruebe su inocencia. Acaso no pase nunca, pero tiene esa esperanza que se le niega al Hombre de Paja, que dejaría de existir si llega ese caso.

No es un comedor de pecados, que se gana la vida tragándose miserias ajenas y que puede ser algún día trasladar sus males a otro.

No es un héroe que muere por librar de su carga a los demás.

Es un personaje inútil, que solo carga la estupidez de quien lo crea.

Es el Hombre de Paja.

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Hace cinco años en el blog: Stuart Mill y la España de Carlos III.
Hace tres años en el blog: Política ficción.
Y también: Ignorancia supina sobre las pensiones.
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