lunes, 26 de junio de 2017

La disputa del centro con cuatro partidos

Cuando en un sistema democrático hay dos partidos grandes, hay también una tendencia a que ocupen el centro político. Si ocupan otra posición, por ejemplo uno se coloca en el medio de la izquierda y otro en el medio de la derecha, cualquiera de ellos espera ganar votos desplazándose en la dirección del otro partido. De tener más o menos la mitad del electorado pasaría a tener bastante más. En la medida que a los partidos les importe ganar votos, la fuerza de este equilibrio no debe ser desdeñada. Es cierto que los partidos pueden tener también preferencias por unas políticas u otras, pero no menos cierto es que ninguna política se llevará a cabo sin ganar las elecciones.

Figura 1

Con cuatro partidos grandes la cosa cambia. Si los cuatro se quedan en el centro, cualquiera de ellos ganará si se escora hacia un lado. Pasaría de estar dividiéndose entre cuatro a todo el electorado a tener prácticamente la mitad para sí. Algo parecido, pero todavía más marcado, sucede si los cuatro coinciden en cualquier otro punto del espectro político. Tampoco puede haber tres juntos en un sitio (por ejemplo, en algún lugar del centro o del centro izquierda) porque entonces el cuarto que está suelto ganaría aproximándose a esos tres por la parte en la que han dejado más espacio. Pero tras juntarse estaríamos en la situación anterior, que sigue sin ser de equilibrio.

El único equilibrio sucede cuando dos ocupan el centro derecha y dos el centro izquierda (Figura 1, donde los porcentajes indican el tanto por ciento de población entre la extrema izquierda y el punto señalado). Los ciudadanos votan al partido más cercano a su ideología, de manera que los dos primeros se reparten la mitad de la izquierda (flechas rojas) y los otros dos la mitad de la derecha (flechas azules). Quien se mueva de ahí perderá votos. Por ejemplo, si uno del centro izquierda se va al centro ganará algunos votos a costa de los partidos de centro-derecha, pero perderá una cantidad idéntica por la izquierda (Figura 2, donde las flechas naranjas muestran lo que gana y pierde con el cambio), que fortalecerá a su rival más cercano. Pruebe el lector para ver que ninguna otra configuración es de equilibrio. Aquí hay una demostración formal. Para que esto sea así es necesario que los partidos solo estén interesados en ganar votos y que los votantes estén distribuidos uniformemente en el eje izquierda-derecha y solo les importe ese eje.

Figura 2

Esto viene a cuento porque desde hace tiempo vengo diciendo que veríamos la C’s ir a la derecha y al PSOE hacia la izquierda (véase aquí, aquí, aquí y aquí). No es que vayan a coincidir, puesto que hay más variables además de ganar votos, pero sí que tenemos una fuerza que los llevará en esa dirección. Desde entonces hemos visto a C’s renunciar a la Socialdemocracia y al PSOE elegir a la versión más a la izquierda de Sánchez. No es que yo diga que eso es lo que deben hacer los partidos ni que yo quiera que lo hagan, es simplemente entender que esa fuerza existe y tira de los partidos, independientemente (o además de) de cualquier otra consideración. Sin entenderla no se entiende una parte importante de la evolución que hemos visto en los últimos tiempos.
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Hace cinco años en el blog: Alemania-Grecia.
Y también: Por encima de nuestras posibilidades.
Hace tres años en el blog: Al monte se va con botas: El anteproyecto de reforma fiscal.
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martes, 20 de junio de 2017

La disuasión del crimen (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Otro aspecto importante que tener en cuenta es la diferencia entre los riesgos reales y los percibidos. Los individuos reaccionan frente a los riesgos percibidos, de manera que es importante entender cómo se forma esta percepción. En general hay poca evidencia de correlaciones entre los riesgos percibidos y los reales, y solo hay alguna percepción acertada en los casos de jóvenes criminalmente activos. La literatura también ha tendido a encontrar evidencia robusta sobre el hecho de que las percepciones de riesgo son sensibles a la experiencia personal (personas que han sido arrestadas o que tienen conocidos que lo han sido). El público en general, así como los delincuentes ocasionales, tienden a sobreestimar el riesgo de ser detenidos y ajustan sus percepciones a la baja según delinquen más y reconocen que ese riesgo es menor que el que primeramente estimaban.
Todas estas apreciaciones y muchas más son importantes a la hora de analizar e interpretar los datos empíricos. Se pueden establecer tres conclusiones tras la revisión de la literatura. En palabras de los autores:
“Primero, hay una fuerte evidencia de que el crimen responde a incrementos en los efectivos policiales y a las maneras en que se reasignan estos efectivos. Con respecto al número de efectivos, la mejor hipótesis, a nuestro juicio, es que la elasticidad del crimen violento y contra la propiedad respecto a la cantidad de policías es aproximadamente -0,4 y -0,2 respectivamente (porcentaje que en que disminuye ese tipo de delitos ante un incremento del 1% en la dotación de la policía). El grado en que estos efectos se deben a la disuasión y no al hacer imposible el delito es una cuestión abierta, aunque el análisis de las tasas de detenciones sugiere el papel de la disuasión (Levitt 1998, [4] y Owens 2013 [5]). Con respecto a la reasignación de los efectivos, la investigación experimental sobre el despliegue en lugares de concentración de delitos y los esfuerzos centrados en la disuasión han llevado en algunos casos a un descenso remarcable en los delitos, un hecho que puede ser atribuido a la visibilidad de esas acciones. 
Segundo, aun cuando la evidencia a favor de un vínculo entre el crimen y el castigo generalmente muestra un efecto de disuasión relativamente pequeño, parece que hay más evidencia de un efecto de disuasión más importante inducido por políticas que se centran en un aumento de penas a delincuentes específicos. Esto se ve en el efecto de la ley three-strikes (tres faltas) de California sobre el comportamiento de los delincuentes con dos faltas (véase Hellandand y Tabarrok 2007 [6]) y en el comportamiento de los delincuentes a los que se les aplicó el perdón en Italia (Drago et al. 2009 [7]). Por otra parte, mientras que la elasticidad del crimen con respecto a la duración de la sentencia parece ser grande en el caso italiano, es pequeña en el caso de California. 
Finalmente, hay una clara y fuerte evidencia, en general, de una relación entre las condiciones laborales locales, medidas según la tasa de desempleo o el salario, y el crimen. A pesar de que es difícil que estos efectos se vean enmascarados por los efectos de incapacitación, pueden estar mostrando respuestas debidas a otros efectos distintos de la disuasión. Más aún, no parece claro que acceder al empleo sea una disuasión entre los individuos con una vida criminal más productiva.”
El trabajo termina con algunas reflexiones sobre cómo desarrollar modelos teóricos que tengan en cuenta la literatura empírica. El aspecto más importante es acerca de la hipótesis que explica mejor por qué el crimen responde más a la probabilidad p que al coste f. Una primera explicación está en la línea de lo apuntado anteriormente, con castigos que llevan su tiempo para ser efectivos (desde el momento del delito hasta el del castigo). Además de la inclusión de la impaciencia, hay modelos alternativos de preferencias temporales que llevan a una mayor respuesta frente a p, como las preferencias con descuento hiperbólico, como muestra la literatura de la economía del comportamiento. Además del castigo legal, los delincuentes que son detenidos, sufren del estigma social. A medida que los individuos acumulan un historial criminal más largo, el estigma de ser etiquetado como “criminal” puede perder su efectividad y no representar una componente del coste de cometer un crimen. Así, en la medida que una proporción alta del crimen sea cometida por delincuentes reincidentes, el crimen sería más sensible a la probabilidad de detención que a la severidad de la sanción, puesto que los reincidentes ya han pagado el coste informal asociado con ser considerado un criminal. Una extensión final que merece ser discutida puede encontrarse en Durlauf y Nagin (2011) [8], y se sigue de la tendencia que tienen los individuos a sobreestimar la probabilidad de sucesos raros. En un mundo en el que la probabilidad percibida de ser detenido es muy baja, incluso cambios pequeños en esa percepción puede tener grandes efectos, con la capacidad potencial de racionalizar grandes cambios en el comportamiento ante el aumento de presencia policial en determinados lugares y a la publicidad encaminada a la disuasión.

Referencias:

4. Levitt, S.D. 1998. Juvenile Crime and Punishment. Journal of Political Economy 106 (6), 1156–85.

5. Owens, E.G. 2013. COPS and Cuffs. En Lessons from the Economics of Crime: What Reduces Offending?, edited by Philip J. Cook, Stephen Machin, Olivier Marie, y Giovanni Mastrobuoni, 17–44. Cambridge, MA y Londres: MIT Press.

6. Helland, E., y Tabarrok, A. 2007. Does Three Strikes Deter? A Nonparametric Estimation. Journal of Human Resources 42 (2), 309–30.

7. Drago, F.; Galbiati, R., y Vertova, P. 2009. The Deterrent Effects of Prison: Evidence from a Natural Experiment. Journal of Political Economy 117 (2), 257–80.

8. Durlauf, S.N., y Nagin D.S. 2011. Imprisonment and Crime: Can Both Be Reduced? Criminology and Public Policy 10 (1), 13–54.

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Hace cinco años en el blog: Economistas contra la crisis y el hombre de paja.
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sábado, 17 de junio de 2017

La disuasión del crimen (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de mayo en Mapping Ignorance.


Gary Becker propuso el primer modelo económico sobre el comportamiento criminal. Con un enfoque neoclásico muy estándar estudió este problema aparentemente fuera del ámbito de la Economía. En particular, Becker asumió que los criminales son racionales y respondían a variables como la probabilidad de ser descubiertos, la severidad de los castigos y el coste de oportunidad en el mercado de trabajo. A este trabajo seminal siguió una literatura empírica abundante para contrastar hasta qué punto los potenciales criminales son disuadidos por estas variables. La literatura considera también novedades teóricas como la perspectiva dinámica del problema y la consideración de sujetos no perfectamente racionales, como sugiere la economía del comportamiento.

Chalfin y McCrary (2017) [1] examinan esta literatura para encontrar patrones, avanzar alguna conclusión y, tal vez, ayudar con recomendaciones de acción política. La primera cosa que notan estos autores es que las investigaciones se pueden clasificar en tres categorías generales, que corresponden a cada una de las tres variables mencionadas en el párrafo anterior. El papel de estas variables se puede ver como sigue: sea U(c1) la utilidad asociada con cometer un crimen sin ser descubierto, U(c2) la utilidad de cometer un crimen y ser descubierto, y (Unc) la utilidad de elegir no cometer el crimen. Finalmente sea p la probabilidad de ser descubierto. Entones, un individuo que tiene la oportunidad de cometer un crimen decidirá hacerlo si se cumple la siguiente condición:

(1-p)U(c1) + pU(c2) > U(nc).

Si el resultado de no ser descubierto (c2) se denota por Y (que puede interpretarse como ingreso monetario) y el resultado de ser descubierto se entiende como una reducción de este ingreso (Y-f), donde f se puede interpretar como la severidad del castigo, medida en ingreso equivalente, entonces la expresión anterior se puede reescribir como:

(1-p)U(Y) + pU(Y-f) > U(nc).

Las tres variables que afectan a la disuasión son p, f y el resultado de no cometer el crimen. El nivel de Y y la función de utilidad U son exógenas a las políticas de disuasión. De acuerdo con este modelo, un incremento en p o en f implican una mayor disuasión, como también la implica una mayor U(nc). Una característica interesante que se puede estudiar en este modelo es si los individuos se ven más afectados por p o por f a la hora de decidir si cometer el crimen. Becker (1968) [2] muestra que si los individuos son aversos a riesgo (como se suele suponer) un porcentaje de aumento en f es más efectivo como método disuasorio contra el crimen que el mismo incremento relativo en p, una conclusión que no se corresponde con la opinión contemporánea más extendida entre los jueces. 

Un modelo reciente en Lee y McCray (2017) [3] introduce un factor dinámico. Si el castigo tras ser descubierto es un número de años en la cárcel, entonces la severidad del castigo debe ser medida como años y no como una pérdida de ingreso como en el modelo de Becker. La consecuencia de esta diferencia es que el crimen se verá reducido por un aumento en el tiempo de condena, y el mecanismo de comportamiento deberá ser modulado según las preferencias temporales. En particular, los individuos impacientes mostrarán una mayor reacción a la probabilidad de captura que a la extensión temporal de la sentencia.

(Continúa aquí).

Referencias:

1. Chalfin, A., y McCrary, J. 2017. Criminal Deterrence: A Review of the Literature. Journal of Economic Literature 55(1), 5–48.

2. Becker, G.S. 1968. Crime and Punishment: An Economic Approach. Journal of Political Economy 76 (2), 169–217.

3. Lee, D.S., y McCrary, J. En prensa. The Deterrence Effect of Prison: Dynamic Theory and Evidence. Advances in Econometrics.

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Hace cinco años en el blog: Sobre el nacionalismo.
Y también: Sobre el nacionalismo (2).
Hace tres años en el blog: Seguros de salud privados: ¿selección adversa o propicia? (1)
Y también: Seguros de salud privados: ¿selección adversa o propicia? (2)
Y también: Ciencia y democracia.
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sábado, 10 de junio de 2017

Escépticos en el pub. Crianza basada en la evidencia. ¡Aparta ese pulpo de mi hijo!


Despedimos la temporada el sábado 10 de junio con un tema que llevábamos tiempo queriendo programar: el de la pseudociencia que ha ido creciendo en torno al embarazo y la maternidad. María Martínez Giner (@_Elara_) descubrió ese mundo cuando se quedó embarazada de su hijo y ahora nos va a exponer sus experiencias en una charla titulada “Crianza basada en la evidencia: ¡aparta ese pulpo de mi hijo!”. Así nos resume su contenido:
«“La privación de sueño, la necesidad de cuidar a otro incluso por encima de tus necesidades, el amor incondicional y el miedo a la pérdida, la reducción de tu vida social, la movilización masiva de recursos, el agotamiento físico y mental… Ser padre o madre muchas veces nos coloca en una posición en que tomar decisiones racionales es difícil. Somos presa fácil para vendedores de humo. Pero de nuestras decisiones como padres dependerá la salud y el bienestar de nuestros hijos, así que vamos a repasar los mitos y supercherías más habituales que rodean la crianza, los más peligrosos y, ¿por qué no? los más absurdos”».
María Martínez Giner es licenciada en veterinaria, especialista en cunicultura y en genética de la reproducción. Después de más de 10 años trabajando en reproducción de diferentes especies, decidió en 2015 dar el salto y probar la reproducción humana en carne propia. Aún está intentando recuperarse. Es miembro del Consejo Asesor de ARP-SAPC.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 el sábado 10 de junio a las 19:00.

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Hace cinco años en el blog: El rescate. Entre apocalípticos e integrados.
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martes, 6 de junio de 2017

En cuestión de sexos, más datos y menos ideología


Hay quien cree que las mujeres tienen menos tendencia a decantarse por algunas carreras que por otras, o que son los hombres quienes tienen esa tendencia. Hay quien piensa que, de ser cierto la anterior, la tendencia por fuerza tiene que ser social y no genética. ¿Hay razones tras esas creencias? Una mirada casual a la proporción de hombres y mujeres en las distintas carreras parece indicar que hay, efectivamente, distintas preferencias entre sexos. El hecho de que las mujeres hayan entrado en otras carreras antes también acaparadas por hombres parece dar fuerza a la creencia de que las preferencias innatas pueden no estar explicando el fenómeno observado y que tienen que haber sido moldeadas socialmente. Sin embargo, estas justificaciones de las creencias no están bien fundamentadas. Hay múltiples hipótesis que podrían explicar los datos. Hagamos una lista:
  1. Las mujeres tienen menos inclinación por esas carreras por causa genética.
  2. Las mujeres tienen menos inclinación por esas carreras por causa social.
  3. Las circunstancias específicas en esas carreras implican una dinámica más lenta en la presencia de mujeres que en otras antaño también dominadas por hombres.
  4. Las mujeres aprecian igual que los hombres cada carrera, pero ni a hombres no a mujeres les gusta demasiado estar en minoría (modelo de segregación de Schellling).
Que yo sepa, ninguna de estas hipótesis (ni otras posibles) está probada ni descartada. Proponerlas como líneas de investigación no es machista ni deja de serlo, aceptar alguna de ellas sin estar probada sí puede serlo. P.e., no aceptaremos sin más que a las mujeres les gusta la ingeniería menos que a los hombres solo porque satisfaga la intuición de alguien y porque una mala mirada a los datos así parezca decirlo. Tampoco rechazaremos sin más que haya una diferencia de gustos innata solo porque choca con la intuición de alguien, normalmente porque piensa que la diferencia innata justificaría la discriminación por sexo o, alternativamente, porque haría más difícil igualar la presencia de hombres y mujeres en las distintas carreras que si la diferencia de preferencias tuviera un origen social. Ninguna de las dos cosas se seguiría de ese dato. Lo que necesitamos para dar con la explicación adecuada no es la idea preconcebida de ninguna ideología, sino datos que todavía no tenemos.

Mientras llegan los datos –y pueden tardar mucho en llegar- no debemos dar por buena ninguna hipótesis y actuar en la dirección de menor daño o de más probable beneficio, y yo creo que esta es la de animar a hombres y mujeres a que acudan a las carreras en las que están menos representados.

Cambiemos de tercio y observemos que hay quien piensa que los hombres tienden a interrumpir a las mujeres (manterrumping) o a despatarrarse en el transporte público (manspreading) o a explicar cosas a las mujeres condescendientemente (mansplaining). ¿Están bien fundamentadas estas creencias o pasa como en el caso anterior de las distintas hipótesis sobre la presencia de hombres y mujeres en distintas carreras? ¿Hay algo más que la intuición de alguna ideología? La hipótesis de los distintos gustos entre hombres y mujeres tenía los datos de mayor presencia de uno de los sexos en distintas carreras y ya hemos visto que, incluso existiendo este dato, no es suficiente para aceptar la hipótesis. En los casos de manterrumpting, manspreading y mansplaining, ¿tenemos siquiera esos datos? Yo no los he visto, solo he leído relatos anecdóticos que se refieren como generales, representativos o, por lo menos, como de mayor ocurrencia entre hombres que entre mujeres. No sé si esas cosas ocurren, sino que no se ofrecen los datos.
Por ejemplo, para mostrar el manterrumping, se ofrecen debates entre hombres y mujeres (por ejemplo, entre Clinton y Trump) y se cuenta que Trump interrumpió a Clinton muchas más veces que al contrario. El dato es cierto, pero no sabemos si es general. Habría que hacer, por lo menos, tres cosas más para comprobarlo: (i) que esto ocurre cuando se toma una muestra aleatoria de debates, (ii) que los hombres interrumpen más a las mujeres que a otros hombres y (iii) que las mujeres no se interrumpen más entre ellas que lo que interrumpen a los hombres. Por ejemplo, si (ii) no se da, ¿en qué queda el manterrumping? Será cierto que los hombres interrumpen más, pero no que discriminen por sexo en la interrupción. Algo parecido podríamos pedir a los datos que apoyen el mansplaining. En el caso del manspreading. ¿Alguien se ha puesto a contar qué porcentaje de hombres ocupan más sitio del que deben y lo ha comparado con el de las mujeres? ¿Ocurre siempre o solo cuando hay asientos vacíos? ¿De cuanto sitio ocupado estamos hablando? ¿Se mantiene la diferencia si se controla por el tamaño de la persona o alguna otra circunstancia? Si ocurre, ¿se debe a un deseo de acaparar espacio o hay razones anatómicas?

Yo no tengo ni idea de si estas cosas ocurren y en alguna de ellas tengo curiosidad por saber si es cierta o no. Sobre lo que sí tengo idea es que, mientras lleguen los datos, igual que hacíamos antes, trabajemos sobre la hipótesis de menos daño, aquella que no supone una diferencia donde no sabemos si la hay.

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Hace tres años en el blog: Los mitos de la razón. El Homúnculo y el Fantasma en la Máquina.
Y también: Salud y República.
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lunes, 29 de mayo de 2017

Reflexiones en torno al referéndum catalán


He dicho en más de una ocasión que si en Catalunya (o en Euskadi) una mayoría de la población desea la independencia de manera persistente, es mi opinión que debería articularse la manera de que se llevara a cabo. Pensar lo anterior no me impide ver las dificultades de que tal cosa suceda, ni las malas argumentaciones o estrategias desarrolladas en el lado de los independentistas o las buenas desarrolladas en el lado no independentista (y viceversa). Apuntaré en esta entrada las dificultades a la hora de plantear e interpretar resultados en un referéndum.

Hoy por hoy, la independencia de Catalunya es imposible sin cambiar la Constitución para reconocer esa posibilidad. Al decir esto descarto la secesión por la fuerza (como Kosovo) o el mantenimiento de una independencia de hecho aún sin ser declarada (como Taiwán). En las circunstancias más proclives a permitir la independencia esto implicaría:
  1. Un primer referéndum para conocer si hay una mayoría de catalanes a favor de la independencia.
  2. Una propuesta de cambio en la Constitución para permitir la independencia de Catalunya (y, seguramente, de otras comunidades autónomas).
  3. Un segundo referéndum en toda España para aprobar la nueva Constitución.
  4. Un tercer referéndum para que en Catalunya se acepte la independencia según los acuerdos que haya habido entre el Gobierno central y la Generalitat.
El primer referéndum (presumiblemente están pidiendo desde la Generalitat) solo sería para empezar a hablar. Fijémonos qué distinto sería ese referéndum respecto de otros, donde el Gobierno tiene potestad para legislar lo que salga de él (la adhesión a la OTAN, la inclusión de una provincia en una comunidad autónoma o la aceptación de la Constitución Europea, por poner unos ejemplos). Esta característica del primer referéndum hace que sea difícil interpretar su resultado, puesto que mucha gente puede votar a favor de la independencia a pesar de no quererla, y solamente como manera de presionar para que el gobierno central favorezca a esta comunidad (con mayores competencias, inversiones o mejor financiación). Ya sé que la única interpretación oficial es la literal, pero importará saberlo (miremos cómo se nos quedó el Brexit).

Según la Constitución actual, el referéndum solo puede ser convocado por el Gobierno. Hay quien dice que no puede hacerlo porque no se puede preguntar por algo ilegal o porque se trata de un tema de soberanía que afecta a todo el país. Sin embargo, puesto que todos los referéndums son consultivos y puesto que las consecuencias de un resultado a favor de la independencia no implicarían su reconocimiento sino una propuesta de cambio constitucional que luego sería refrendada o no por el conjunto de España, no veo impedimentos legales.

El referéndum sería posible. Para los independentistas sería, además, deseable por razones obvias. Para los no independentistas puede no serlo por no querer dar pasos hacia la independencia, pero he dicho que me ponía en el caso más favorable a permitir la independencia. Aun así, un gobierno central abierto a dejar decidir a los catalanes puede pensar que el referéndum no se está solicitando con un respaldo suficiente a favor de la independencia porque no los partidos que apoyan la independencia no tienen mayoría de votos o porque parte de quienes se manifiestan a favor de la independencia en realidad quieren forzar más autogobierno. Incluso si eso no es así y la mayoría está clara, también puede pensar que implicaría abrir un cambio constitucional que nunca será refrendado y solo llevaría a crear divisiones y frustraciones. Por supuesto, también el gobierno central puede no querer el referéndum para poner las cosas difíciles y forzar que la mayoría catalana acepte otra solución o por cualquier otra razón, pero recuerdo una vez más que estoy en el caso más proclive al referéndum.

En el caso de haber sido el primer referéndum favorable a la independencia, el segundo referéndum es lo más problemático de todo. Cualquier intento de independencia de Catalunya debe pasar por su aceptación en el resto de España. Eso implica, creo yo, que la mejor acción política por parte de los independentistas es aquella que se refiera a conseguir esta aceptación. De un par de años a esta parte, esta ha aumentado si la medimos por los apoyos que consiguen los partidos que aceptarían una voluntad clara y persistente por la independencia entre los catalanes. Con todo, la suma de Unidos Podemos y partidos nacionalistas de otras comunidades está lejos de constituir un apoyo mayoritario, como por otra parte indican también las encuestas. Sabiendo esto, ¿cuál sería el propósito de forzar el primer referéndum cuando claramente no se pasaría el segundo? Dicho de otro modo: un resultado positivo en el primer referéndum ¿hará que aumente el apoyo a permitir la independencia catalana en la sociedad española? ¿lo hará más que otro tipo de acciones? Yo no lo sé.


El tercer referéndum es el más fácil y claro. Ese sería el equivalente a los referéndums de Quebec y Escocia y no el primero. A pesar de que, como siempre, pueda haber quien vote a favor o en contra no porque sea esa su preferencia sino como premio o castigo a quien sea, confrontada la sociedad catalana con la elección definitiva, no hay mucho espacio al voto estratégico, aunque sí al vértigo (como en Quebec o Escocia). Sí es sí y no es no. Bueno, no exactamente. Si, por ejemplo, se pone la condición de que no habrá un segundo referéndum hasta unos años después en caso de que salga el no o que deberá haber uno segundo de ratificación al cabo de pocos años si sale el sí, el campo para el voto estratégico aumentará. Me permitiréis que no me extienda en ello al ser una posibilidad lejana y llevar escritas casi mil palabras.

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Hace cinco años en el blog: Huelga en la enseñanza.
Y también: Manifiesto por la Educación.
Hace tres años en el blog: A quién votar (2).
Y también: Sobre el palo al bipartidismo.
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sábado, 20 de mayo de 2017

Escépticos en el pub. Es Natural™, ¿no?


Un mes de mayo siempre es adecuado para hablar de plantas. Por eso para el EEEP de hoy hemos querido contar con un biólogo experto en plantas que, además, es un gran divulgador científico. Álvaro Bayón, nos ha hecho este resumen de lo que va a contarnos en la charla "Es Natural™, ¿no?":
«Bayas de Goji para limpiar el hígado. Infusión de Artemisia para la malaria. Garcinia kola, la nuez que cura el ébola. Stevia para la diabetes. Y, como todo el mundo sabe, oler limones previene el cáncer; y si ya lo tienes, come Kalanchoe y Guayaba, mil veces más potente que la quimioterapia. ¿O no? Las plantas medicinales se llevan usando desde tiempos inmemoriales, y en el mundo moderno, desde médicos hasta agricultores se dedican a dar conferencias difundiendo las bondades y milagros de esta hierba o aquel fruto. Y si la aspirina viene del sauce, ¿por qué no tomar directamente el sauce? Es Natural™, ¿no? 
Pero somos escépticos y vamos a reunirnos en un pub: será el momento perfecto para preguntarnos cuánto hay de verdad detrás de todo esto. Espero que podáis acompañarme en un viaje por la historia de la farmacología y que os adentréis conmigo en el interior de una planta, que podamos ver lo que es el principio activo y, finalmente, que podamos discernir cuánto hay de cierto y cuánto de mito en un tema tan antiguo y, a la vez, tan propio de nuestros días».
Álvaro Bayón Medrano (@VaryIngweion) es Licenciado en Biología y Máster en Valoración de Riesgos Naturales por la Universidad de León. Allí colaboró durante varios años en Botánica, en la investigación de varios aspectos científicos de las plantas medicinales e impartiendo clases de prácticas. Actualmente es contratado predoctoral en la Estación Biológica de Doñana (EBD – CSIC), donde realiza la tesis doctoral sobre invasiones biológicas para la Universidad de Sevilla.

Apasionado científico y divulgador, es el autor del blog de divulgación científica y escepticismo Curiosa Biología (@CuriosaBiologia). Es miembro de la ARP/SAPC, del Círculo Escéptico, de la APETP y colaborador en Naukas.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 a las 19:00.

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jueves, 18 de mayo de 2017

Cooperación, complejidad y evolución abren el camino a mayores capacidades cognitivas

Este es el dilema del prisionero, del que ya hemos hablado aquí, aquíaquíaquí y aquí: Si A y B cooperan, ambos ganan 5. Si solo uno coopera, el otro gana 6 y el que coopera gana 0. Si ninguno coopera, ambos ganan 1.

Egoísmo

Un comportamiento egoísta implicará que, en una interacción aislada entre A y B ninguno coopere. La tabla siguiente representa el juego, en donde se ve claramente haga lo que haga el otro, cada uno prefiere no cooperar.

Altruismo

Si el comportamiento no es egoísta, podrán cooperar. Por ejemplo, si la ganancia de una unidad del otro le importa a cada tanto como la ganancia de media unidad para sí mismo, ambos querrán cooperar. Así, por ejemplo si los dos cooperan, ambos disfrutan de su ganancia de 5 más un disfrute por el bienestar del otro que equivalente a ½ de los 5 que gana el otro. La tabla sería la siguiente, donde se observa que cooperar es siempre mejor:
Coacción

No hace falta ser altruista para lograr la cooperación. Si A y B son parte de un clan que castiga con -10 a quien no coopere, en el nuevo juego también se cooperará:

Reciprocidad

Si la interacción entre A y B va más allá de un encuentro ocasional y tienen que decidir si cooperar o no cada día (o cada mes o año) de manera indefinida no hace falta altruismo ni castigos externos, basta con una estrategia de reciprocidad (visualizada en la imagen):
“comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y no cooperaremos si en el pasado alguien no ha cooperado”.
C es cooperar, D es no cooperar

Esta estrategia sostiene la cooperación como un equilibrio:
  • Si A y B siguen la estrategia, cada uno recibirá 5 cada periodo de tiempo.
  • Si uno la sigue y otro intenta aprovecharse no cooperando, el que no coopera ganará 6 hoy, pero a partir de mañana ganará 1 en cada periodo.
Si los individuos no son muy impacientes, preferirán 5 todos los periodos antes que 6 hoy y luego 1 en cada periodo posterior.

Perdón

En la estrategia anterior, el castigo es muy fuerte. Es posible diseñar otra que permita volver a la cooperación tras un castigo no tan fuerte: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si el día anterior hemos cooperado y no cooperaremos durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. De nuevo, si ambos siguen la estrategia, ganarán 5 en cada periodo. Si alguien se desvía pasará a ganar 6, luego 1 durante tres periodos y luego otra vez 5 cada periodo. Si los individuos no son muy impacientes preferirán 5 durante cuatro periodos antes que 6 y luego 1 durante tres periodos.

Daño

Las estrategias anteriores tienen el problema que castiga tanto al que coopera como al que no. También esto se puede corregir, pero requiere una estrategia más complicada: “comencemos cooperando hoy, a partir de mañana seguiremos cooperando si en el pasado lo hemos hecho y entraremos en una fase de “castigo al no cooperador” durante tres periodos a partir del día en que alguien no coopere”. El “castigo al no cooperador” significa que el cooperador juega “No cooperar” y el no cooperador juega “Cooperar”. La fase de castigo debe repetirse si el que no cooperó también se desvía del castigo.

Estigma

En una comunidad, no siempre se encuentran los mismos individuos en una interacción tipo dilema del prisionero. Es posible que hoy se encuentren A y B, mañana B y C, pasado mañana A y C, luego C y D y así sucesivamente. En estos casos las estrategias anteriores no funcionan, pero otras adaptadas a la situación sí funcionarán si en la comunidad se observa el comportamiento de los demás: cada vez que dos juega, se observa qué hacen, a quien coopera siempre que no sea una situación de castigo se le etiqueta como “cooperador” y al que no lo hace, como “no cooperador”. Ahora la estrategia de cada individuo en la comunidad puede ser: “cooperar frente a un cooperador y no cooperar (situación de castigo) frente a un no cooperador”. Esta estrategia será de nuevo, equilibrio y fomenta la cooperación.

El camino abierto a la mayor capacidad cognitiva

Podemos seguir complicando la situación y así todo encontrar estrategias que permitan la cooperación, que serán también más complicadas. Reducir el periodo de castigo, no castigar sino al que no coopera, volver a la cooperación una vez el castigo ha sido suficiente, tomar nota de quién es cooperador y quién no, tomar nota de quién ha sido perdonado, tomar nota de quién ha participado en los castigos y quién no,… Todo esto requiere de habilidades cognitivas cada vez más complicadas, y esto nos puede decir algo acerca de la evolución.

En la medida que haya ganancias posibles de la cooperación y de diseñar bien la estrategia para recuperar la cooperación o para castigar lo menos posible, ocurrirá que los seres vivos que desarrollen un aparato cognitivo complejo que les permita desarrollar esas estrategias tendrán un beneficio extra respecto a otros seres vivos sin esas capacidades.

Frente a la visión de la evolución como un proceso impredecible, este simple hecho permite anticipar por lo menos una progresión: cada vez aparecerán más especies con estrategias que permitan captar mejor las ganancias por cooperar y por tanto con sistemas cognitivos y sociales más complejos. No quiere decir que todas las especies evolucionen de esa manera ni que se llegue necesariamente al desarrollo de la inteligencia humana o algo parecido, sino que algunas especies acabarán llenando el nicho de la adaptación mediante la cooperación y que eso requerirá de cada vez mayor complejidad.

Esto no tiene nada que ver con dotar a la evolución de una teleología ni, a fortiori, con interpretar como éxito, cumbre o destino lo que se acerca a ese objetivo definido por esa teleología. Simplemente en un proceso evolutivo hay tendencia a que algunos seres vivos (no necesariamente  todos) ocupen nichos para los que se requiere cierta complejidad estratégica. Esta puede ser una guerra armamentista, el desarrollo de nuevos órganos o, como he señalado en esta entrada, la capacidad cognitiva.

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Hace cinco años en el blog: Así está la cosa (1).
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sábado, 13 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


Los autores explican así los resultados de estos experimentos:

Uno puede imaginar al menos tres posibles resultados ex-ante. Primero, tenemos la hipótesis nula de que el entorno no tiene efecto a la hora de adaptar el comportamiento a las distintas condiciones experimentales. Segundo, el elemento estratégico puede servir para exacerbar los errores al actualizar las estimaciones para el jugador más interesado en conocer el estado de la naturaleza, particularmente cuando las bolas extraídas favorecen su estado de la naturaleza preferido. Tercero, esta consideración adicional puede servir para mejorar los errores de actualización del jugador Par en la parte estratégica del experimento, tal vez porque esto le induce a prestar más atención a la tarea o tal vez porque el sesgo de confirmación le ayuda a contrarrestar otros sesgos en la toma de decisiones.

De hecho, encontramos que los jugadores en el papel Par son menos susceptibles de caer en el sesgo de confirmación. Encontramos un grado considerable de conservadurismo (infra-actualización) en ambos jugadores y en ambas condiciones; los individuos raramente actualizan lo suficiente según las extracciones observadas. Los individuos sí estiman alrededor del 50% en el caso sencillo en que se extraen un número igual de bolas blancas o negras. Sin embargo, encontramos que la creencia media está más cerca al 50% que lo que debería según la predicción bayesiana para cualquier otra combinación de extracciones; más aún, los resultados de nuestras regresiones indican que la tendencia a infra-actualizar es mayor para los jugadores Impar que para los Par.

Como es esperable que un individuo que sufre de sesgo de confirmación diera más peso que un bayesiano a una señal confirmatoria, se puede ver esta mejora como una simple consecuencia. Sin embargo, el efecto en la actualización ocurre tanto cuando el estado de la naturaleza preferido (que para los jugadores Par es que se extraigan más bolas blancas) es probable como cuando es improbable. Nuestra manera de entender la situación es que una persona que tiene interés en un estado de la naturaleza particular estará, si acaso, emocionalmente inclinada a dar menos peso a una señal desfavorable que confirme el estado no preferido; en este caso uno esperaría ver un sesgo de disconfirmación, o al menos un menor sesgo de confirmación. Esto sugiere que el efecto puede ser debido a factores tales como el aumento de la atención que se presta al problema de actualización de las probabilidades o el que se presta a la complejidad del entorno.

Un aspecto del experimento es el juego que los individuos juegan tras las actualizaciones. Una especificación alternativa daría directamente un pago a los jugadores. La razón de elegir un juego era forzar a que se preste más atención a los estados de la naturaleza (el tipo de urna). Los juegos son muy simples y, efectivamente, los jugadores juegan las estrategias de equilibrio la mayoría de las veces (alrededor de un 85% los jugadores Impar y un 90% los Par). Para analizar esta característica del diseño experimental, los autores llevan a cabo un experimento con una especificación alternativa, y encuentran que los jugadores Par parecen ser menos conservadores que cuando los estados finales se asocian con juegos. Sin embargo, estos jugadores Par se ven más afectados por el sesgo de confirmación que en la especificación no estratégica. Esto sugiere que las creencias motivadas por el hecho de que los estados finales sean juegos se traduce en menos sesgo de confirmación debido a la mayor atención prestada, mientras que el nivel de conservadurismo puede no variar.

Finalmente, se realizó otro experimento con distintos juegos finales para asegurarse de que no había nada especial con algún juego en particular que afectara el comportamiento de los jugadores. No se encontraron resultados distintos en estos casos.

Los autores concluyen: Tal vez sorprenda que un efecto tan fuerte en el comportamiento resulte de nuestra pequeña manipulación para motivar creencias. La única diferencia en nuestro diseño es que un grupo de jugadores tiene un pago de equilibrio ligeramente superior en un estado de la naturaleza en comparación con el otro, mientras que el otro grupo de jugadores no lo tiene. Aún así, parece que la gente presta más atención cuando les importa cuál es el estado de la naturaleza.

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Hace cinco años en el blog: El benefactor al rescate.
Hace tres años en el blog: Escépticos en el pub. El diseño inteligente ¡Vaya timo!
Y también: Antes de leer "El Capital en el Siglo 21".
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miércoles, 10 de mayo de 2017

Un experimento sobre el sesgo de confirmación (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de abril en Mapping Ignorance.


Esta entrada resume el artículo “Confirmation bias with motivated beliefs”, de Charness y Dave, publicado en Games and Economic Behavior en 2017 [1].

El sesgo de confirmación puede definirse como la tendencia a buscar, interpretar y usar las evidencias de una manera sesgada hacia la confirmación de creencias o hipótesis preexistentes. Esto constituye un error de juicio que limita la capacidad de aprender que tiene el individuo (Rabin y Schrag, 1999 [2]), induce un cambio en las creencias para justificar acciones pasadas (Yariv, 2005 [3]), y puede conducir a un incremento de la polarización de las creencias dentro de una población (Wilson, 2014 [4]). Las implicaciones para situaciones de la vida real son abundantes: un exceso de volatilidad y de inercia a la hora de comprar y vender en la bolsa de valores, la perpetuación de los estereotipos y la falta de acierto en los diagnósticos médicos, entre muchas otras.

Una cuestión importante es, por tanto, qué clase de entornos hace que los individuos integren la nueva información sin caer en el sesgo de confirmación. Para este fin, Charness y Dave llevan a cabo un experimento en el que el aprendizaje racional debería seguir una actualización bayesiana, miden el sesgo de confirmación como la distancia a la actualización bayesiana y comparan las diferentes medidas en distintos escenarios para poder sacar conclusiones.

El experimento es como se indica a continuación:
  • Hay dos urnas, la “más negra” (MN) contiene 7 bolas negras y 3 blancas, mientras que la “más blanca” (MB) tiene 3 negras y 7 blancas.
  • Se elige una urna de manera aleatoria. Si resulta ser la urna MN, los jugadores experimentales juegan el juego MN. Si se elige la urna MB, juegan el juego MB. Ambos son juegos simples. Si los jugadores juegan correctamente, el jugador Impar gana 20 puntos, mientras que el jugador Par gana 25 en el juego MN y 30 en el juego MB. Si un sujeto es Impar o Par se determinará por adelantado, y se comunicará al jugador.
  • Antes de conocer la información sobre qué urna ha sido elegida, se extrae de ella una bola, que se enseña a los jugadores y se vuelve a introducir en la urna. Este proceso se repite seis veces antes de mostrar el contenido de la urna. Después de cada extracción se pide a los jugadores que estimen la probabilidad de que la urna sea MN o MB. Las mejores estimaciones se recompensan con más puntos.
  • Los sujetos experimentales juegan este juego, cada vez con un oponente distinto y anónimo, diez veces.

En este experimento hay unas probabilidades repartidas al 50% cada una de que la urna sea de un tipo o de otro, y hay una única manera correcta de actualizar estas probabilidades tras cada extracción de una bola, siguiendo la fórmula de Bayes. Las desviaciones con respecto a estas actualizaciones ofrecen una medida de un posible sesgo de confirmación. Finalmente, los autores presentan la hipótesis de que, en comparación con los jugadores Par, los jugadores Impar deberían mostrar un sesgo de confirmación mayor, en el sentido de que no usarán la información ofrecida por el color de las bolas extraídas de manera eficiente para corregir su estimación sobre si la urna es MN o MB, y en cambio realizarán actualizaciones más cercanas a las predicciones a priori que las que deberían hacerse. De acuerdo con esta hipótesis, los jugadores Impar no están interesados en el tipo de urna, puesto que sus pagos no dependen de ello. Por el contrario, los pagos de los jugadores Par sí dependen del tipo de urna y tiene un mayor interés en prestar atención a las actualizaciones de las probabilidades.

(Continúa aquí).

Referencias

1. Charness, G, y Chetan, D. 2017. Confirmation bias with motivated beliefs. Games and Economic Behavior 104, 1-23.

2. Rabin, M., y Schrag, J.L. 1999. First impressions matter: a model of confirmatory bias. Quarterly Journal of Economics 114, 37–82.


4. Wilson, A., 2014. Bounded memory and biases in information processing. Econometrica 82:6, 2257–2294.

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Hace tres años en el blog: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (1).
Y también: El modelo de Cournot. Una historia de éxito (2).
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viernes, 28 de abril de 2017

Índices de democracia

En una sesión del Seminario Interdisciplinar que llevamos entre tres profesores (de Filosofía, CC Políticas y Economía) se pidió a los alumnos que opinaran sobre dos índices de democracia, el de la revista The Economist y el de Freedom House. A los alumnos se les había puesto como tarea documentarse sobre ellos y preparar comentarios a las preguntas que se les planteó. Básicamente se les pedía que opinaran sobre lo que mide y cómo lo hace cada uno de los dos índices, que se resume a continuación.

Freedom House:

El índice se confecciona entre 100 analistas externos y externos y casi 30 asesores de la academia, think tanks y comunidades de defensa de los derechos humanos. La puntuación se discute y defiende con documentación sobre la situación en cada país.

Derechos políticos: Proceso electoral, pluralismo político y participación, funcionamiento del gobierno.

Libertades civiles: Libertad de expresión y de conciencia, derechos de asociación, imperio de la ley y autonomía personal y derechos individuales.


The Economist:

Se presentan respuestas a 60 preguntas realizadas por expertos y por encuestas en los países. Las preguntas se dividen en cinco categorías: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionamiento del gobierno, participación política y cultura política. Entre las preguntas hay cuatro preguntas especialmente importantes:

Si las elecciones nacionales son (realmente) libres y justas.
La seguridad (personal) de los votantes.
La influencia de potencias extranjeras en el gobierno.
La capacidad (potencial) de un funcionario civil de implementar políticas.



Siguió un interesante debate, en el que se señalaba, por ejemplo, que el tipo de cuestiones que medía el índice de The Economist indicaba un sesgo ideológico más de derechas que el de Freedom House. A nadie pareció llamarle la atención que, en la práctica ambos índices clasificaran a los países entre más o menos democráticos casi de la misma manera, como se ve en los dos mapas de las figuras. Me he tomado la molestia de mirar los ránkings completos y calcular el índice de correlación entre ellos, que es de 0,95, un valor elevado que indica cómo ambos índices están midiendo más o menos lo mismo.

Otra manera de verlo es que, a falta de examinar la causalidad, la alta correlación sugiere que si uno prefiere las cosas que mide uno de los índices, automáticamente también estará prefiriendo en la práctica las que mide el otro, y viceversa. Y es que a menudo la empiria permite aligerar las discusiones apriorísticas que tanto nos gustan a los seres humanos.

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Hace cinco años en el blog: ¿Existe el problema de la inducción?
Y también: El tercer paso alemán.
Hace tres años en el blog: El ser egoísta.
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viernes, 21 de abril de 2017

Escépticos en el pub: Los límites de la educación

Este mes de abril nuestro Escépticos en el Pub tendrá lugar el sábado 22, pasados los días festivos. En esta recta final de la temporada traemos un tema tan interesante como preocupante: la pseudociencia que se cuela en la educación de niños y jóvenes. Con el título de Los límites de la educación, Sergio Gil Abán, educador social, nos explica que hablará: “de todas las pseudociencias y aseveraciones pseudocientíficas que me he ido encontrando a lo largo de mi desempeño profesional, desde que entré a estudiar Magisterio en el año 2000 hasta la actualidad. Es una visión cronológica de cómo un escéptico va viendo las modas que surgen, se desarrollan y desaparecen a lo largo de los años, mientras uno se sigue preguntando cómo es posible que, entre tanta basura intelectual, seamos capaces de distinguir lo que tiene sentido de lo que no lo tiene y seguir adelante. Y lo más importante: ¿se puede hacer algo para arreglar esto?”


Sergio Gil Abán (@SergioGilAban), nacido en Zaragoza hace 42 años, estudió la diplomatura de Maestro de Educación Primaria en la Universidad de Zaragoza y el grado de Educación Social en la UNED. Lleva 15 años trabajando con jóvenes en riesgo de exclusión social, 13 de ellos en el reformatorio de Zaragoza, como educador. Además, organiza charlas, cursos y ponencias sobre temas educativos y sociales, y organiza y gestiona Escuelas de Familia para las Asociaciones de Padres de Alumnos en colegios de Primaria e institutos de Secundaria en la misma ciudad. Es miembro del Consejo Asesor de ARP-SAPC.

Como siempre, la entrada es libre y gratuita. Durante la realización de esta actividad cultural está permitida la presencia de menores de 18 años, siempre que no consuman bebidas alcohólicas, y de los menores de 16 años si están acompañados por uno de sus padres o tutor. Os esperamos en el Moe Club, en Alberto Alcocer 32 el sábado 22 de abril a las 19:00.

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Hace cinco años en el blog: La legalización de las drogas.
Y también: Suicidio de parados en Italia.
Y también: Argumentos circulares.
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jueves, 13 de abril de 2017

Las mujeres aceptan realizar más tareas no valoradas para promocionar. ¿Por qué? (2)

Esta es la segunda parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance. Debe leerse la primera parte para entender esta.


En el tercer experimento, los autores extienden su diseño para incluir un solicitante que, tras ver las fotografías de los tres miembros del grupo, debe pedir a uno de ellos que realice la inversión, y que recibirá 1$ si nadie invierte y 2$ si algún miembro del grupo invierte. Para este propósito, los sujetos fueron asignados en grupos de cuatro, y se les dijo que uno de ellos sería designado como solicitante, mientras que los otros tres participarían como en el experimento primero, tras escuchar la solicitud. Para recoger el mayor número de datos posibles, a los miembros del grupo se les pidió que escribieran a quién de los otros tres le pedirían que hiciera la inversión en caso de ser elegido como solicitante. Los miembros del grupo podían seguir o no la sugerencia del solicitante, y el sistema de pagos se estableció como en el experimento primero.

En esta ocasión los grupos consiguieron que hubiera una inversión el 93,3% de las veces, sustancialmente más que más que en ausencia de un solicitante. Más aún, las inversiones se realizaron con más rapidez en cada sesión. Recuérdese que los sujetos jugaban en 10 rondas, de manera que la media de solicitudes por participante es también 10. Sin embargo, la media y la mediana del número de solicitudes recibidas por los hombres fue de 8,7 y 9, respectivamente, mientras que para las mujeres fue de 11,1 y 12. La diferencia es estadísticamente significativa y consistente con la hipótesis de que los participantes tienen la creencia de que las mujeres elegirán invertir con una probabilidad más alta que los hombres. En términos de probabilidades, los números se traducen en un 39% de probabilidad de que se solicite invertir a una mujer y un 27% de probabilidad de solicitárselo a un hombre. Las diferencias se confirman cuando los autores controlan por otras características observables. Además, los números no cambian demasiado cuando quien solicita es un hombre o una mujer. Finalmente, los participantes a quienes se les pide invertir, lo hacen el 65,5% de las veces, mientras que aquellos a quienes no se les pide, invierten solo un 14% de las veces. La respuesta a la solicitud varía con el sexo, con una proporción del 51% para los hombres y un 76% para las mujeres.

El cuarto experimento explora el papel de las creencias. Los sujetos experimentales participaron en una versión del experimento uno, pero con solo cinco rondas, en la cual se les pedía que predijeran los resultados del experimento primero. Los resultados de esta versión más corta fueron similares a los del experimento primero. Antes de preguntar por la predicción del comportamiento del otro grupo, se dio la información de las características de sus miembros, incluyendo edad, sexo, años de escolarización, si eran naturales de los EE.UU. o extranjeros, y también su tipo de estudios. Se les pidió que hicieran las predicciones en términos probabilísticos y, dependiendo de lo acertado de la predicción, los participantes ganaban entre 1$ y 2$. El resultado del experimento mostró que, si bien los participantes anticiparon correctamente la dirección de la diferencia por sexos en las inversiones, infraestimaron la magnitud de la diferencia, dando una media de 2,3 puntos porcentuales de diferencia en lugar de la real de 11,2 puntos.

La creencia de que las mujeres invierten más es consistente con el experimento primero, pero no con el segundo. Se realizó un quinto experimento para ver si los individuos son más altruistas hacia alguno de los dos sexos. Los detalles de este último experimento son más complicados, pero los resultados son claros y simples: no hay tales diferencias.

La principal conclusión de esta serie de experimentos es que la brecha entre sexos no se debe a las preferencias particulares, sino a la creencia de que las mujeres se ofrecen voluntarias en mayor medida que los hombres. En particular, estas creencias hacen que las mujeres terminen invirtiendo más, los hombres menos, y ambos sean más propensos a pedir a las mujeres que se presten voluntarias.

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lunes, 10 de abril de 2017

Las mujeres aceptan realizar más tareas no valoradas para promocionar. ¿Por qué? (1)

Esta es la primera parte de la versión en español de mi artículo de marzo en Mapping Ignorance.


Este artículo resume el trabajo de Babcock et al. (2017) [1], publicado recientemente en la American Economic Review.

Entre las diversas razones que intentan explicar la brecha salarial en el mercado de trabajo está el proceso por el cual hombres y mujeres escalan en sus trabajos. Entra las variables que afectan a este avance está el tiempo que las mujeres, en comparación con los hombres, dedican a tareas que benefician a la organización, pero que muy probablemente no afectarán a su evaluación y promoción profesional.

Los estudios de campo sistemáticamente muestran que las mujeres gastan más tiempo en estas tareas. Además, estos estudios también muestran que las mujeres se ofrecen voluntarias más a menudo para realizar estas tareas y se les solicita ser voluntarias con mayor frecuencia que a sus compañeros de trabajo masculinos. Por ejemplo, Porter (2007) [2] encuentra en el National Survey of Postsecondary Faculty (MSOPF) que las mujeres pasan un 15% más de horas en trabajos de comité que los hombres y Polachek (1981) [3], Goldin y Rouse (2000) [4], y Black y Strahan (2001) [5] encuentran que las mujeres mantienen una agenda de tareas en su puesto de trabajo distinta a la de los hombres.

Para entender las razones por las que se trabaja en tareas con poco valor para la promición, Balcock et al. (2017) [1] estudian las diferencias en las respuestas a solicitudes para realizar estas tareas y en la manera en que se ofrecen, así como las posibles causas tras esas diferencias. En la literatura ya existen evidencias de campo en torno a esta cuestión. Por ejemplo, usando los datos de Tannenbaun et al. (2013) [6], Babcock et al. (2017) encuentran que el 7% del profesorado femenino se ofrece voluntario para estar en un comité tras recibir una petición en ese sentido, comparado con un 2,6% del profesorado masculino. La novedad del estudio en Babcock et al. (2017) reside en el enfoque experimental para aislar las variables y obtener una perspectiva más precisa de las relaciones causales. Para ello realizan una serie de cinco experimentos que son variaciones del diseño base que se explica a continuación.

Los sujetos experimentales se asignan aleatoriamente en grupos de tres. Los miembros de un grupo tienen dos minutos para decidir si prestarse voluntarios para realizar una inversión. Si uno de los miembros del grupo realiza la inversión, la ronda termina y la persona que ha realizado la inversión recibe un pago de 1,25$, mientras que los otros dos miembros del grupo reciben 2$. Los sujetos experimentales participan en diez rondas como la descrita y saben que la composición del grupo cambia en cada ronda.

El primer experimento sigue el diseño base. Los resultados muestran que los grupos consiguen que alguno de sus miembros invierta en el 84,2% de los casos, porcentaje que decrece desde el 88,4% en las primeras cinco rondas al 80% en las últimas cinco. El resultado más importante para la hipótesis de trabajo es que los hombres invertían un 23% de las veces, mientras que las mujeres lo hacían un 34,1%.

En el segundo experimento se diseñan las sesiones con grupos de solo hombres o solo mujeres. Si las diferencias por sexo del experimento anterior se debieran a que las mujeres son más conformistas, más altruistas o más aversas al riesgo, esperaríamos encontrar unas tasas de inversión más altas en los grupos donde solo hay mujeres que en los que solo hay hombres. Los resultados de este segundo experimento encuentran que la tasa de inversión es mejor respecto al primero (80,8% vs. 84,2%). Como antes, la tasa decrece con el tiempo. Esta vez, pasa de 90.3% en las primeras cinco rondas a 71,3% en las cinco últimas. Sin embargo, la diferencia más notable es que las mujeres no invierten más que los hombres. La tasa de éxito en los grupos de solo mujeres es del 81% y la de los grupos con solo hombres, del 80%, sin que la ligera diferencia sea estadísticamente significativa. Esto sugiere que son las creencias, y no las preferencias, las que causan la diferencia documentada en el primer experimento.

(Continúa aquí).

Referencias:

1. Babcock, L.; Recalde, M.P.; Vesterlund, L. y Weingart, L. 2017. “Gender Differences in Accepting and Receiving Requests for Tasks with Low Promotability.” American Economic Review 107:3, 714–747.

2. Porter, S.R. 2007. “A Closer Look at Faculty Service: What Affects Participation on Committees?” Journal of Higher Education 78:5, 523–41.

3. Polachek, S.W. 1981. “Occupational Self-Selection: A Human Capital Approach to Gender Differences in Occupational Structure.” Review of Economics and Statistics 63:1, 60–69.

4. Goldin, C., y Rouse C. 2000. “Orchestrating Impartiality: The Impact of ‘Blind’ Auditions on Female Musicians.” American Economic Review 90:4, 715–41.

5. Black, S.E., y Strahan P.E. 2001. “The Division of Spoils: Rent-Sharing and Discrimination in a Regulated Industry.” American Economic Review 91:4, 814–31.

6. Tannenbaum, D.; Fox, C.; Goldstein N., y Doctor, J. 2013. “Partitioning Option Menus to Nudge Single-Item Choice.” Paper presented at the Society for Judgement and Decision, Annual Conference, November.

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